FELIZ NAVIDAD TODO EL AÑO


Con la Navidad se ha hecho un despliegue de voluntarios de la acción social realmente admirable. Multitud de jóvenes visitan residencias de la tercera edad alegrando un momento a nuestros mayores con cantos de villancicos. Y por el contrario, son muchos los jubilados que están engrosando el voluntariado de comedores sociales, lo que mejor saben hacer porque han cuidado a sus hijos y ahora cuidan a sus nietos como continuación de la ayuda y entrega que ya dieron a sus hijos
Se están haciendo en diversos medios, sobre todo en redes sociales, dignísimas campañas para que los regalos navideños se realicen en tiendas locales que soportan el IVA en un acto heroico de sobrevivir a la situación, o incluso de realizar ese gasto en los establecimientos, reales o virtuales, de comercio justo. Y nada más lejos de mi intención la de denostar a las grandes superficies que también realizan esfuerzos encomiables en situación tan delicada.
En realidad, todos los que andamos metidos en la cosa de las INL’s (Instituciones no lucrativas), vemos como de dos años a esta parte ha crecido notablemente el número de voluntarios que en un esfuerzo impagable realizan una actividad a favor de los más desafortunados en la cruel crisis que nos azota despiadadamente. Y quede claro, por los párrafos que siguen, que estoy alabando a las acciones de voluntariado y sus resultados. Estoy convencido de que muchas acciones humanitarias necesarias y urgentes no pueden realizarse sin una acción seria y formada de los voluntarios. Y, sobre todo, comprometida.


No debe utilizarse el voluntariado para acciones, incluso humanitarias, que deben resolver otras instancias, y mucho menos para que los voluntarios resuelvan trabajos que deben resolverse mediante trabajos asalariados evitando así adelgazar las demasiado gruesas cifras del desempleo. Es para estremecerse oír decir a una alcaldesa de una gran ciudad que para dar algunos servicios públicos tendría que recurrirse al voluntariado. Afortunadamente dio marcha atrás y no se le ocurrió volver a hablar del asunto.
Pero es cierto también que muchas acciones sociales que llevan a cabo las INL’s no se podrían realizar sin voluntariado. Las INL’s están sufriendo la crisis como cada hijo de vecino. Las subvenciones y donaciones se han visto reducidas en porcentajes asombrosos. Piénsese que sólo la desaparición de las obras sociales de las cajas las ha privado de 12 mil millones de euros en donaciones. Y añádase la bajada en las cantidades de subvenciones oficiales. Y ambas ayudas han desaparecido cuando más falta hace.
Pero no hay mal que por bien no venga, aunque el adagio tiene mucho de mentira. La falta de fondos ha llevado a la desaparición de algunas INL’s de poca acción y mucha mamandurria de gente que utilizaba su institución como un modo de vida bajo el pretexto de la acción social.
Y he aquí la pregunta clave que en cada encuentro que tenemos nos realizamos en el seno de las INL’s. ¿Es nuestra misión sustituir al Estado en alguna de sus obligaciones? Lógicamente esta pregunta viene a raíz desde que el Estado se ve impotente para cubrir necesidades elementales de sus ciudadanos como vivienda, vestido y alimento.
Generalmente la INL’s hemos cubierto necesidades absolutas que el Estado no tenía que cubrir, e incluso cubríamos necesidades en el mal llamado Tercer Mundo. Pero no es el caso actual. Las INL’s estamos dando de comer al hambriento, dando posada al peregrino, enseñando al que no sabe, consolando al triste, vistiendo al desnudo. Y fuera de las obras de misericordia estamos adquiriendo libros de texto para los escolares que no pueden adquirirlos, atendiendo enfermos excluidos de la sanidad pública, ayudando a los mendigos sin hogar, arreglando papeles a inmigrantes, graduando vista a los que no tienen acceso al oftalmólogo…
Es decir: hemos abandonado nuestros objetivos primigenios para adaptarnos a la situación social actual haciendo un gran esfuerzo porque sea Navidad todo el año. Y cubriendo necesidades de nuestros semejantes que debía cubrir el Estado.
Feliz Navidad para todo el año, y que nos sigamos encontrando a pesar de los malos augurios mayas.

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