BREVES APUNTES SOBRE ERMITAS TRUJILLANAS



El impulso religioso de los trujillanos levantó en el pasado una serie de ermitas a la devoción de distintas advocaciones, pero las circunstancias históricas y la evolución urbanística han determinado su desaparición. Aunque sólo en algún caso queden restos de las mismas, aún hay algunos testimonios de ellas que quedan en la toponimia -la de San Juan (construida entre los años 1572 y 1574 y fue destruida a principios del siglo XIX)-, en las imágenes que veneraban -algunas recogidas en otros templos-, en los testimonios literarios- el Humilladero-, en algunos restos materiales -Guadalupejo y Santa Ana-, etcétera.
La única que existe hoy abierta al culto es la ermita de San Lázaro. Construida a finales del siglo XV, como denotan el apuntamiento de arcos y, sobre todo, los motivos de bezantes o bolas que decoran las columnas del pórtico y el arco del presbiterio. Sin embargo, fue objeto de numerosas reformas, especialmente en la cubierta y en el solado con el paso de los tiempos. Su fundación en el lugar alejado de la población se relaciona con el funcionamiento de un lazareto destinado a albergar a los transeúntes procedentes de lugares afectados por tal enfermedad. Para su asistencia existió una Cofradía del Señor San Lázaro - a cuyo título se añade más tarde "y de San Blas" -, de la que fue principal patrono la familia de Paredes y Tapia. Padeció notablemente las guerras decimonónicas.
Es un edificio de mampostería, que tras un pequeño pórtico tiene una nave a la que se añade la cabecera ochavada, menos ancha. Su acceso está a los pies, con puerta de arco conopial sobre sencillas impostas, precedida de un pórtico con arco de medio punto rebajado, al que flanquean columnilla ilustradas con bolas. Sobre la clave del arco está un blasón con las armas de los Tapia-Paredes, con yelmo y lambrequines. La nave es de tres tramos, marcados por arcos diafragma ligeramente apuntados que arrancan a baja altura del muro; y cubierta con bóveda de cañón con lunetos con dos tramos ruto de mejoras practicadas en el siglo XVII. La cabecera se inicia con arco triunfal de medio punto sobre pilastras ilustradas con bolas góticas; se forma con un fondo ochavado precedido por tramo recto, cubiertos éste como la nave y aquél con bóveda de tres paños, fruto también de la reforma indicada.

En lo relativo a bienes muebles, en la nave tiene una lámpara de hierro forjado de 1944, procedente de los talleres de Villanueva de la Serena, decorada con motivos geométricos y vegetales. En el ábside hay un discreto altar con columnas de tipo clásico, realizado en l927 por Agustín Sánchez Montero para alojar al Cristo de la Salud, imagen que es objeto de gran devoción, hasta el punto de ser sacada en rogativas ante las sequías, como se decidió el 1 de marzo de 1770. Otras dos imágenes, populares, representan a San Lázaro y a Nuestras Señora del Buen Fin -ésta de vestir-.
Entre las ermitas de las que no queda ningún resto material cabe recordar la ermita de la Virgen de la Piedad, levantada en torno al año 15OO, cuya imagen titular -ya de época barroca, de vestir- se encuentra hoy depositada en una casa particular, tras haber estado en la de Jesús. Se levantaba junto a las actuales carreteras de Logrosán y Madrid; fue destruida en 1809 con motivo de la invasión francesa.
También entonces fue arrasada la ermita de los Santos Mártires, dedicada a San Fabián y San Sebastián, la cual había sido erigida por las mismas fechas de la anterior, en el Campo de San Juan.
De otras apenas quedan simples restos. La ermita de la Virgen de Guadalupe, también conocida como Guadalupejo, se levantó junto al convento de descalzas de San Antonio. La ermita de Santa Ana fue erigida, cerca del Humilladero, a raíz del legado que a fines del 1731 hizo el obispo de Plasencia Francisco Lasso de la Vega, por lo que dispuso el escudo del prelado en el dintel de su portada. La ermita de Ntra. Sra. del Oreto se alzó al norte del castillo, cerca de la parroquia de Santo Domingo, quedan los muros maestros y algunos restos de pintura al fresco. La de San Pablo fue edificada dentro del castillo, no olvidemos que la ciudad fue reconquistada por los cristianos en el día de la festividad de San Pablo.
A varios Kilómetros de la población, en el término de Trujillo quedan escasos restos de la ermita de Nuestra Señora de la Coronada. Fue construida en la segunda mitad del siglo XIII, por la Orden del Temple como parte de un conventual. A raíz de la desamortización se perdió el culto, trasladándose la imagen titular a la iglesia de Santiago, en la actualidad se encuentra en el muro del Evangelio de la parroquia de San Martín. La ermita tenía una nave ancha, de cinco tramos separados por arcos diafragma, que sostenían una techumbre de madera, de la que solo queda parte de los muros y el arranque de los soportes de arquerías. La cabecera es de un solo ábside, ligeramente más estrecho que la nave, de planta semicircular, cubierto con bóveda de cinco paños de esfera, sostenidos por seis nervios que se apoyan en ménsulas unidas en una clave donde figura una M (abreviatura de María). La puerta del hastial- cuya cantería sirve de chimenea en una finca cercana es de medio punto, con decoración de motivos florales, y tiene en el intradós de su salmer izquierdo la inscripción en que se indica la fecha y el autor: MAESTRE GIL\ DE CUELLAR M \ E FECUT ERA \ DE MIL E CC\C ANNOS DOZE. Este maestro Gil de Cuellar, autor de esta obra en el año 1274 de la era cristiana, intervino activamente en obras en Plasencia como en la Sala Capitular de la Catedral de Plasencia.


Subpáginas (1): Jose Antonio Ramos
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