DON RAMÓN NÚÑEZ

 En estos momentos en el Pleno Municipal se están planteando dedicarle una calle a Don Ramón Núñez, Hijo Adoptivo de Trujillo y párroco que fue de San Martín durante los cuarenta y cinco años que ejerció su vocacional oficio, además de fundar las primeras cooperativas, textil y de  carpinteros todo ello con una continua dedicación a la evangelización que ejercía en plena Plaza, como los filósofos griegos.

 Don Ramón era un hombre bueno que es la máxima calificación humana, vivió una larga vida que debió estar llena de vivencias y experiencias, 92 años. Fue movilizado como alférez provisional castrense durante la contienda incivil de 1936 y llegó a conseguir la Medalla Militar. Llegó a Trujillo en 1960 haciéndose cargo de la parroquia de San Martín que había dejado vacante Don Mariano Duprado Méndez. Fue un cambio radical en cuanto a la dinámica parroquial.

 Además de iniciar Cáritas Diocesana hizo funcionar el Centro Parroquial de San Martín que llamábamos el bar Sotana pues había una pequeña taberna que llevaba Manolo Casco y una  sala con pequeñas tramoyas teatrales y unas mesas donde los viejos de la Villa se tomaban las ‘pistolas’, echaban sus partidas de después de comer a las cartas o jugaban a la rana. Los viejos eran de mediodía y media tarde, después al anochecer llegaban los jóvenes a jugar a las damas y al ajedrez o a ensayar los del teatro. Piedad, Acción, Caridad y Trabajo eran las jaculatorias en las cuatro esquinas del cimborrio sotanil. Don Ramón era amigo de los jóvenes y no exigía demasiado tenía una visión mucho más moderna del asunto que otros curas nuevos.

 De todas maneras y a pesar de las apariencias Don Ramón no era un cura clásico, siempre con su sotana raída, teja y capa negra en invierno pero saludando amablemente a parroquianos y no parroquianos et dispuesto en sus obligaciones de oficio. Sus misas, rosarios y novenas tenían la frescura de sus pequeños despistes que relajaban un poco aquella tensión implacable que imponía anteriormente Don Mariano, todos sonreíamos con benevolencia sus pequeños errores lingüísticos dentro del gran afecto que se ganó tanto entre fieles como infieles.

 Era tan caritativo y de tal fe que sus acciones rayaban en pequeños milagros, una vez que estaba merendando en casa de una señora importante de Trujillo y acompañado del sacerdote Juan Bravo, despidiéndose cuando se marchaba, al llegar a la puerta sonó el timbre, era un pobre pidiendo limosna y Don Ramón se disculpó apenado diciendo que no tenía nada de dinero pero al meterse las manos en el bolsillo de la capa se encontró un billete de mil pesetas. ¡Milagro!, Don Ramón dando gracias a Dios le entregó el billete al pobre que salió corriendo calle adelante no se fuesen a arrepentir. En ese momento llegó Don Juan Bravo diciéndole a Don Ramón que se había confundido de capa… las mil pesetas volaron e imagino que la providencia se encargó de hacer un pequeño arreglo de cuentas.

 Don Ramón siguió ejerciendo el sacerdocio hasta que no pudo con su cuerpo pues el alma no le pesaba nada, acabó en el Asilo bien atendido por las monjas de la Caridad hasta que el 8 de octubre de 2006 fue llamado al disfrute eterno.

 Bien merece que se le reconozca con una calle.
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