MONUMENTOS URBANOS



Además de la arquitectura de carácter monumental repartida por el casco de Trujillo, existen otros elementos urbanos que con aquéllos dibujan algunas de las estampas más populares de nuestra ciudad y que pertenecen al Excmo. Ayuntamiento de la Ciudad pues están situados en lugares públicos que son visitados por los turistas. Nos referimos a los monumentos urbanos, auténticos hitos, unos monumentos otros más modestos, que contribuyen a fijar la fisonomía de una población al amueblar sus espacios y actuar como signos de identificación de los mismos.
Sin duda alguna, el monumento urbano de mayor interés artístico de Trujillo es el Rollo o Picota, símbolo con el que la ciudad mostraba su condición realenga y lo que4 ello implicaba desde el punto de vista judicial. En virtud de esta función simbólica y, podemos decir, disuasoria, los rollos se disponían en las entradas de las poblaciones. El de Trujillo se ubicaba así en lo que a fines del siglo XV eran las afueras de la ciudad extramuros; concretamente en lo que después sería la plazuela de la Encarnación o del Mercadillo, sustituyendo al que con anterioridad al reinado de los Reyes Católicos, existía, al parecer, en la Plaza de Santa María de la Villa.
En 1581 y con motivo del traslado del marcado que se celebraba en la Plaza Mayor al sitio de la Plazuela de la Encarnación, donde por entonces finalizaban las obras de construcción de la Alhóndiga, el Rollo es trasladado a su actual emplazamiento, la entrada de la ciudad por el sitio de la Piedad y en las proximidades del desaparecido arco del Campillo existente hasta el siglo XIX.
El Rollo trujillano constituye uno de los más bellos ejemplos extremeños de su tipología. Se levanta sobre gradas circulares del mismo material granítico tallado en sillares con el que se fabrica el monumento. Un podio cuadrangular sirve de base a una construcción de lados cóncavos en cuyas esquinas se disponen columnas adosadas de basas góticas que, dos a dos, se enlazan en la parte superior mediante molduras conopiales. A media altura de cada columna aparece una ménsula y en uno de los fustes el águila de San Juan con el escudo de los Reyes Católicos. Corona el pilar un pináculo piramidal con sus aristas florenzadas y la cruz de Santiago sobre su vértice.
En la Plaza Mayor y formado con ella y su entorno monumental una de las estampas trujillanas más difundidas, se levanta el Monumento ecuestre de Francisco Pizarro. La estatua, realizada en bronce, se levanta sobre un podio rectangular y es una copia de la realizada por el escultor americano Charles Rumsey para la ciudad de Lima. La obra sería donada a la ciudad de Trujillo por María Harriman, viuda del artista, y su inauguración se efectuó el año de 1929. Desde 1927, existía sin embargo en la Plaza, aunque no en el emplazamiento de la actual, el vaciado en escayola de la estatua sobre un podio de idénticas características al definitivo.
Destaca en la obra, el noble gesto de la vigorosa figura del caballo al paso, cuya cabeza se toca con celada. Sobre éste y vestido de armadura, aparece la airosa escultura de Francisco Pizarro, cuyo morrión luce un vistoso plumaje. El conjunto está dentro de la estética realista de corte académico propia de la escultura del momento y de esta tipología.
Otras dos esculturas adornan otros tantos espacios abiertos en Trujillo. Una de ellas se encuentra en la plaza de la Encarnación (hoy Paseo de Ruiz de Mendoza) y está dedicada a la memoria de Doña Margarita de Iturralde y Arteaga, como reconocimiento a la importante donación que hiciera para la construcción del Colegio de Santiago y Santa Margarita en lo que fuera parte del Colegio Preparatorio Militar y, con anterioridad, Convento de la Encarnación. El monumento, realizado mediante sufragio popular, dispone de un podio circular de granito y mármol sobre cuyas gradas aparecen las figuras de un niño y un ángel formando un grupo alegórico de la munificencia de Margarita Iturralde, cuyo busto de gesto grave se eleva sobre un bloque piramidal de mármol. La segunda escultura citada es la dedicada al sacerdote y cronista trujillano, Juan Tena Fernández, la cual se dispuso en el jardín de la Plaza Campillo, ejecutada por Fernando Mayoral.
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