HASTA LA HUELGA QUE VIENE


El derecho al trabajo y el derecho a la huelga, ambos reconocidos y consagrados en la Constitución, pueden verse desvirtuados en cuanto a la dignidad del trabajo que se ejerce y en cuanto a la efectividad de la huelga celebrada. Mientras que el trabajo puede ser constante como medio de subsistencia, caso raro en nuestros días, la huelga como arma de reivindicación social se extingue en el día mismo de su celebración si no se consiguen los objetivos propuestos.
Resulta bastante difícil medir la eficacia de una huelga y los indicadores que nos proponen para medir esa eficacia, o por mejor decir el éxito, son bastante inexactos y, en ocasiones, confusos y marrulleros. La sempiterna y constante guerra de cifras de participación no hace sino generar confusión y que cada cual, los proclives y los contrarios, traten de llevarse el gato al agua frivolizando así una acción que más o menos participativa es de importancia.
Un indicador más que manido e inexacto es el del consumo de energía eléctrica durante la jornada de huelga. No hay duda de que el consumo eléctrico de la industria es enorme. Pero si fuera un indicador exacto tendría que dar tal bajón que pareciera que todo un país había estado, al menos durante un período de tiempo considerable, en la más absoluta oscuridad. No parece que valga.
Todo indica, y no se puede negar, que el éxito de una huelga depende en gran medida de la paralización del transporte. El parón del transporte público en las grandes y medianas ciudades impide a los no huelguistas acudir a su puesto de trabajo. El transporte ferroviario retrasa o anula multitud de operaciones, y bien que sufrí el parón ferroviario de larga distancia. Y por último, y punto clave, debe ser el parón del transporte de suministros aunque sus efectos se mitigan notablemente transportando con tiempo y días antes esos suministros con el fin de no dejar desabastecidos los mercados, hospitales, establecimientos de restauración, etc.
Estos serían buenos indicadores, pero que nadie facilita. Sería bueno saber la cantidad de energía eléctrica que normalmente consume el ferrocarril de larga y corta distancia y su consumo en la jornada de huelga. Del mismo modo, no estaría de más conocer los consumos de gasoil de los vehículos de transportes, tanto pequeños como de gran tonelaje. Y siguiendo esa línea, no estaría de más tener datos sobre las personas que habitualmente utilizan el transporte público y durante la huelga, el aumento o disminución del uso del transporte privado o escolar. Todos estos datos, desconocidos, nos darían una fotografía aproximadamente exacta.


Conocer con más o menos exactitud el cierre del pequeño comercio a pie de calle, sería otro indicador estimable. Porque este comercio cierra temporalmente ante la presión de los piquetes informativos / coactivos, pero ante la retirada de éstos vuelven a su actividad normal como profusamente nos muestran los medios de comunicación.
Los mensajes propagandísticos lanzados en la convocatoria de huelga, deben ser concretos, expresando el motivo y objetivo de su celebración. Deben expresar con claridad el objetivo principal, si bien puede haber otros objetivos secundarios. A medio plazo nos puede servir para medir si se ha conseguido ese objetivo y según su incumplimiento o su grado de incumplimiento sabremos el éxito de la huelga.
En la que hemos vivido hace unos días, los mensajes han sido confusos y variopintos. Se comenzó reivindicando la retirada de la reforma laboral y se terminó pidiendo un refrendo sobre los ajustes económicos, también llamados recortes. Y todos sabíamos que los convocantes, los sindicatos o sea, van a aplicar esa ley de reforma laboral para reducir sus plantillas y que el refrendo no se celebrará porque todos los recortes no vienen impuestos desde Europa, con mucho amor y mucho cariño. Que por aquí, nada de nada.
Las manifestaciones celebradas al concluir la jornada de huelga, son otro cantar. Todo un éxito, exceptuando aquella que celebraron en la plaza de Neptuno los que supuestamente pretenden rodear la sede del Parlamento. Aunque no podamos discriminar los asistentes a las manifestaciones que hicieron o no huelga, fueron un éxito. Pero con características propias. Fue muy manifiesto que cuando comenzaron los discursos, excesivamente rancios y largos, de los líderes sindicales, los manifestantes si iban cada uno por su sitio. O al menos eso se observó claramente en la plaza de Colón en Madrid.
Claro, que si una huelga no es un éxito, en unos meses se convoca otra, y listos. Y cuando se convoca huelga tras huelga, deja de ser huelga para ser otra cosa.
Desde el sector contrario a la huelga se dijo una y mil veces que era una huelga política con intención de hacer caer al gobierno. Ciertamente, es difícil discernir las intenciones ocultas. Si esa era la intención de los convocantes, hubiera bastado con que el lema dijera algo así como “Por la disolución del Parlamento y el adelanto de elecciones”. Ahí le has dao. La claridad no ha sido precisamente la nota característica de esta huelga.
Y visto lo visto, son convocarán más huelgas, a las que no soy contrario porque la Constitución así lo contempla. De modo que hasta la próxima huelga si Dios quiere, que no tiene porqué no querer.

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