A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES


Son muchas las versiones, escritas y orales, que se vierten sobre el origen del adagio que intitula la columnilla de esta semana. A uno, que es más del chascarrillo quevediano que del engolamiento y enrevesamiento gongorino, le agrada pensar que tiene su origen en el color de las mangas del decimonónico uniforme de los Guardias de Asalto que cuidaban del orden público callejero. Cuando se producía algún altercado o algarada en las calles, desde una pelea navajera a una pelea con el panadero, los Mangas Verdes, es decir los Guardias de Asalto, siempre llegaban los últimos y cuando todo estaba calmado.
Los madrileños, castizos y muy dados a los remoquetes, decían el adagio de “a buenas horas, Mangas Verdes” a todo el que llegaba tarde a cualquier acontecimiento social, religioso o que se terciara. Será cierta o no, pero esta explicación es, cuando menos, pintoresca y graciosa, no se puede negar.



Y es de temer que en muchos acontecimientos, cuando se den por concluidos, tendremos que decir “a buenas horas, Mangas Verdes, cuando aparentemente estén solucionados o nos den una explicación nada satisfactoria, que es lo más probable.
Cuando se comenzaba el puente glorioso y lluvioso de la festividad de Todos los Santos, se produce la gran tragedia del Madrid Arena en el que han fallecido cuatro chicas, excesivamente jóvenes para fallecer, por el aplastamiento de una multitud que huía de sabe Dios qué cosa.
Se han prometido infinidad de informes, se nos dice que se va a llegar al fondo, caiga quien caiga, que las conclusiones de las investigaciones serán contundentes. Pero por ahora sólo tenemos huídas. Unos sacan unos contratos que les excluye de toda responsabilidad mientras muestran documentos que pueden acusar a otros. Los otros miran para otro sitio como si nada tuviera que ver con ellos. Y aquí todo el mundo se escabulle, mientras las pobres chicas han sido enterradas y sus familias han quedado destrozadas. Algún día, no sabemos cuándo, alguien dirá algo. Pero será tan tarde (ya es tarde) y Verdes”.
No han parado los desahucios. Algunos tuvieron el valor de condenarlos abiertamente, entre ellos el obispo Munilla, de la diócesis de San Sebastián quien manifestó abiertamente que las entidades financieras socorridas o directamente rescatadas por el Estado, no podrían tener fuerza legal o moral para ejecutar desahucios. Mientras el cardenal Rouco expresaba su opinión sobre el caso diciendo que rezaba por los desahuciados, que no debieron sentir el menor consuelo. Debieron pasar días para que Rouco, en su homilía de la festividad de la Patrona de Madrid, la Almudena, conminnara a los políticos a llegar a acuerdos que solucionaran tan horrible problema. A buenas horas, Mangas Verdes.
Los jueces no, que quede claro. Los jueces llegaron a tiempo. Incluso el que levantó el cadáver de la tristemente suicidada en Baracaldo, realizó unas espeluznantes y emotivas declaraciones ante los medios de comunicación, que no le correspondían hacer. Pero se mojó y dio la cara, lo que es de agradecer.
Pero es precisamente tras el último suicidio motivado por un desahucio, el de Baracaldo, cuando los políticos se ponen en marcha. Pero son muy sorprendentes las noticias que llegan a la hora de escribir esta columnilla. Seguramente cuando el director la publique, las cosas estarán más claras. De momento, y hasta nos dicen, gobierno y oposición quieren llegar a un acuerdo. Esperemos que comprendan que tienen la obligación de llegar a un acuerdo que termine con estas tragedias de suicidios y familias en la calle.
Las noticias que llegan hasta ahora, no son demasiado esperanzadoras. Los mensajes del gobierno no son muy claros, y los de la oposición, aunque más explícitos, tampoco. Dice la oposición que se deben parar todos los desahucios hasta que se llegue a ese acuerdo, que será en unas semanas. Así, en indefinido. Unas semanas. ¿Doce, quince, cincuenta? De momento, y visto lo que ha pasado, ya les podemos decir eso de “a buenas horas, Mangas Verdes”, y esperemos que mientras se ponen o se quitan las mangas no veamos más suicidios.
Y terminando, que es tarde y llueve. Un diputado socialista de la Asamblea de Extremadura se equivoca y vota afirmativamente para que al funcionariado de la Junta no les abonen la paga extraordinaria de Navidad, y lo consigue el diantre de representante. Imagino a todos los funcionarios corriendo a gorrazos al ínclito diputado por las calles de Mérida. Pero claro, el canelo del voto equivocado presentó sus excusas nada más terminar la sesión parlamentaria. Y esas disculpas, de momento, no sirven para nada. A buenas horas, Mangas Verdes. Ya te digo.
¿Va a seguir funcionando todo así? ¿Llegaremos a tiempo de solucionar tantos problemas como nos aquejan? ¡Cómo nos gustaría escuchar una respuesta contundente y ahora mismo, no dentro de veinte años!

Curro Guadiana

guadiana.francisco@gmail.com


N.B. Por parte del director ha sido un acierto incluir mi correo electrónico en la bajofirma. He contestado a los que me han llegado, sobre todo a los de los discrepantes que son muy interesantes porque invitan a la reflexión.
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