LA ENSEÑANZA EN TRUJILLO ENTRE LOS SIGLOS XV AL XVI


Los institutos de Enseñanza nacen a la vida legal por la ley de Pedro José Pidal, el 17 de septiembre de 1845. Su denominación ha variado a lo largo de los años: se han llamado de Enseñanza Media o Intermedia, nombre tomado de Francia de 1808, Generales y técnicos, Municipales, de Segunda Enseñanza, de Enseñanza Secundaria. En Trujillo, existió la enseñanza media representada por las Escuelas de Gramática y por los Estudios de Latinidad. La primera escuela de Gramática de que tenemos noticias es la establecida en Madrid en 1346, por Alfonso XI, a petición del Concejo de la Villa. Uno de los primeros centros educativos que se crearon en Trujillo, tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XV.
En el año 1466 la Orden de Santo Domingo fundó un Convento bajo la advocación de Santa Catalina de Siena en el berrocal trujillano, al sitio de la actual huerta de Papanaranjas. Los dominicos habitaron este convento de Santa Catalina durante 23 años. En 1489 y accediendo a ruegos del Concejo, que deseaba facilitar a los trujillanos los bienes de ciencia y virtudes en que los dominicos eran notables maestros y preciados ejemplares, se trasladaron estos a un terreno de pan llevar, extramuros de la ciudad, donde habían levantado nuestro monasterio. El Concejo les había donado este solar. En 1492 se instalaron en el nuevo edificio de los dominicos, este convento se llamó de la Encarnación. El traslado desde el convento de Santa Catalina fue autorizado por bula de Clemente VIII. De este convento-escuela destacaron dominicos importantes como fraile Felipe de Meneses, natural de Trujillo, de la rancia nobleza de su apellido. Fue catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares y Prior de los Conventos de Toledo y Segovia, Definidor General de la Orden Provincial. Escribió dos libros, uno titulado ¨Luz del alma¨ y otro ¨De los Santos Sacramentados”. Fue Diputado por Felipe II para reformar la Orden la Merced en Galicia, en cuyo Ministerio santamente murió, siendo enterrado en el Convento de Santa Marta. También, Fray Diego de Chaves, como el anterior, fue natural de Trujillo y de una de las más linajudas familias. En la Historia de España su personalidad tiene alto relieve. Ingresó en la Orden hacia el 1525. Estudió en Salamanca y Sevilla. Sustituyó en la Cátedra de Prima a Fray Pedro de Soto cuando marchó al Concilio de Trento.


Fue confesor del Principe Don Carlos y de la Reina Isabel de la Paz. Muertos éstos se retiró al convento que la orden tenía en La Vera de Plasencia, de donde le sacó Felipe II para que fuera su confesor. Murió en el Convento de Santo Domingo el Real, de Madrid, en Junio de 1592. Especial mención a Fray Vicente Valverde, religioso Dominico Del Convento de la Encarnación, porque fue el superior de los otros cinco que con él acompañaron a Francisco Pizarro en 1530 a la conquista y civilización del Perú y de las tierras iberoamericanas.
Otro centro educativo se instaló en la calle del barrio de Santo Domingo, que hoy día es conocida como calle del Estudio, está próxima a la Plaza Mayor.
El nombre del Estudio se debe a que en ella estaba la casa de la Preceptora de Estudios. Era propiedad del Concejo, quien procuraba que allí fueran instruidos los jóvenes trujillanos y los de su comarca. El Ayuntamiento expuso a Carlos V la necesidad de este Centro de Instrucción, y solicitó su Real licencia para de sus Propios y rentas comprar casa en que radicasen y se organizasen las clases de dichas enseñanzas, el Emperador envió la petición para su informa, que fue favorable, a su Consejo, y en su consecuencia, despacho en Madrid, a 28 de marzo de 1528, una Provisión autorizando al Consejo que gastase hasta cien mil maravedís para comprar una casa en sitio honesto y apartado en que se tuviera un estudio de gramática para los naturales de esta Ciudad de Trujillo y su tierra y de las personas que a ella venían a estudiar. El Ayuntamiento compró las casas que muy modificadas hoy se alinea en la esquina izquierda subiendo por esta calle que desde entonces se llamó y sigue llamándose el Estudio.
El Preceptor de Gramática con carácter oficial subvencionado por el Municipio, recibía la retribución por su trabajo de doscientos ducados anuales (Facultades Reales de 1579 y 1586 y de otros años que se conservan originales en el Archivo Municipal).
Mostró siempre el concejo gran interés por la cultura de la juventud de su pueblo y de su tierra, no solo en las disciplinas profanas, sino también en las eclesiásticas, habiendo llegado, con referencia a estas, a encargar a un Comisión de sus Regidores, en el siglo XVI, que se personasen en un comisión Provincial que se celebraba en Salamanca, para instar que en Trujillo se abriese un seminario en que se formasen los candidatos al sacerdocio (libros Capitulares del siglo XVI). También pagaba el Ayuntamiento la instrucción de la niñez en la doctrina cristiana. Estas normas de actuación, son exponentes de su afán, no solo por el bienestar material de los vecinos formativo de los hombres que Trujillo crió y envió para esplendorosa honra de España y bien de la humanidad por todos los continentes.

La Casa del Estudio ya no existía como Centro de enseñanza a principios de siglo XIX (Acuerdo municipal de 24 de abril de 1815:¨Se vio un Memorial de Manuel Toril de Torres, de esta vecindad, solicitando que se le dé a censo la Casa que servía de estudio de Gramática y en basurero y abrigo de otros exceso; y se acuerda que se tase por peritos, uno que nombre el Sindico y otro el mismo interesado y se remita original el expediente para que en su vista determine el señor Intendente General de esta Provincia lo que contemple justo¨). Las dependencias educativas se modificaron como viviendas de propiedad particular.
A lo largo de los siglos XVI y XVII, se destacaron en Extremadura, actos individuales por parte de personas pudientes. Cada uno de ellos con motivo caritativo y cristiano intentaron a nivel local crear fundaciones benéfico-docentes, hospitales para pobres, obras pías, casas de expósitos, colegios de niñas huérfanas y varias fundaciones cuyas metas respondían a la demanda de asistencia de la población. Todas aquellas acciones individuales permitieron responder a los problemas de los pobres y sobre todo estaban adaptadas a cada núcleo extremeño.
Entre los años 1520 y 1540 se crea la primera reforma importante del sistema de caridad que se caracteriza por su naturaleza esencialmente municipal y por una notable coincidencia de propósitos y métodos. En el siglo XVI el pauperismo empezará a ser una de las preocupaciones fundamentales. Para remediar este estado intentaron encontrar métodos para socorrer a los pobres; se crearán las casas de la misericordia y la jurisdicción de la asistencia social. En Trujillo surgen tres hospitales que funcionaron con este motivo: El hospital de la Caridad, el Hospital de San Lázaro -que ya existía como lazareto desde el Medioevo-, reedificado por el Conde de Canilleros; y el Hospital de la Concepción en la Villa.
Muchas instituciones existieron en un principio por necesidad de tener una preocupación moral frente al problema del pauperismo.Estas fundaciones empezaron una función social, tal era del caso de la preocupación por el porvenir de las mujeres, niños expósitos. En Trujillo se registran en el siglo XVI cinco fundaciones en favor de los pobres y tres para enfermos: Fernando Alonso Altamirano, en 1523 deja en su testamento una manda de cien ducados al colegio de niñas huérfanas y cincuenta al hospital del Espíritu Santo de los caballeros como ayuda a los enfermos pobres y otros cincuenta al hospital de la caridad. Hernando Pizarro y Francisca -hermano e hija del conquistador del Perú- repartieron en su testamento cláusulas de la fundación de la iglesia hospital y colegiata (Esta fundación llamada ¨de los Pizarro¨ es que hoy subsiste). La fundación Orellana de atención educativa a niñas huérfanas y hospital (1540); el centro de María Meneses, para dotación de huérfanas(1540), el centro de Domingo de Castro (1543); el centro de acogida de González de Carvajal (1545); el hospital de García de Tapia (1540); el centro de Fray Pedro y De Juan Garifo (1540); centro de acogida de niñas huérfanas de don Antonio Rodríguez (1540); centro de Francisco Sánchez Almendro para socorrer estudiantes de su familia (1674).
Son pocas las fundaciones en los siglos XVI y XVII que constan en Extremadura. Sin embargo se destaca Trujillo con el número más elevado de fundaciones creadas en el norte de la provincia. La lista anterior pone de relieve el predominio de las fundaciones aportadas por particulares ricos de la ciudad, en su mayoría enfocadas para dotar huérfanas. Este tipo de fundaciones resolverá el problema de encontrarse con mujeres vagabundas en la calle y controlar así la educación de aquellas que hubieran podido caer en la miseria y en la degradación moral. Además era frecuente en Trujillo una presencia de mujeres notables de la villa que se encargaban de la beneficencia y que se preocupaban por estas jóvenes con el afán de educarlas con meta de emplearlas como criadas.


En 1619 A. De Acebedo fundaría en el Convento de la Encarnación unos estudios generales. Fray J. de Loaisa dio carreras a pobres de su familia entre los años 1575-1580. Sor M. de Paredes fundaría un colegio para proporcionar asilo y en 1620 un centro de enseñanza a las niñas pobres.
La obra benéfica más importante fue la de Don Juan Pizarro Carvajal llamada¨ Obra de niños expósitos de la Pila¨. Esta consistía en que de sus bienes se sacará a la renta necesaria para atender a la crianza y educación de todos los huérfanos de las barriadas de Santa María y Santiago de Trujillo (barriadas entendidas por feligresas adscritas a dichos templos parroquiales). Al principio se entregaron los niños a mujeres que los criaban en sus casas y después se construyó un local propio en una casa del fundador.
Fue la primera institución extremeña que existió de este tipo considerada como una verdadera ¨Casa de Maternidad¨. La fundación fue desarrollándose a lo largo del tiempo, y el ayuntamiento de Trujillo y los particulares la protegieron.

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