DE LAS FIRMAS INVITADAS

Desde lejos me llegan aquí malos vientos de no sé qué resentimientos y envidias incomprensibles para mí y el rumor me saca de cualesquiera otros escritos y atenciones que me trajera entre manos y me hace escribirte (prevaliéndome también del recuerdo de mis colaboraciones en las páginas virtuales de ese periódico en los días en que por él me andaba publicando algunas cosas al calor de otras leídas en esas mismas páginas ) y si te escribo, no es para rogarte que publiques esta carta en el periódico que diriges, pues carece de interés e importancia pública, sino que habiendo visto que ha desaparecido misteriosamente la mía de la lista de firmas invitadas, a la que ni siquiera pedí ser incorporado, todo hay que decirlo, inexplicablemente sin haber sido avisado de ello, y puesto que no he podido recuperar lo allí escrito, al no encontrarlo en ningún apartado de escritos antiguos u obsoletos, sí te agradecería en cambio que me enviaras unas copias de lo que publiqué para tenerlas en mis recuerdos. Tampoco tiene esto demasiada importancia, pero hay un escrito de Belén de Miguel en contestación a otro anterior mío que, al haber desaparecido, deja al suyo en una situación, a mi parecer, de sinsentido, pues o están presentes los dos o, si se elimina el primero, el segundo queda fuera de lugar al faltarle la causa o motivo que lo inspiró. En fin, si esta carta se publicase en tu periódico, en lugar de arrojarla a la papelera, aunque, repito, no es esa  mi prioridad, aunque mi crítica fuera errónea, la parcial refutación que su publicación constituiría, no carecería en cambio de interés su lectura para las personas que han recibido la misma tristísima impresión que yo.
Gracias por la atención que no dudo que harás, y recibe con ellas mis saludos amistosos.

Juan Sánchez-Escobero

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