DESARROLLO CONSTRUCTIVO Y CARACTERÍSTICAS ARQUITECTÓNICAS DEL CASTILLO DE TRUJILLO


El castillo de Trujillo fue construido por los árabes en la segunda mitad del siglo IX, en la zona más elevada del cerro rocoso denominado “Cabezo de Zorro”, siguiendo una tipología esquemática arquitectónica de las fortalezas andaluzas del período emiral. Desde sus murallas se domina toda la llanura de la tierra trujillana. Es un recinto hermético, rodeado por la cerca de murallas en un perímetro de 900 metros y el hecho de estar situado en lo más elevado de un terreno escarpado, lo hace inaccesible al ataque. Es un castillo hermético sin ventanas y con escasas saeteras.
Está en relación íntima con la Alcazaba (conocida como Conventual) de Mérida, la fortificación islámica más antigua fechada en España (835 d. C.), período caracterizado por los continuos enfrentamientos entre árabes y cristianos, y la inestabilidad interna por el acceso al poder entre árabes, bereberes y muladíes.

El castillo fue construido con aparejo de sillares reaprovechados de construcciones romanas, alternando en sus muros y en sus ocho torres macizas la mampostería. Esta reutilización de sillares romanos es fundamental para establecer la cimentación a cota militar, dispuestos en hiladas calzadas de trozos de ladrillos y de lajas fragmentadas de pizarra. Modo de construcción típico en otras alcazabas de la misma época en Mérida, Gormaz y Agreda en España; y el de Qasr Harani en Palestina. De hecho aún se conservan inscripciones romanas embutidas en la pared formando parte del paramento. Tal es el caso de un cipo de granito con la transcripción: M(arcus) L(ucius) CATVL(us); traducido: “Marco Lucio Catulo…”; o el cipo sepulcral de granito que presenta la transcripción: CA(ecili VS IA / CRVSTENI F(ilius) / SEVERUS / AN(forum) XXV. H(ic) S(itus) E(st) / FRATRES/ F(aciendum) C(uraverunt); traducción: “Caecilio Severo, hijo de Iacrusteno, de 25 años, aquí yace. Sus hermanos procuraron hacerlo”. También se han localizado en el castillo varias monedas correspondientes a los períodos emiral y califal, que se encuentran depositadas en el Museo Arqueológico Provincial de Cáceres.
Con motivo de las medidas llevadas a cabo en el Plan de Dinamización Turística de la Ciudad entre los años 1999 y 2001, uno de los proyectos consistió en colocar varias inscripciones romanas, cristianas y árabes que habían sido recuperadas por don José Antonio Redondo, y colocadas en dicho lugar idóneo para su conservación y para que el público pudiera contemplarlas. El abundante número de inscripciones no se corresponde con noticias concretas sobre el contexto arqueológico del que proceden; es más, ningún hallazgo de inscripciones en Trujillo, salvo las tres árabes, cinco romanas y algunas cristianas, proceden del propio castillo, ni son producto de excavaciones sistemáticas. Muchas de las estelas, aras y bloques en que están grabadas fueron utilizadas como material de construcción en la muralla medieval y en el castillo, por lo que existen parcas noticias de su procedencia originaria o del contexto en que se hallaron. Algunas de las inscripciones recuperadas en el Patio de Armas están legibles a simple vista, otras realizando calcos con una lámina de aluminio ionizado, y otras están ilegibles.
El castillo consta de dos partes: el Patio de Armas y la Albacar. La planta del castillo se nos ofrece así con dos grandes recintos geométricos adyacentes. Uno es el Patio de Armas, que se inscribe en un cuadrángulo levemente irregular de 52 m. S. x 56,80 E. x 56 N. x 56,20 W., y el otro, conocido como Albacar, forma en planta un hexágono de 92 x 90,40 m. El acceso al primer recinto se realiza por una puerta que se abre en arco de herradura al mediodía, defendida por dos torres albarranas, esta puerta fue reformada en el siglo XVI, cuando el Concejo ordenó el 21 de abril de 1531 que entre las torres de la fortaleza se construyera una bóveda para colocar una imagen de granito que representara la Virgen de la Victoria. En el año 1952 el arquitecto restaurador D. José González Valcárcel, hizo un suplemento hacia el N. con el fin de levantar un cuerpo de edificación para construir un camarín a la Virgen. Por tanto, el lado N. de la puerta que actualmente se ve es falso y reciente, debiendo aceptarse sólo como auténtico el existente en el exterior, descubierto al retirar el antiguo camarín de la Virgen que se encontraba entre los dos cubos y detrás de la barbacana cristiana, destruida también al abrirse de nuevo la puerta.
Con respecto a esta debemos hacer notar que en lo referente a su disposición los paralelos orientales son claros, como ocurre en Qasr Haraneh, Qasr al-Tuba Hirbat al mafyar y Qasr al-Hayr Al-Garbi paralelos que no se reducen a la puerta sino que atañen también al esquema de la planta de este primer recinto y otros aspectos.
La puerta principal del albacar tiene de ancho entre las dos torres 3,75 m. y de luz 3,40 m. El radio del arco es de l,70 m. El tipo parece arcaizante ya que la entrada es clarísimamente mas simple aun que la del recinto principal similar en planta a las de Agreda y del castillo aun inédito de primera época de Osma. Fue localizada una inscripción árabe en este lugar, fechada en 1018. Es de notar que las impostas han sido rozadas haciendo el efecto de un arco de medio punto. Junto a esta puerta se construyó en la segunda mitad del siglo XVI un baluarte defensivo con amplias troneras con motivo de las guerras con Portugal. La otra puerta se vio destruida y reformada en el siglo XVI. Está al lado de la anterior, y no se la puede considerar como una poterna.
En el rincón N.E. del Patio de Armas se encuentran dos aljibes, sobreelevados respecto al suelo actual. Los aljibes son de clara raigambre islámica cuya cronología puede situarse entre los siglos XI y XII. Uno de ellos tiene planta regular y es geminado, con las claraboyas superiores como único modo de acceso. Está cubierto por bóveda de medio cañón y es iluminado por tres linternas, comunicándose de un lado al otro por dos arcos de medio punto apoyados en una columna. La longitud es de 9 m. y la anchura de cada nave es de 2,40 y 2,20m. La obra es de ladrillo y piedra. Las claraboyas carecen de derrame interior o exterior. El otro aljibe es de planta irregular, aprovechando el espacio que hay entre el exterior del aljibe citado y los muros N. y W. del interior del recinto principal. Tiene escalera de acceso desde el exterior, que da a un andén. Está dividido en ocho cámaras distribuidas en forma de "L", siendo las dos últimas de planta cuadrangular irregular. Cada uno de los compartimentos se comunica con el otro mediante un arco de medio punto de 2,10 m. de altura, con estribos para reforzar las paredes contra el empuje del agua. La longitud total del brazo más largo de este aljibe es de 12,50 m. y la del más corto es 11,50 m. de medida desde el quiebro. Las dimensiones del segundo aljibe son de 3,05 y 5,25 m. y las del tercer cuerpo son de 2,80 y 4,50 m. El último, separado por una nervadura en bóveda, tiene 6 m. de longitud y 2 m. de anchura en la nervadura.
Por el lado de levante está el Albacar, que prolonga el conjunto macizo del castillo en forma de planta de hexágono irregular, por las características constructivas este espacio se adosó veinte años después al Patio de Armas. En su interior se encuentra una pequeña ermita del siglo XVI dedicada a San Pablo para conmemorar el día que se reconquistó Trujillo, el 25 de enero de 1232, día de la conversión del santo. Junto a la ermita hay un pozo con brocal de piedra, para suministrar agua a los animales. La palabra “albacar” o “albacara” (del ár. Al-baqqara, la vaquería) define a un recinto murado en la parte exterior de una fortaleza, con entrada en la plaza y salida al campo, y en el cual se solía guardar ganado vacuno. Este edificio castrense se utilizó para albergue de la guarnición y se dedicó a los distintos servicios de mantenimiento de la tropa y almacén, por eso no existen dependencias, pues se realizarían con materiales más perecederos que la piedra. La Albacara está rodeada, en parte, por una barbacana de época cristiana. La inestabilidad del imperio almohade junto a la cercanía y belicosidad de los reinos norteños, justifican las reformas y mejoras de las defensas del castillo, así como la construcción del Albacar.
Una de las características del castillo de Trujillo es la existencia de albarranas. De ellas nos interesan en este momento las que protegen el flanco S. de los lienzos del castillo y del albacar en las vulnerables zonas de las puertas, lo cual explica su disposición aparentemente poco centrada y simétrica. En el momento actual estas albarranas no están comunicadas con los lienzos superiores de las murallas del castillo. Sin embargo el examen minucioso de las crestas de las torres del castillo y de las albarranas que están enfrente de las mismas permita ver que ha habido desprendimientos de las mismas, habiendo sido reconstruida la obra de fábrica. A este respecto, y a efectos de estudiar la relación entre albarrana y cubos hemos hecho unos alzados a 1,10 de las zonas que nos interesaban. Se puede apreciar en las mismas cómo hay una zona de derrumbe que coincide en uno y otro lado del vano. Si estudiamos un paralelo muy acto anteriormente citado como el Conventual de Mérida podemos ver como las albarranas de dicha fortificación están unidas al lienzo por un arco perfectamente engarzado a ambos lados. En Trujillo el proceso original de relación debió ser similar si observamos, las irregularidades del aparejo a lado y lado en los despliegues presentamos podrá verse que se corresponde a la zona donde debió ir engarzado a lado y lado un arco que permitiera unir los dos puntos creemos debido al efecto señalado que cronológicamente los cubos y las albarrana son sincrónicos, pudiendo mellar una escasa diferencia a unos cuantos años entre la construcción de uno y otro.


En la zona superior del muro almenado que comunica el Patio de Armas con el Albacar se levantó una espadaña, procedente de la destruida ermita de Santa Ana; y la campana la regalaron los obreros (por suscripción) que trabajaron en 1952 en las obras de la nueva ermita de la Virgen de la Victoria.
Realmente las fuentes árabes existentes sobre Trujillo son importantes como hemos estudiado en capítulos anteriores. Sabemos que en el 881 hay una incursión de Alfonso III contra los Nafza, que ocupaban la zona, que en el 317 Héjira/929-30 d. C. se nombra gobernador militar de Trujillo a Ahmad Ibn Sakan. Ibn Jaldun la cita al igual que Al Idrisi y al Himyari y entre las crónicas cristianas que lo citan está la Primera Crónica General de Alfonso el Sabio y los Anales Toledanos II, que citan su Reconquista en 1232. Estos datos históricos avalan una fecha de construcción del castillo en la segunda mitad del siglo IX, posterior al modelo emeritense. Las torres albarranas son posteriores, estuvieron unidas con los cubos del castillo mediante arcos de los cuales quedan hoy restos del lugar de sus enjarjes que se corresponden de lado a lado, y que son exactos a los existentes en la Alcazaba de Mérida, no solo en obra sino también en similitud de dimensiones y de aparejo a base de grandes sillares romanos, reutilizados, fundamentalmente para establecer la cimentación a cota militar, dispuestos en hiladas calzadas de trozos de ladrillos y de lajas fragmentadas de pizarra.
La altura de los cajones de obra es de 50 cm, con leves oscilaciones, medidas que es en principio básicas para modular las dimensiones básicas del castillo y del Albacar. Paralelos de este tipo de aparejo tenemos los de Mérida, Gormaz y Agreda en España, y el de Qasr Harani en Palestina.
La fortaleza estuvo bajo la autoridad militar del Alcaide que representaba la máxima autoridad de la ciudad tanto de la defensa de la misma como de su término.
Este recinto fortificado es muy visitado diariamente, aquí se venera la imagen de Ntra. Sra. de la Victoria, Patrona de la Ciudad. El concejo acordó desde 1531 que la imagen que en dicho año ejecutara el cantero Diego Durán, se colocase entre las dos torres del castillo, cumpliendo así con la venerable leyenda según la cual la Virgen se apareció con el Niño en sus brazos entre dos torres de la muralla, gracias a ella se reconquistó la ciudadela. Así se representa en el escudo de la Ciudad. En la ermita de la Virgen, la Hermandad de la Virgen de la Victoria con motivo de la celebración de sus Bodas de Oro, colocó un mosaico de azulejos relatando este acontecimiento histórico tan importante para Trujillo.
El Ayuntamiento desde el año 1983 comenzó a realizar obras de acondicionamiento y facilitar el acceso al castillo, y obras públicas de remodelación en calles, paseos, parques y jardines, poniendo en marcha la redacción del Plan de Normas Subsidiarias en conexión con el Plan de Rehabilitación social de la zona monumental.
Hasta el siglo XVI se mantuvo la estructura del recinto, sufriendo algunas reformas y añadidos en aquella época. En 1755 se intentaron realizar obras de mejora y adecentamiento en la capilla de la Virgen de la Victoria para que “redunde en el mayor y más honroso adorno” en acción de gracias ante el terremoto registrado en dicha fecha. Tras el deterioro padecido a causa de los conflictos bélicos del siglo XIX, el castillo pasó a manos de particulares. Se han llevado a cabo trabajos de restauración de la capilla de la Virgen de la Victoria en el castillo. A través de los siglos, la antigua capilla había sufrido diversas restauraciones –1912, 1951-1952- desde que en el siglo XVI se construyese la original.
En el año 1912, se restaura la capilla de la Virgen de la Victoria en el castillo, obra costeada por el Excmo. Sr. D. Jacinto Orellana y Avecia, Marqués de Albayda, y se la quita el dorado y policromado a la imagen granítica de la Patrona. El estudio y dirección las obras de la nueva capilla o camarín corrió a cargo del arquitecto municipal D. José López Munera. Este propuso la ampliación del camarín mediante una bóveda de rosca, sirviéndola de arranques y estribos los muros salientes, cerrando toda esta ampliación con encristalada armadura de hierro en rebajado arco gótico o almendrado. Como complemento y para mejor acceso a la capilla, dado lo difícil que era la subida por la escalera de caracol se construyó una ancha escalera de poca rampa, con balaustrada de hierro.


Declarado “Monumento Histórico-Artístico” a principios del siglo XX, el Ayuntamiento lo adquiere en el año 1929. En el año 1952 el arquitecto restaurador don José González Valcárcel ejecutó un suplemento hacia el norte sobre la entrada principal con el fin de levantar un cuerpo de edificación para situar el camarín de la Virgen. La zona principal del recinto, por donde tiene lugar el acceso principal es en su mayoría falsa y reciente. En los últimos años se ha instalado un sistema de alarma conectado con las fuerzas del orden público y un cristal blindado, una reja de forja sobre las tres ventanas que existen en la fachada interior del Patio de Armas. También se ha colocado una mesa exenta en el interior para facilitar la celebración de misas y otros actos religiosos.
En la actualidad, además de colocar la iluminación artística del Castillo se está restaurando y consolidando la muralla de la Albacara. Se celebran en el Patio de Armas desde el año 2004 el Festival de Teatro “Mágicas Noches del Castillo” que durante estos años ha tenido un gran éxito. La primera obra puesta en escena por la Compañía de Teatro Jacinto Benavente fue “Los árboles mueren de pie”, de Alejandro Casona. También, en dicho recinto, se solemnizan los “Festivales de Música y Danza de Trujillo” con motivo de las Fiestas Patronales en el mes de septiembre.
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