PRESENCIA DE ESCENAS TAURINAS EN OBRAS ARTÍSTICAS DEL MEDIEVO

Será en la Edad Media cuando la utilización de las posibilidades moralizantes y didácticas de los animales alcance una mayor profusión. No sólo los símbolos de tres animales de los cuatro evangelistas: león (San Marcos), toro (San Lucas) y águila (San Juan), están presentes en numerosas obras de arte medievales (retablo mayor de la Parroquia de Santa María de Trujillo), sino todo un muestrario de fauna autóctona y exótica. Los animales ocupan un puesto privilegiado en la historia del arte. Trascienden el arte en sí, el aspecto estético y el simplemente decorativo, para cargarse de contenido teológico, sagrado y moral. El origen de la irrupción animal en las obras románicas pudo muy bien deberse al aniconismo predominante en los siglos inmediatamente anteriores. Tras la ausencia casi total de imágenes en las iglesias visigóticas, el teriomorfismo precedió o, al menos, no quedó tan postergado respecto de la estatuaria y relieves humanos. Otro factor pudo haber sido el predominio del conocimiento mítico o imaginativo de lo espiritual sobre el lógico, en épocas épicas, lo que facilitó la aparición de poemas épicos y obras cómicas con aire épico, algunas obras representadas en las sillerías de coro.

Las Cantigas fueron compuestas por Alfonso X, que asimismo mandó ilustrarlas a los miniaturistas de su corte. Los textos loan a la Virgen y narran hechos milagrosos obrados por su intercesión. Se completan con notaciones musicales ya que fueron concebidos para ser musicados. La ilustración de esta obra ofrece una visión muy fresca y directa de la vida cotidiana y de la espiritualidad del siglo XIII.

En la Cantiga número 144 se recoge uno de los festejos populares más importantes que tenían lugar en las ciudades, las corridas de toros. La afición festiva más arraigada en las localidades de la Diócesis de Plasencia es la taurina. Incluso, a veces, se recurría a corridas de toros para arreglar las iglesias y ermitas. Por ejemplo, numerosas canciones populares del Valle del Jerte y de la Vera se inspiran en temas taurinos y son cantadas en las rondas durante las fiestas patronales. Por lo general, es el hombre el que participa en estos festejos, lo que no impide que las mujeres tengan sus propias corridas. En ocasiones, ambos participan en el festejo. También, se tiene la costumbre del festejo taurino conocido como el toro nupcial, cuando la novia tenía por misión el adorno de los rejones que ponía al morlaco su prometido. La Cantiga número 114 de Alfonso X recoge la costumbre de esta corrida en Plasencia. Durante esta corrida placentina asistimos a un milagro de la Virgen. Alfonso X, finaliza la Cantiga con estas hermosas palabras que traducidas del gallego pueden sonar así: "Y de esto hizo una demostración milagrosa Santa María, la Virgen sin par, en Plasencia, tal como yo lo oí contar a hombres buenos y de creer./ Y referían el milagro de esta manera: Que allí vivía un hombre bueno que a esta Señora, tal como yo lo entendí, sabía muy bien agradecerle en todo./ Y a cualquiera que viniese a pedirle algo por ella, en seguida sin engañar lo daba sin retraso ni mentira, porque no quería defraudarla en nada./ Y aunaba en sus vigilias y ni se quedaba sin oír ninguna Hora de su Oficio, porque todo su deseo era agradable (a la Virgen)".

Por otro lado, los estudios interpretativos de los temas profanos existentes en la sillería de coro de Plasencia nos han llevado a la conclusión de que están basados en textos literarios de la época o anteriores, como es el caso del libro del Arcipreste de Hita (hacia 1330) y textos mitológicos, fábulas esópicas y temas populares, como las típicas corridas de toros, existen fundamentos sobrados de que el libro de Juan Raíz fue muy conocido en Castilla, influyó notablemente en las representaciones artísticas profanas. Sin ir más lejos, sobre la aparición de la Virgen de Los Santos en Aldeacentenera, una leyenda transmitida de generación en generación cuenta que la Virgen se apareció repetidas veces a un vaquero (típica leyenda medieval) que guardaba ganado propiedad del Marqués del Risel en sus tierras próximas al pueblo. En una de las apariciones manifestó la Señora sus deseos de que se levantara una ermita en su honor en el lugar en que se presentaba, como así se hizo, aún se conserva el local junto al caserío de la finca. Un día, vióse el vaquero perseguido por un toro furioso y en un gran apuro imploró la protección de la Stma. Virgen, realizándose el milagro de que una pata del toro se hundió en una dura peña, librándose el devoto del peligro inminente en que estaba. Muchos visitantes y naturales se acercan al lugar del suceso para contemplar la señal de la pezuña clavada en la peña. En la sillería alta de coro del Monasterio de Yuste presenta un doselete corrido, sobre finas columnillas. El respaldo de la central lo ocupa un relieve de San Jerónimo. Tanto en ésta como en la sillería baja los artistas han derrochado imaginación en todos los adornos y tallas, en los cuales nos podemos encontrar tanto con motivos religiosos, como también con elementos alegóricos, burlescos, de lidia de toros, de deportes y de costumbres, la mayor parte de éstos procedentes de grabados e inspirados en la literatura de la época.


José Antonio Ramos Rubio

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