A LA VUELTA LO VENDEN TINTO


Uno, que no es ágil ni de caletre ni de pluma, la pasa canutas para cumplir el compromiso de entrega periódica de esta columnilla. Y mire usted por dónde, que cuando la tiene casi terminada, casi lista para dar al “enviar” del correo electrónico, ocurren tantas cosas que da pena mandar una paparrucha con lo divertidamente trágico que son los acontecimientos que ocurren aquí y ahora (frase autoritaria y pedante de quien quiere dar credibilidad y actualidad al hecho que narra). Pues eso, que duerma unos días lo escrito y vuelta a empezar.
Hace años uno asistió, por pura casualidad, al primer acto presidido por la entonces ministra de Sanidad de un gobierno de Aznar, Ana Pastor, a las pocas horas de jurar su cargo. Claro, el invitado a presidir era el cargo y no la persona. Realmente se mostró como persona sensata, con buen razonamiento, nada apasionada y con los pies en el suelo. Y así ha ido pareciendo. El miércoles comparecía ante un medio de comunicación con una sensatez extraordinaria y ahora como ministra de Fomento: rutas de trenes de mercancías ocupadas dos veces a la semana, carreteras que no van a ningún sitio, rentabilidad de la alta velocidad, aeropuertos inútiles. Todo muy sensato. Todo transcurría divinamente, que diría el gran Luis Escobar. Y mire usté por donde es preguntada por el AVE de Extremadura. ¡Ahí quería verte, escopeta! Pero nada. Que si consultas a Portugal, que si estudios conjuntos, que si por allí, que si por allá. Nada de nada.
El jueves comienza con la comparecencia ante la prensa del Presidente del Consejo del Poder Judicial, Carlos Dívar, tachado, como todo el mundo sabe, de pasarse unos grandiosos fines de semana en Marbella a costa del erario público. Nos dice a todos este buen señor que de eso nada de nada, que eran viajes y almuerzos por función de su cargo. Y que habrá gastos elevados, puede ser, pero eran realizados con cargos públicos y no con los amiguetes. Vamos a ver, con los amiguetes, bocata de calamares y con cargos públicos, establecimientos de muchos tenedores. Estamos bien. Este es el mejor modo de recobrar la confianza de los mercados, de las comisiones europeas, de los fmis y del sursum corda.


Y sigue el jueves con la exigencia de transparencia en la gestión de Bankia. No está mal, piensa uno. A ver si de una vez además sale la Caja de Castilla La Mancha, la CAM, el Banco de Valencia. Y muchos más. Uno, en su ignorancia, comienza a añorar los tiempos en que un gran banco fue intervenido por el Banco de España y posteriormente subastado. Su presidente fue detenido, juzgado, sentenciado, condenado y encarcelado. O tempora! Y no es que se solicite el encarcelamiento de alguien. Es un poner.
Y la guinda la pone de Guindos (un chiste fácil, pero uno no da para más). Nos anuncia este señor que el futuro del euro se juega en dos semanas en Italia y España. Vamos, señor ministros, que nos deja usted tan tranquilos. Esperemos que el árbitro (siempre culpable de todos los males que suceden a los equipos perdedores) nos sea propicio.
Y llega el “bulo de la intervención”, no tan bulo después de lo oído a de Guindos. Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, anuncia que su institución no intervendrá en una crisis que no ha creado. Se refiere a España, claro. Y todos a correr.
El gobierno toca a arrebato. Y es de suponer que también la oposición. Rajoy habla con Merkel, la reinona de Europa, y ella, campechana, suave, con las mismas cualidades de Platero porque es de acero por dentro, pide confianza en las medidas tomadas en España y su recuperación. ¿La harán caso también esta vez o perderá credibilidad por hablar de España?
La vicepresidenta Sáenz de Santamaría corre que te vuela e EE.UU a entrevistarse con la directora del FMI, Christine Lagarde, que parece señora seria y elegante, y arranca de ella una declaración en la que indica claramente que lo de la intervención es un bulo.
Todo esto es un sobresalto, un sin vivir, un sin dios. Menos mal que hay gente sensata como Durán Lleida, que el viernes dice que los políticos deberían irse dos meses de vacaciones por el bien de nuestra economía.
Vamos corriendo. Hagamos caso a Durán, aunque no seamos políticos. No esperemos a nada, no siendo que nos intervengan la taberna de abajo y se reviente la tertulia. Bien cantaron los sabios goliardos alemanes ellos, como Merkel: “In taberna quando sumus, / non curamus quid sit humus, / sed a ludum properamus, / cui semper insudamus.” Es decir, a vivir que son dos días. El que pueda, claro, y no haya sido intervenido. Que a la vuelta lo venden tinto.

Curro Guadiana
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