EL PARADOR DE SANTA CLARA



En una de las plazuelas más bellas y evocadoras, de antaña leyenda, se ubica el Parador de Turismo en el convento de Santa Clara.
Circundan el parador diferentes calles de una gran belleza que rezuman historia. La luz juega, entre sombras y claros, en perfecta armonía de irregular configuración geométrica.
Es un noble edificio de sencilla concepción, organizado en doble crujía en torno a un patio claustral cuadrado con tres fuentes de estilo renacentista; con arquería de medio punto sobre pilares cuadrados, montadas por galerías adinteladas con columnas toscas.
Entre los muros de este antiguo convento vivieron las religiosas Concepcionistas desde 1533 hasta la apertura del Parador en 1984.
La Orden fue fundada por Santa Beatriz de Silva Meneses, amiga íntima de la Reina Isabel la Católica. La belleza de la fundadora fue tal que se ha escrito: "Si su preciosa alma fulgía con luces de divinos carismas, su cuerpo era digno joyel de tal rica perla. La hermosura de su rostro maravillaba con fascinaciones encantadoras"... Ello de trajo, al parecer, grandes problemas con Isabel, hija del Rey de Portugal y que posteriormente casara con Juan II de Castilla. Tal es la antigüedad del edificio, que hoy alberga el Parador de Turismo, que llegó a ser codiciado por reyes y nobles, donde habrían de firmarse privilegios, sentencias y donaciones.
Bajo los soportales de su iglesia gótica de San Clemente, un viejo, que ostentaba el cargo de santero, solía contar historias que habían acontecido entre los muros del cenobio: "y aparecían monjas junto a la espadaña lanzando, tras grandes dificultades para conseguirlos, dada su precariedad, los cohetes el día de la Virgen de la Inmaculada, dando gracias por la vida y olvidándose por completo de la carestía de alimentos que padecían."
Aunque las religiosas visten el hábito de la Concepción y profesan su regla, es común en Trujillo llamar a este convento de Santa Clara, aunque su verdadero nombre sea el de La Concepción. Tal denominación, no fiel a sus orígenes, tiene su fundamento en honor a una de sus fundadoras llamada Catalina de Santa Clara, y que la historia nos dice que siempre se tuvo por Santa.
En el centro del bajo coro estuvo enterrada Leonor Rol, mujer de Pedro Calderón que fue Abadesa del convento y muy querida en Trujillo. También, en el mismo coro, reposa, por haber sido monja de él, Francisca Mercado Pizarro, hija del Comedor Hernando Pizarro e Isabel Mercado
Todavía hoy este Parador conventual guarda y muestra pruebas y reliquias de una Historia no tan remota como para que pudiera antojarse en la leyenda.
Aún en la entrada del recinto se conserva el obligado torno de madera, resquicio que, durante siglos, sirvió de exclusiva comunicación entre las religiosas y el mundo exterior, tan lejano, aunque tan cercano... Y dentro, la soberbia austeridad del granito doblegado en bóvedas, puertas, ventanas, escaleras... que rodean como queriendo proteger el claustro de doble pórtico de corte herreriano.
Como testigo que es, también, la espadaña plateresca que tantas y tantas veces sirviera de llamada a la oración y recogimiento. O la cita, también obligada, en la trashumancia de las cigüeñas.
Y otros muy ilustres testigos, además de los que la Historia requiere, también el Parador de Santa Clara ha sido y viene siendo sitio de solaz, de reposo o, al menos, de provisional estancia tanto para ilustres gobernantes como gobernados, unos y otros considerados por Trujillo siempre como muy ilustres visitantes de este establecimiento.
Como los Reyes de España; " Al Rey Don Juan Carlos le vuelven loco los rabos guisados de cordera", constatan en la cocina del Parador.
O cuando vino por aquí Marsillach, que rodó algunas escenas en el Parador y en los alrededores... "Y hasta se compró, según cuenta, una casa aquí, en el pueblo..."
Antes, años antes de la transición, también hizo parada y fonda en Trujillo Don Juan de Borbón, camino, una vez más, de su obligada residencia en Estoril.

José Antonio Ramos Rubio
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