¡CAUDILLO!


Uno ha andado dando vueltas al sentido etimológico del término que encabeza la columnilla de esta semana. No contento con la definición del DRAE (capitellus), que no es palabra de santo, volvió al profuso Julio César que siempre utiliza el término dux. Es decir, guía, jefe; príncipe, emperador; caudillo, cabecilla. No en vano Mussolini era llamado Duce, y nadie mejor que los italianos para adaptar el latín en desuso a su idioma moderno.
Todo este peñazo de reflexión lingüística, bastante elemental por cierto, se hacía uno tratando de averiguar aquello que pretendía Arturo Mas con el adelanto de elecciones y su profundización en los sentimientos nacionalistas. Estos dos puntos quedan claros. Lo lógico es que un político quiera permanecer mucho tiempo en el poder si la ley se lo permite, y con el adelanto Mas estaría gobernando seis años al menos. Y lo del nacionalismo, próximo al paroxismo, mostraba su intención de pescar votos en el charco ajeno de los nacionalistas más históricos. Hasta aquí es impecable en la técnica electoral.
Pero no ha salido bien. Resulta que los catalanes son nacionalistas, e incluso separatista. De hecho, los partidos nacionalistas (CiU, ERC, ICV y CUP), aunque proponen distintos sistemas para alcanzar la autodeterminación, han obtenido 87 diputados, casi el doble de representantes que aquellos otros que abogan por permanecer en el Estado español. Pero el electorado no se equivoca, y en lugar de dar su confianza a un nuevo nacionalista radical advenedizo, como Mas, se la otorga a otros partidos más tradicionalmente nacionalistas. Mas se ha equivocado de sitio como técnica y práctica electoral.
Y he aquí que comienza el peor paso en falso que, electoralmente, podía dar Mas. Aprovecha sus mítines para comenzar su camino, equivocado a todas luces, hacia el martirologio. Copiada a la letra, esta frase, pronunciada por el protagonista de esta columnilla, es más que significativa: “Espero que yo sea el último presidente de Cataluña al que el Estado español, de forma sucia, lo intente destruir, porque el próximo ya no dependerá del Estado español y ya no lo podrán destruir”.
Mas se sitúa en un insoportable caudillismos del “todos contra mí” del “yo soy Cataluña y el que está contra mí, está contra Cataluña”. Y es, precisamente, esa derivación de una posición separatista hacia la otra más radical de convertirse en el caudillo único del separatista la que le conduce irremediablemente al comienzo del fracaso que se había de consumar en las urnas. Ya está dicho, han ganado los separatistas, los que desean, pero de otro modo, “la consulta” a la que nunca han llamado refrendo. Y se debe considerar que “la consulta” puede ser o no vinculante, que está p
or ver.


Mientras los demás nacionalistas, y después de las elecciones se está viendo, hablan de la consulta de otro modo, Mas ha hablado de “su consulta”, de ser el caudillo de la “consulta”. Y cuidado, no confundamos “caudillo” con líder. Líder es la persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora. Y eso es precisamente lo que rechaza Mas, al grupo, para acaudillar a todos los componentes de una nacionalidad con sus características peculiares. Este último no es un líder, es un caudillo.
Más iría más lejos. Solicitó expresamente “una mayoría absoluta excepcional”. Lo de obtener una mayoría absoluta en unas elecciones es la aspiración de todo político que desea esa mayoría para gobernar poniendo en práctica un programa de gobierno. Pero lo de excepcional es otra cosa. La excepcionalidad de una mayoría absoluta es la aspiración máxima al poder absoluto para gobernar con el absolutismo más descarado sin tener en cuenta nada, puesto que la excepcionalidad de la mayoría otorga un poder absoluto excepcional, execrable en una democracia. Quizás una observación del poder democráticamente absoluto de Hugo Chaves nos dé una idea. El que encarna el poder con una mayoría absoluta excepcional, es el caudillo, es el dictador, es el que impone su voluntad al pueblo sin miramientos. Julio César lo tenía muy claro.
Los votantes catalanes lo han entendido muy bien, no han querido caudillos, han retirado su confianza a Mas que ahora, según parece, tendrá que gobernar a golpe de votaciones parlamentarias porque nadie quiere el pacto de gobierno. El PSC no está para pactos. ER quedó escarmentada del Tripartito y de los desmanes de Carod. Y Mas se ha quedado solo con los votos insuficientes por no haber obtenido la mayoría absoluta y menos excepcional que anhelaba.
Acabamos de recibir una explícita lección de lo que no debe ser un demócrata.
En anteriores tiempos se contaban cantidad de chascarrillos de Franco. En uno de ellos se representaba a un alcalde de un villorrio que había sido recibido en audiencia. El alcalde, en su ignorancia, se dirigía a Franco llamándolo “don Claudio”. Terminada la audiencia fue preguntado por tal tratamiento y el alcalde contestó que le daba apuro llamar a Franco “Claudillo”.
En Claudillo se ha quedado Mas, ni siquiera en don Claudio.

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