LOS JÓVENES

Estoy leyendo lo del viejo centro de salud ‘con luz y taquígrafos’ para que el personal vea una vez más lo dejados que son como ayuntamiento y echan la culpa a los ocupas prefiriendo que hubiesen sido ladrones, así al menos el pecado hubiese sido menor. Que locura.

 Lo triste y anómalo es que los ciudadanos no sientan como suyo los bienes del común, tal vez sea porque el ayuntamiento actúe como amo y señor de vidas y haciendas, haciendo las cosas sin contar con nadie. Tal vez sea por que no hay ningún centro juvenil en Trujillo desde que se cerró el Alfonso Izarra, edificio destinado a los jóvenes que finalmente convierten en palacio de justicia.

 Y así siempre, el sector juvenil al margen y mucho ojo. Yo estoy seguro que los que rompen las farolas de la Villa no se las rompen así mismos, se las dedican al Exmo aunque sea estúpidamente. A los jóvenes les contentan con algún recital rock de vez en cuando y a tragar horteradas que no gustan ni a los adultos. No quiero disculpar al gamberro, simplemente haceros ver lo fácil que es hacer que el vándalo se normalice. A lo mejor les faltan varias explicaciones a muchas cosas de su vida que jamás les llega.

 Nuestra generación fue informada de diversas maneras, a ellos les informa una máquina que nada dice ni de farolas ni de centros de salud abandonados porque esas cosas se maman en casa, los centros de salud cuando mueren se reciclan y los ayuntamientos tienen resueltas estas cuestiones domésticas con centros y actividades en condiciones.

 Todo es una cadena cuyos eslabones han de reflejarse unos en otros, sabiendo cada cual el lugar que ocupa en justicia para no tener que andar buscando culpables a quienes reprimir para quitarse el muerto de su inoperancia e indiferencia. Los jóvenes de Trujillo no son ni peores ni mejores que los de otros lugares lo que les pasa es que están en el más absoluto abandono y así le va al futuro ese que cada vez viene más desastroso.

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