COMO VIO CERVANTES EL MONASTERIO DE GUADALUPE


Hace siglos cuando Guadalupe arbitraba en España y España era arbitro del mundo, las gracias y milagros de Guadalupe hacían de sus aledaños lugar de encuentro de caravanas de todo orbe civilizado. Cervantes, príncipe de Letras, condestable mayor del Parnaso español y creyente de pura cepa, fue testigo de este peregrinar incesante afluente a Guadalupe. Lo recoge en una de sus páginas y la verdad, la visión y el juicio nos sirven para hoy, para este caminar de gentes hispanas y almas occidentales en tensión de fe y de ideal, hacia la Madre de Dios.
Cervantes describe así el lugar de peregrinos a Guadalupe:
“Apenas hubieron puesto los pies los devotos peregrinos en una de las dos entradas que dan al valle que forman y cierran las altísimas sierras de Guadalupe, cuando cada paso que daban latían en sus corazones nuevas ocasiones de admirarse; pero allí llegó la admiración a su punto cuando vieron el grande y suntuoso Monasterio cuyas murallas encierran la santísima imagen que es libertad de cautivos lima de hierro y alivio de sus prisiones. La santísima Imagen que es salud de los enfermos, consuelo de los afligidos, madre de los huérfanos y reparo de las desgracias.

Entraron en el templo y donde pensaran hallar por sus paredes, pendientes por adornos las púrpuras de Tiro, los damascos de siria y los brocados de Milán, hallaron en lugar suyo muletas que dejaron los cojos, ojos de cera que dejaron los ciegos, brazos que colgaron los mancos, mortajas que se desnudaron los muertos, todos después de haber caído en el suelo de la miseria; ya vivos, ya sanos, ya libres, ya contentos, merced a la larga misericordia de la Madre de las Misericordias que en aquel pequeño lugar hace campear a su benditísimo Hijo con el escuadrón de sus infinitas misericordias.”
Hoy también hay muchedumbres de peregrinos en las Villuercas porque es fiesta mayor para la Virgen de Guadalupe y tocan a gloria en el alma de la vieja Extremadu
ra.

José Antonio Ramos Rubio
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