TUMBAS ANTROPOMORFAS EN TRUJILLO Y SU BERROCAL


Presentamos el interesante tema de las tumbas excavadas en la roca en Trujillo y en su berrocal.
Las tumbas localizadas están situadas: tres en el Cordel-Cañada, próxima al arrabal de Huertas de Ánimas, una en el jardín del antiguo convento de Santa María «monja» en la Villa; una en Aguas Viejas; dos en la finca «La Redonda»; dos en la finca “Sauces” próxima a Belén de Trujillo; una en la cerca «Calderonas» en la carretera de Guadalupe; una junto a la Alberca (utilizada durante años como abrevadero); dos en «La Costera» en el berrocal de la carretera de Plasencia (1).
El material sobre el que se encuentran talladas las tumbas está ligado a la litología predominante, a los afloramientos graníticos de Trujillo y su tierra. Están aisladas unas de otras, individualizadas, no forman una necrópolis completa como se ha dado el caso de otras tumbas localizadas en la Huerta de la Aldea en Mata de Alcántara. En Trujillo se reparten en un área muy extensa asociados a terrenos de marcada dedicación agropecuaria.


La mayoría de las tumbas localizadas en Trujillo tienen las cabeceras semicirculares o con arco de herradura, de hombros y pies rectos y la caja con forma trapezoidal. Considero que se trata de tumbas de la alta Edad Media (concretamente fechadas entre los siglos VI y VII d. C) que se desarrollaron en unos cementerios rurales de un tipo muy particular, excavados en la roca granítica, cuyas medidas varían: en el cordel de Huertas de Ánimas existe una tumba que mide 1,45 m; mientras que el resto se reparte entre 1,50 y 1,75 m, y tienen una profundidad de 35-40 cm. Lo cual nos sirve para calcular la altura de los difuntos. La mayoría de las tumbas están orientadas (en su cabecera) al Este, aunque otras presentan una orientación Norte, por tanto, nada definitorias para establecer una hipótesis de su disposición hacia Jerusalén (o sea, W-E). Buscan más bien su mejor colocación en la roca. Se hallan situadas, en pendiente en la vertiente sur de una colina y cerca de una fuente, o incluso en los aluviones de un torrente, o entre las ruinas de una villa galo-romana, con orientaciones diversas que pueden también cambiar de un siglo a otro. Esta costumbre se difundió muy pronto de norte a sur. El cadáver se depositaba con frecuencia desnudo en un sarcófago de piedra. Estas tumbas generalmente constituían a la vez ataúd y fosa. Solamente, existen dos cubiertas próximas a la tumba, en la cerca “La Redonda” y la otra en una las tumbas cercanas al Cordel de Huertas de Ánimas. Las cubiertas son lajas de granito que se colocaban encima de la tumba, posiblemente se añadiría tierra para reforzar el sellado de la tumba.
Todo estaba previsto por tanto para la creación de un mundo privado de los muertos, y la generalización de la inhumación, incluso antes de la difusión del cristianismo, acentuó este carácter. El cementerio rural reproducía el mundo endogámico de la aldea. En la totalidad de los casos, no se enterraba al difunto desnudo sino debidamente vestido
No podemos especificar la existencia de ajuar en las tumbas que estudiamos. No ha sobrevivido otra cosa que las humildes hebillas de cinturón, o bien, pequeños broches de gancho que ceñían la mortaja y que han sido localizados en las tumbas de las Torrecillas (Alcuéscar) o los ajuares localizados en sepulcros excavados en la finca “Alijar del Canchal” de Robledillo de Trujillo . A algunos difuntos se les enterraba con sus utensilios, en particular a los herreros, porque como se decía en la Edad Media: “Conocía el arte de dominar el fuego y de plegar el hierro a sus misteriosos conocimientos”. Por eso se le consideraba como un ser aparte en la aldea, cuasi brujo a la vez que curandero. También él tenía un pie en lo sagrado, y por tanto, un lugar aparte en el cementerio. A otros, en pequeños grupos, se los enterraba con sus armas (espada, lanza o broquel), y todo su pequeño utillaje doméstico (peine, pinza de depilar, etcétera.). Las mujeres, a su vez, partían al más allá con sus joyas, collares, brazaletes, zarcillos.


En resumen, el muerto comía, luchaba o amaba. como un vivo. Su vida era un doble material de la de un vivo. Se hacía todo lo posible para mantenerlo tranquilo en su mundo. Algunos casos particularmente peligrosos se exorcizaban de forma cruel a los niños que habían nacido muertos se los empalaba, porque el inocente no podía permanecer bajo tierra, tenía tendencia a ascender hacia la superficie en dirección del cielo y a hacer reproches a los vivos por no haber vivido. A otros, tal vez brujos o criminales se los clavaba al fondo de su ataúd rocoso, mutilados o bien rodeados de un círculo de carbón de madera purificador. Decir temor al muerto es decir tambien intento de amansamiento. Las vidas de santos y la arqueología prueban la existencia de casos de embalsamamiento con mirra. Pero, era preciso adoptar aún una última precaución, impedir eficazmente que los vivos violaran las tumbas.
La práctica era ciertamente corriente, han sido innumerables los arqueólogos que han sufrido una decepción al descubrir sepulturas ya violadas, tal es el caso de las existentes en Aguas Viejas o en la finca de «La Costera», en tierras de Trujillo.
La piedra se conserva de forma íntegra, se trata de un gran bloque de granito duro, con forma alargada, siendo la parte inferior más ancha y desde aquí decreciendo de forma continua hasta la parte superior cuya terminación es prismática con aristas y vértice redondeados (2,07 x 0,34 – 0,20 de ancho x 0,26 – 0,24 centímetros de grosor). En el inferior de la piedra se produce un estrechamiento (0,28 de ancho x 0,12 de grosor) lo que indica su clara función de haber sido hincada en la tierra unos 40 cm de profundidad, lo que nos lleva a pensar que la altura que ofrecía a la vista sería de 1,60 m aproximadamente (una altura similar a la estatura humana). El trabajo de la piedra se concentra en su cara principal estando ligeramente tallada y pulimentada por lo que ofrece una cara plana, este trabajo está intensificado en la mitad superior de la cara principal. Los laterales también denotan un trabajo de la piedra con la intención de ofrecer caras planas, pero donde mayor se acentúa la labra es en su terminación prismática.
La cara principal muestra un dibujo esquemático con la representación de un antropomorfo (1,13 cm). En la parte superior dos cazoletas flanquean una línea vertical con un ancho más o menos uniforme que abarcaría desde la cabeza hasta la pelvis. Bajo las cazoletas una línea horizontal marcaría la diferencia entre lo que sería el rostro con el cuerpo. Los hombros lo conforman a su vez otra línea horizontal que se unen con los brazos en ángulo recto ligeramente curvados, y estos brazos caen en dos líneas verticales, paralelas al cuerpo hasta la zona de la pelvis aproximadamente, siendo el brazo derecho ligeramente más largo que el izquierdo (tras la limpieza de la piedra se pudieron observar tres trazos paralelos a la altura de la mano izquierda que indicarían los dedos de la mano).


A la mitad de la línea del cuerpo, sobresale hacia la derecha un surco cuya terminación se ensancha. Desde la pelvis se marcan las dos piernas que se abren en forma de U abierta, cuya terminación en los pies se estrechan ligeramente. La pierna izquierda resulta algo más corta que la derecha, y su terminación es ligeramente curva hacia la derecha marcando así la forma del pie o la disposición de caminar.
El grabado del dibujo está realizado mediante la técnica de incisión, la cual posee una sección en forma de U abierta. Este grabado está rehundido de forma más aparente en su parte superior (aproximadamente 4 mm) y decrece hasta hacerlo casi inapreciable a medida que se aproxima a la parte inferior.

PARALELOS Y CONCLUSIONES
Las estelas de guerreros son unas manifestaciones líticas realizadas por el hombre que se han venido dando en la zona suroeste de la Península Ibérica. Hasta el momento se han localizado cerca de un centenar de ejemplares, los cuales están concentrados en cuatro zonas diferentes: I- Sierra de Gata, II- Valle del Tajo – Sierra de Montánchez, III- Valle del Guadiana – Valle del Zújar y IV- Valle del Guadiana. La estela de Bayuela estaría englobada dentro del segundo grupo, aunque con unas características propias que la distingue del resto como veremos más adelante. La característica general de este tipo de representaciones es a grandes rasgos la disposición de espada, escudo y lanza (en un primer momento) a la que se irá uniendo la representación del guerrero junto con otros atributos de “prestigio” como el casco, el carro, la fíbula, el espejo o el peine entre otros. La función que desempeñaban estas estelas era de claro carácter funerario, pero lo que no parece evidenciar es la relación directa de la estela con una tumba concreta o un guerrero en concreto sino que es un concepto más globalizador de una sociedad jerarquizada en el que el rito funerario era a base de cistas. Otra teoría al respecto es que tuvieran una función como marcadores territoriales mostrando así zonas vinculadas con recursos naturales o zonas de paso, pero sin perder su identidad funeraria y jerarquizadora de una sociedad .
En cuanto al análisis comparativo de nuestra estela hemos de decir que la piedra en sí pudo haber tenido originalmente una función de menhir y posteriormente trabajada para convertirla en estela. La medida en altura de 2,07m la convierte en una de las estelas más grandes de la zona suroccidental, ya que hasta el momento las más grandes encontradas son Fuente de Cantos (2,31m), San Martinho II (2,23m) y Cancho Roano (2m). Su forma vertical con clara apariencia de haber estado hincada en la tierra se corresponde con las estelas de Magacela, San Martinho II, Cancho Roano, Fuente de Cantos o Ervidel II. El trabajo de la parte superior de la piedra parece ser también algo en común entre las conservadas de estas características, normalmente esta terminación suele ser en forma de betilo (terminación en forma de cono o falo) acentuandose una forma cónica o prismática. El gran parecido de la estela de Bayuela lo encontramos en la estela de Magacela, como terminación prismática, aunque otros ejemplos son las estelas de San Martinho II, Cancho Roano, El Viso I y Talavera de la Reina.
El dibujo principal parece representar lo que sería la figura de un guerrero. Pero llaman la atención dos aspectos novedosos que la distinguen del resto de las estelas halladas: por un lado los 1,13 m de longitud, con esta medida la convertiría en la representación de antropomorfo más grande de las estelas del suroeste (hasta el momento el más grande era el antropomorfo de Esparragosa de Lares I con 0,85 m); y en segundo lugar la ausencia de armas o “elementos de prestigio” en su representación.
Cabría la posibilidad de especular l que la línea que sobresale a la derecha de su tronco, pudiera tratarse de la empuñadura de una espada, pero el hecho de que su grabado no sea clarificador, su trazo sea curvo, y no haya continuación de este trazo a la izquierda del tronco, hacen que no podamos asegurar el significado del mismo. No obstante, está documentado la aparición de espadas cruzadas a la cintura del guerrero, la mayoría de ellas con la empuñadura a su derecha como son los casos de: Talavera de la Reina, Cabeza de Buey II y III, Navalvillar de Pela, Capilla II y IV, Zarza Capilla I, Benquerencia de la Serena, Magacela, El Viso II-III y IV, Chillón, Herrera del Duque, Olivenza, Setefilla, Los Palacios y Ervidel II.
El antropomorfo parece que estuviera representado en posición de caminar hacia la derecha, dado que la finalización de la pierna izquierda se representa ligeramente curvada hacia la derecha. Ejemplos de guerreros en esta disposición también están documentados en las estelas de: Zarza de Montánchez, Las Herencias II, Aldeanueva de San Bartolomé, Cabeza de Buey II y III, Esparragosa de Lares I, Capilla II y IV, Zarza Capilla I, Magacela, El Viso II y IV, Belalcázar, Herrera del Duque, Los Palacios, Écija IV, Ategua, Almargen y Ervidel II.
Por último habría que destacar la representación del rostro, ya que a diferencia del resto de representaciones antropomorfas en las que mayormente la cabeza es un simple punto circular bien rehundido o grabado, aquí hay una intención de reflejar los rasgos principales de forma muy esquemática, así los ojos lo forman dos cazoletas, la nariz es un trazo vertical que conectaría con el cuello y tronco, y la boca sería la línea horizontal que precede a la línea de los hombros, la cual también haría la función de separar el rostro del resto del cuerpo. Esta forma de representar el rostro se asemeja bastante a la representación de la estatua menhir - estela de guerrero de Talavera de la Reina, diferenciándose de la de Bayuela en su mayor realismo, la disposición de la nariz como un rectángulo de bordes redondeados y la boca por medio de una cazoleta . A su vez la estatua menhir de Talavera posee rasgos parecidos con las estatuas menhir de Valdefuentes (Salamanca) o Segura de Toro (Cáceres).
La estela antropomorfa de Castillo de Bayuela se trata de una aportación más a las estelas del Suroeste Peninsular, y concretamente a las estelas halladas en la provincia de Toledo, siendo estas las de Las Herencias I y II, Talavera de la Reina y Aldeanueva de San Bartolomé . Se trata por tanto de una valiosa aportación al patrimonio arqueológico que ofrece la Sierra de San Vicente, dado a conocer entre otros, por investigadores como Julio Sánchez Gil y César Pacheco.
La aparición de esta estela demuestra la importancia y continuidad de una población que habitaba los cerros de Castillo de Bayuela desde la Edad del Bronce a la Edad del Hierro. Cronológicamente pertenece a una etapa final de la Edad del Bronce (s. X-VII a.C) siendo anterior a la cronología de los verracos vettones de Bayuela (s.IV-II a.C), incluida en el conjunto III de la propuesta de evolución de las estelas dada por Domingo Portela y Juan Carlos Jiménez, caracterizada por convertir la figura humana en el motivo principal de la estela .

José Antonio Ramos Rubio
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