EL OBISPO FRAY FRANCISCO LASO DE LA VEGA Y CORDOBA



El Obispo Fray Laso de la Vega y Córdoba nació a finales del siglo XVII. Tomó los hábitos dominicos en el Convento de San Pablo de Sevilla, en los últimos meses del año 1715 fue nombrado Prior del Convento de Guadix, cuando ascendió al obispado de Ceuta. A él se debe la reconstrucción del Palacio Episcopal. Vivió en Ceuta al tiempo que se habían producido una serie de acontecimientos importantes. Hacía 21 años que el Muley Ismail había cercado la plaza, provocando el aumento de la guarnición y la remodelación de las fortificaciones del Frente de Tierra. El asedio fue levantado únicamente tras su muerte. Durante el cerco tiene lugar en España la Guerra de Sucesión, acontecimiento que redujo la atención sobre Ceuta. La pérdida de Gibraltar hizo que la población se quedara sin su más cercano puesto de socorro, produciéndose una refundación de Algeciras, con lo cual no sólo se lograba dar solución al problema surgido tras la expulsión de los habitantes del Peñón, sino también promocionar un nuevo punto de apoyo a la guarnición del otro lado del Estrecho.
Tras su pontificado en Ceuta (1716-1721), fue nombrado Obispo de Plasencia el 4 de agosto de 1721, teniendo una particular predilección por la ciudad extremeña de Trujillo, donde volcó su caridad y su atención episcopal y allí otorgó su testamento en julio de 1738, poco antes de morir el 14 de julio de 1738. Su partida de defunción se encuentra en el Archivo Parroquial de San Martín de Trujillo y dice así literalmente: “En catorze de jullio de mill setecientos y treinta y ocho murió en esta ziudad el Illmo. Señor don Fray Francisco Laso de la Vega y Cordoba, obispo de Plasencia”. En la capital de la Diócesis ordenó constituciones y ordenanzas por las que se había de regir el Hospital del Abad de Santander don Nuño Pérez de Monroy, pero aún estas ordenanzas están promulgadas en Trujillo en las casas de su habitación mientras andaba de visita pastoral el 24 de junio de 1726. Ofrezco el epitafio del prelado del Convento de San Pablo de Sevilla, que no es su epitafio en sí sino la versión castellana del mismo: “D.O.M.S. Aquí yace nuestro amado hermano el Sr. D. Fr. Francisco Laso de la Vega y Córdoba, hijo ilustre de la religión Guzmana, de quien esta casa se gloría ser madre. Obispo de Ceuta y de Plasencia, el cual dando cuanto tenía a los templos y menesterosos, quedó pobre; y finalmente quiso posar en este lugar a la vista de la imagen de la Virgen nuestra Señora, suyo altar había erigido, mandando que en cualquier parte donde le cogiese la muerte, fuesen trasladados sus huesos a esta casa y sitio. Por lo que esta pobre comunidad, agradecida al hijo que la enriqueció, aún no queriendo él, le consagró este monumento; así que la gloria, la fama y el honor unidos, llevara su memoria hasta los cielos quedando en la tierra mas que sombra y polvo. Murió el día 14 del mes de julio del año del Señor de 1738”.
Fue un verdadero mecenas, muy preocupado por la cultura de su tiempo y por la conservación del patrimonio. Al arrabal de Trujillo, que se llamaba Papalvas, consiguió que se le cam­biara el nombre por el que hoy lleva de Belén, por su devoción a la Stma. Virgen de dicha advocación. Contribuyó para que se terminara la pequeña iglesia parroquial que el pueblo estaba levantando.


A él se debe la construcción de la Ermita de Santa Ana en Trujillo. A la vera de la Cañada Real de Sevilla, y en pleno berrocal trujillano se yerguen impertérritos, desafiantes al tiempo, los maltratados muros de la ermita de Santa Ana, edificada en 1732 por el obispo de Plasencia D. Fray Francisco Laso de la Vega y Córdoba. Por tanto, fue levantada y dotada por voluntad y a expensas del Obispo de Plasencia, Don Fray Francisco Lasso de la Vega y Córdoba en 1731. El documento que lo asevera está en el Libro Capitular del año 1731, que dice literalmente: Al margen: Licencia para la fábrica de la Ermita de Santa Ana: “El Señor D. Antonio de Orellana Tapia dio cuenta a esta ciudad de que el Ilmo. Sr. Don Fray Francisco Lasso de la Vega y Córdoba, Obispo de Plasencia, del Consejo de S.M. desea hacer la fábrica de una Ermita a devoción de Señora Santa Ana en el berrocal de esta Ciudad, inmediata de Humilladero, oído por esta Ciudad, y por lo que desea complacer a su Ilma. dio comisión amplia al dicho Sr. Don Antonio para que reconozca el sitio y señale el terreno necesario para dicha fábrica de la Ermita, Sacristía y Oficinas para el Santero, como para algún corral para más extensión y beneficio de él, y que con copia de este acuerdo y señalamiento que hiciera dicho Señor se tenga por bastante título para lo referido”.


En el Protocolo de Pedro de Rodas Serrano, fechado el 3 agosto 1732, consta la dotación que tan meritísimo Obispo Placentino hizo a favor de esta Ermita con las palabras siguientes: "Por cuanto a sus expensas se ha fabricado cerca del Humilladero de esta Ciudad la Capilla e Iglesia de Señora Santa Ana de que con todo lo a ella anexo y perteneciente, tiene hecha su Ilma. donación a la ilustre y esclarecida Congregación de Sacerdotes y Ordenados in sacristía que ha fundado y de que su Ilma. es actual Prior y porque desea el mayor esplendor, aumento y conservación de ella por lo que cede en el mayor culto de Señora Santa Ana. honra y gloria de Dios Nuestro Señor ha tratado con su prior y demás oficiales de dicha venerable Consagrable dotar dicha Capilla de dos mil ducados de vellón que su Ilma, ha de entregar de pronto para que se conviertan en comprar ciertas fanegadas de tierras de pan de llevar que están en término de lugar de Don Benito, jurisdicción de la villa de Medellín, de este obispado que quedaron por muerte de Don Juan y Don Francisco García Cabezas y se hayan casadas veinte y un mil ochocientos y tantos reales, las cuales se han mandado vender judicialmente , para fenecer la obra de la iglesia parroquial de dicho lugar... que en cada año se compren seis arrobas de aceite para la lámpara de la ermita a no ser que de limosnas se supiera este servicio, descontándose de los bienes fundacionales lo que con los donativos se consigan . Manda que anualmente se compre una arroba de cera. Ordena que de renta se tome perpetuamente cada año 120 reales vellón para las limosnas de 3 misas cantadas , las que se habían de decir los días de San José, Santa Ana y el domingo festividad del Santísimo Rosario, las tres se celebraría con diáconos y subdiáconos y cantaría un sochantre. Asistirían l2 sacerdotes hermanos, a cada uno de los 12 se les daría de limosnas dos reales, cinco al que diga la misa y tres al diácono y subdiácono , tres al sochantre y uno a cada acólito”.


Cubiertos estos gastos, los sobrantes de la renta se aplicaría a la fábrica de la iglesia. De fina y airosa traza neoclásica es la ermita de Santa Ana. Su planta es de cruz latina con gallarda rotonda y bovedaje sobre un arco toral sobre talladas pilastras incrustadas en los muros de mampostería que recorre el recio encaje de una imposta de piedra berroqueña. En el lienzo central del Altar se conserva una hornacina. A los lados del presbiterio están dos recoletos compartimentos que debieron servir para guardar ornamentos y para menesteres de culto. Algunos trozos del piso parecen indicar que aquel fue en su totalidad una cerámica local, recia y bien trabajada. Una graciosa espadaña de tres piezas de finos granito se alzaba en la fachada que mira al Campo de San Juan. Su campana fue trasladada a Santa María la Mayor. El pueblo la llamaba la Santa Ana.
Sobre el dintel de su típica portada bajo las insignias episcopales está el Escudo de Armas del Obispo Laso de la Vega.
Terminadas las obras el prelado Laso de la Vega se ocupó de otros asuntos. Es un acta del Consejo que fielmente copiado dice; "Licencia a su Ilma. Para fabricar una casa junto a la Ermita de Señora Santa Ana : Que por cuanto esta ciudad se haya noticiosa de que el Ilmo. y Reverendíssimo Señor don Fray Francisco Lasso de la Vega o Cordoba. obispo de Plasencia del Consejo de S.M, en continuación de su fervoroso celo y devoción a Señora Santa Ana cuya Ermita y Capilla ha hecho fabricar su Ilma. a sus expresas en el berrocal de esta Ciudad, inmediata al Humilladero, desea fabricar también cerca de dicha Capilla una casa más para extensión de los vecinos y personas que concurren visitar la Santa Imagen y tener sus novenas y cumplimientos de promesas. Y porque el ánimo de esta Ciudad y todos sus vecinos desde cede en beneficio de esta Ciudad y todos sus vecinos , desde luego concede licencia y facultad amplia y sin ninguna limitación a su Ilma para que mande hacer y fabricar la dicha casa con todas las oficinas, corral y cercado de terreno, y en la conformidad que dicho Ilmo. Sr. tuviere por conveniente y fuere su voluntad mediante no ser de perjuicio alguno y por la grande extensión de dicho berrocal. Y acordó se saque testimonio de este acuerdo y en nombre de esta Ciudad le pase el presente escribano de su Ayuntamiento a manos de su Ilma. Y con él sirva de título y pertenencia a dicha casa y de todo lo a ella anejo y que su Ilma. Mande edificar como va expresado. Licenciado Don Bernardo de Losada. Ante nos Pedro de Rodas”.
En un Libro de Cuentas de Fábrica (1772-1817 ) custodiado en el Archivo parroquial de Santa María la Mayor, y al folio 21 aparece inscrito su “Imbemtario de Alajas y ornamentos”, realizado para la Santa Visita de 1772, el cual publico para mayor acrecentamiento de nuestro conocimiento de esta querida ermita en apéndice documental. Todavía, en los sólidos muros de la Ermita (que casi destruyeron los franceses) puede contemplarse el escudo de este Prelado pregonando su mecenazgo. Frente a la misma construyó el Obispo citado un Pósito como granero para necesidades de los pobres en años de escasa cosecha.
También, a sus expensas se terminó la iglesia de la Encarnación, perfeccionándola y aumentándola, y asimismo había fundado una dotación para reparos de la citada iglesia, decencia y aseo de los ornamentos de la sacristía. Además, según consta en el testamento, se construyeron a su costa la obra de los tres lienzos del claustro, sacristía y librería, los que ya se hallaban en buen estado. Podemos destacar de la primitiva fábrica los muros maestros que hay en la fachada principal de sillería, reforzados a tramos por enormes contrafuertes, la torre es rectangular corrida de balaustrada ciega. La puerta de la sacristía y la que da acceso al patio son amplias y de buena factura. Pero la que merece mejor atención es la de la calle que es un hermoso arco de medio punto con dovelas radiadas. Sobre un doble friso lleva las siguientes inscripciones latinas: “A dominio factum est istud-salvum fac populum tuum, domine et benedic hereditati tuae”. Que en castellano quiere decir: “Esto lo ha hecho el Señor. Señor salva a tu pueblo y bendice tu heredad”. Los motivos religiosos que simbolizan la Anunciación y Encarnación del Verbo Divino, se representan en altos relieves en los laterales de la puerta, por la Stma. Virgen y el Arcángel San Gabriel y en el centro por el jarrón de azucenas todos esculpidos en altos relieves en granito. En el paramento se abren tres ventanas rectangulares, coronada la central con un ligero frontón triangular, los vértices de su tímpano se adornan con flameros. Más arriba está un escudo y sobre los bastiones que enmarca la fachada se alzan acroteras de tipo herreriano.
En el año de 1738, quiso recibir tierra en este templo el obispo de Plasencia don fray Francisco Lasso de la Vega, en un sepulcro que a sus expensas se construyo junto a las gradas del altar, y sus restos fueron trasladados varios años después al convento de San Pablo de Sevilla, donde había tomado los hábitos. El edificio ha sido utilizado para varios usos: colegio preparatorio militar (1888) y luego sede de instituciones docentes, en la actualidad Colegio de “María Paz Orellana”.

Podemos destacar entre los blasones que aún existen en el edificio. En los lienzos del claustro, uno de la ciudad de Trujillo (señal de su mecenazgo) y otro de los dominicos, orden a la que perteneció Fr. Laso de la Vega
En la cúpula, en la zona inferior que linda con el presbiterio, un blasón policromado con las armas de don fray Francisco Laso de la Vega y Córdoba, obispo de Plasencia desde 1721 a 1738. Trae un campo partido 1º VEGA-en frange, 1º y 4º de sinople banda de gules perfilada de oro, 2º y 3º, de oro, AVE MARIA, de sable, 2º LASO -cuartelado en cruz- y 1º y 4º, escacado de plata y de sable; 2º y 3º de oro, tres bandas de gules, al timbre capelo y borlas. Un convento que a lo largo de su historia a gozado de privilegios eclesiásticos y reales.
Al tiempo de realizar las obras en la Encarnación había hecho donación del mejor de sus coches que era el grande forrado de terciopelo verde, con su guarnición de seda blanca, y el tiro de seis mulas con sus arreos correspondientes, afirmaba y ratificaba esta donación con la condición de que todo fuera vendido por sus testamentarios y su importe librado mensual o semanalmente a los obreros. Que estas obras fueron de ampliación de la primera fábrica, pues el monasterio de la Encarnación contaba en 1732, doscientos cuarenta y tres años de existencia.
En su Testamento, el Escribano testifica haber visto en una pieza baja de las casas de la habitación del Ilm° Sr. Obispo de Plasencia, el cadáver del mismo vestido con el hábito de Religioso Dominico al que algunos frailes de su Orden estaban empezando a ponerle las vestiduras pontificales. Declara en el testamento el Obispo ser Dominico, proceder del Convento de San Pablo de Sevilla y haber sido Obispo de Ceuta y luego de Plasencia.
Manda que si muere en Plasencia sea enterrado en el convento de San Vicente (de la Orden de los dominicos). Si la muerte ocurriera en Trujillo (como así fue en 14 de julio de 1738) manda que revestido de ornamentos pontificales sea expuesto su cadáver en la habitación de su casa sobre un tablado de poca altura donde se celebrarán el mayor número posible de misas. Que se le entierre en el Convento de la Encarnación de Dominicos de Trujillo en la sepultura que a este fin y a sus expensas tenía fabricada en dicha Iglesia a los pies de la gradas del Altar Mayor cubriéndola con la lápida que también tenía allí preparada. Dispone todo lo relativo a sufragios. Si falleciere en otro pueblo dentro o fuera del Obispado, si solamente a tres leguas de Trujillo se traslade su cuerpo y se le sepulte en el Convento dicho de Dominicos y si la distancia era mayor se le enterrara en la iglesia parroquial del pueblo del fallecimiento. Que en todo caso, y pasado el tiempo oportuno, se le traslade al convento de San Pablo de Sevilla, donde recibió el hábito de Dominico.
Entre otros legados deja al Dominico que le asistió en Sevilla, en Ceuta y en Plasencia los hábitos y la ropa interior de religioso, una casa completa, 300 ducados y el costo del viaje a Sevilla si a ella quiere volver además de la fundación que tenía hecha a su favor sobre la parte de dehesa de Pozuelo de Herederos según escritura otorgada en Trujillo en Septiembre de 1730. Deja a medias a las Catedrales de Plasencia y Ceuta, todas las alhajas de su Pontificado: pectorales, anillos, mitras, báculos, fuentes, salvillas, aguamaniles, vinajeras, vasos sagrados, palmatorias, punteros, albas, roquetes, corporales, ornamentos de todos los colores, libros pontificales, toallas, crismeras, capas, manteletas y mucetas. Lega mil ducados al Colegio de la Concepción de Trujillo de niñas huérfanas para que construyan una iglesia en lugar del pequeño oratorio de que disponen. Dice que a sus expensas se terminó la citada iglesia de los Dominicos de Trujillo, fundando además una dotación para los reparos de di­cha iglesia, decencia y aseo de los ornamentos de la sacristía. Dice que a sus expensas se empezó y continuó la obra de los tres lienzos del Claustro, Sacristía y Librería (biblioteca), los que ya se hallaban en buen estado y porque el tiempo de realizarse estas obras había hecho donación del mejor de sus coches que era el grande, forrado de terciopelo verde, con su guarnición de seda blanca y el tiro de seis mulas con sus guarniciones correspondientes, afirmaba y ratificaba esta donación con la condición de que todo fuera vendido por sus testamentarios y su importe librado mensual o semanalmente a los obreros que realizaban la terminación de las obras dichas. Deja dos mil ducados para que se repartan entre los pobres de su diócesis, con preferencia según la necesidad de los mismos. A todas las parroquias del Obispado lega mil ducados a prorrateo y con preferencia de las más pobres. A una huérfana de padre y madre a quien se movió a caridad socorriéndola al ver su desamparo a poco de llegar al Obispado de Plasencia, llamada Josefa María hija de honrada familia de Badajoz, educada que fue en el Convento de Jerónimas de Trujillo y (cuando testa) novicia en el de Santa Clara de Jaraicejo, la deja la dote como había hecho con otras cuatro jóvenes pobres que fueron profesas en aquella villa. Deja todos los libros que tenía en sus palacios de Plasencia y Trujillo por igual a los Conventos de Dominicos de Sevilla y Guadix. También tiene la siguiente curiosa disposición: «A la viuda más pobre y necesitada del pueblo en que falleciere, le deja la cama íntegra de su uso cotidiano”. Manda que se vendan, a excepción del coche grande que ya le ha legado, todos los que tenía en Trujillo y en Plasencia con sus mulas, caballos, sillas y demás arreos. Las vidrieras y esteras del Palacio placentino manda que se den por mitad a las Capuchinas de Santa Ana (en la calle de los Quesos) y a los Padres Descalzos del Colegio de San Miguel.
No olvida consignar el estado en que encontró el Palacio episcopal de Plasencia y la manera cómo lo reparó. Y ésta interesante cláusula: «Declaro qué a mis expensas he fabricado los retablos. Y su talla que hice poner y sentar en la Ermita de Nuestra Señora del Puerto sita extra muros de la ciudad de Plasencia y el de la Capilla de Ntra. Señora de la Salud en la puerta que llaman de Trujillo de ella. Y habiendo sido mi ánimo y deseo dejar completas estas obras que principié, dorando dichos retablos, lo que hasta ahora no he podido practicar por haberme llevado la aplicación a otras obras que estaban pidiendo sus fábricas y conclusión, quiero y es mi voluntad que se doren a costa de los bienes y efectos que quedaren a mi fallecimiento, aplicándose mis testamentarios con el mayor celo y eficacia a que se doren en la mayor conveniencia que sea dable».
En su época (1721-1725) se edificó la actual ermita de la Salud de Plasencia sobre el solar de otra anterior. Sobre el arco que forma la muralla, al final de la calle Trujillo se levanta esta significativa y popular ermita. En cada una de las puertas de la ciudad se colocaron Imágenes de la Virgen labradas en piedra. Con el tiempo, ésta de la Puerta de Trujillo, se convierte en pequeño templo, con parecido significado al de los Humilladeros serranos. Tuvo siempre carácter itinerante para ser contemplada al pasar sin necesidad de detenerse. A esto obedece la gran portada que mira a la ciudad y la ventana que se orienta hacia el río. Por debajo de esta puerta pasaban las huestes placentinas para tomar parte en las batallas de la Reconquista u organizar las razzias, famosas y frecuentes represalias de aquellos tiempos iniciales de la existencia placentina. A tan longeva dependencia obedece la forma de celebrarse la más arcaica de nuestras novenas religiosas. Los asistentes deben subir por una de las escaleras, de pie rezar las minúsculas plegarias, repetidas rítmicamente, y bajar por la escalera contraria. Las oraciones ahora utilizadas fueron compuestas por un devoto, que ofreció la novena al obispo Fray Francisco Laso de la Vega. También en algunos momentos, la sacristía de los faroles sirvió para asilo de peregrinos cuando habían desaparecido los hospitales o bien recalificado su dedicación. Con ésta medida los forasteros llegados de la lejanía y pobres tenían asegurado un hospedaje fijo aunque humilde. Se llegaba incluso a proporcionarles comida. El santuario es pequeño, de traza clásica, con pilastras toscanas, cuatro arcos y pechinas que sustentan la hermosa cúpula que cubre todo el recinto. La decoración es barroca, muy recargada, dorada y transmite una sensación de riqueza que se completa con el retablo de la misma forma y estilo. Inicialmente existió otra capilla, acomodada a las dimensiones estrictas del cubo y las puertas de la muralla. El 5 de abril de 1721 comenzaron las nuevas obras que quedaron terminadas en 1723. El obispo D. Francisco Laso de la Vega, el 2 de abril de 1.725, bendijo la capilla y celebró la primera misa.



APÉNDICE DOCUMENTAL


1.- INVENTARIO DE LA ERMITA DE SANTA ANA, 1772.

  • Primerente: Imbentario un adorno de Plata guarnecido en Philigrana con una Reliquia de S.ra S.ta Ana, que se custodia en el Altar de dicha Hermita, y vajo de una Cajita de Madera.
  • Tres sacras.
  • Un caliz de Plata, con su Patena y Cucharita de lo mismo, metidos en una caja de Madera.
  • Dos lamparas, la una de Plata, que expresô el dicho Capellan se halla para su Custodia en el Convento de Religiosas de s.ta Maria deesta Ziudad y la otra de Azofar que sirve en la Hermita.
  • Quatro Candeleros de bronze.
  • Dos Quadros de Marco Dorado, uno de S.or S.to Domingo y ôtro de S.or S.n Joseph.
  • Un Cajon con seis Ramilleteras de seda.
  • Tres frontales de Damasco, colores blanco, morado y verde.
  • Dos Misales, y un Libro de Canto llano.
  • Un terno entero de Damasco blanco, con Paños de Caliz, y Facistol.
  • Tres Albas finas, y una basta ordinaria.
  • Un recado para decir Missa de seda color blanco, con galon fino de ôro
  • Un cíngulo encarnado de Zinta bordado de ôro.
  • Tres cíngulos de cordon de seda.
  • Tres Manteles de Altar.
  • Dos juegos de corporales con una bolsa.
  • Seis purificadores.
  • Dos pañitos de Cornu Altaris.
  • Un Recado para decir Missa de Seda Damasco vordado.
  • Quatro Amitos.
  • Tres Paños de Caliz, Morado, encarnado, y blanco.
  • Una Campanita.
  • Dos Cortinas de tapiz, y una de Gasa.
  • Un Atril.
  • Zinco Bancos de respaldo.
  • Ôtro sin Respaldo.
  • Una Silla de Vaqueta de Moscobía.
  • Un Hostiario de Oja de lata.
  • Dos escaleras de Mano, unas mas grandes que Ôtras.
  • Un facistol de Madera pequeño
  • Dos tablas en que estan gravadas las Armas del Ilustrísimo S.or d.n fr. Francisco Lasso, en una se expresan la fundación de la Hermita, y Congregación, y en la Ôtra las Indulgencias Concedidas â los Devotos que rezaren â las Santas Imágenes.

Estas imágenes a las que se refiere el inventario son las de Santa Ana y San Joaquín, las cuales estaban situadas en la Altar Mayor de la ermita.
Todas estas cosas desaparecieron en la Invasión Francesa que entró en Trujillo el 19 de marzo de 1809, pero que tras ciento noventa y cuatro años no ha podido borrar su memoria e inquietud por los trujillanos para que algún día vuelva a su primitivo esplendor
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