CARTA URGENTE



Tú no lo recuerdas. Los malos tratos con que nos obsequia el paso del tiempo sin pedírselo, te han borrado la memoria, que tan importante fue en tu vida. Hemos dado en llamarlo “demencia senil”, como si sólo los años fueran la causa de tu actual desmemoria, como si nada tuvieran que ver los desvelos pasados por sacar a flote a tus dos hijas, como si nada hubiera influido en tú ánimo los sufrimientos de tu esposa en su dolorosa enfermedad y su posterior fallecimiento, como si los madrugones para ir a trabajar a la obra no hubieran mermado tu físico, tu moral, tu ánimo.
Tú no lo sabes. Pero tus hijas lo están pasando mal. Ellas y sus maridos están en paro. Sus hijos, uno de cada una, no encuentran trabajo. Y la cosa se pone peor. Tu hija pequeña no ha podido pagar el alquiler y las dos hermanas con sus familias y sus hijos se han unido en una sola vivienda. Así van tirando, evitando gastar un euro de más de lo estrictamente necesario. Quizás el mayor gasto que hagan es el del transporte que tienen que coger para ir a visitarte a la residencia.
Y cuando están contigo, te miran una y otra vez. Te observan, te acarician, te cogen la mano. Y, sorpresivamente, algunas veces sonríes cuando todos habían perdido la esperanza de que pudieras reconocer a las personas que siempre han estado más cerca de ti.


Se quedaron muy satisfechas cuando consiguieron ingresarte en una residencia asistida de la Generalitat. Ibas a estar bien cuidado, sin duda, por manos mercenarias, pero bien cuidado. Ellas no podían. Lo deseaban con toda su alma, pero tenían que buscarse la vida limpiando escaleras, sirviendo cafés en un bar del barrio. Como podían. Como tú, tenían que sacar a flote a sus hijos.
Y es cierto, estás bien cuidado. No te falta lo más esencial. No te falta el alimento, la higiene, algunas terapias lúdicas que te sacan de la butaca en la que te apoltronas. Y no se olvidan de tus horas de comida, de la visita del médico, de la rehabilitación de tus músculos y huesos.
Y está mañana, cuando menos lo esperaban, tus hijas han recibido la llamada de la directora de la residencia. La noticia era terrible. La Generalitat no tiene dinero para abonar a la residencia los costes de tu estancia y tus tratamientos. O abonan ellas la mensualidad o te recogen para cuidarte en su casa.
No tenían más opción que recogerte, porque sus ingresos no dan para costear una residencia que te habías ganado a pulso durante tantos años de esfuerzo, de trabajo, de desvelos, de envejecimiento que te ha costado la memoria, la inteligencia, la libertad.
Vas a volver con tus hijas, que te cuidarán con todo el cariño, con todo el mimo. Pero no con tanta profesionalidad como te cuidan las manos mercenarias que este mes se han quedado sin sueldo.
Vas a ser feliz porque no te vas a enterar, porque vives en la felicidad del ignorante. Te deseo que vuelvas pronto a la residencia.
Y pido perdón al Gran Quien Sea por desear a los que han malgastado tu dinero, nuestro dinero, que se pudran en la más húmeda de las mazmorras situada en el punto más lejano del universo mundo, que ya no es tu mundo, sino que es del que más trinca y del que nunca ha pensado en ti.  
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