LA POBREZA QUE VIENE


Las cifras son tozudas. Se pueden interpretar de un modo u otro, de derecha a izquierda, de arriba abajo. Pero serán las cifras.
Podrán disimularse, adornarse, vestirlas de lagarterana o de aragonesa. Pero son las cifras. Podrán disminuir levemente las cifras del desempleo, como afortunadamente ha ocurrido, pero poco consuelo es para los miles, más de un millón, de parados que no perciben ningún subsidio y que deambulan diariamente buscando un trabajo. Podrán decir que la protección a los jubilados y su pensión están aseguradas, pero han perdido poder adquisitivo por la pertinaz congelación de la cantidad a percibir, y además ven próximo el copago farmacéutico, se les avecina el copago por asistencia médica y tienen una retención de IRPF que puede ser devuelta por la Hacienda Pública con más de un año de retraso y sin intereses, y que además, con su humilde pensión, ayudan a sus hijos y nietos a pasar el trago. Podrán poner flores a las cifras de desahucios por imposibilidad del pago de la hipoteca, pero cada día cientos de familias se quedan en la calle. Podrán alabar y condecorar a Cáritas y otras organizaciones humanitarias, pero sus comedores sociales están abarrotados, y los Banco de Alimentos que en otros tiempos eran su salvación tienen sus estanterías vacías.
Y ahora nos viene otra cifra trágica. UNICEF nos dice que cerca de dos millones doscientos mil menores (así como suena) viven en situación de riesgo. Incluyen en este maldito nivel a familias de cuatro miembros que perciben anualmente menos de once mil euros, es decir, algo más de novecientos euros al mes, si la hoja de cálculo no se ha equivocado. Más detalle: algo más de doscientos euros por miembro de la familia. Y están en alto riesgo de perder vestido, alimento, educación y vivienda, como necesidades elementales.
Se trata de la pobreza actual. El futuro también será pobreza, y por muchos años. Y también pueden poner un ramo de flores a esta realidad para adornarla cuanto quieran.
Y es que las cifras y la realidad son contundentes. Y sólo es necesaria una sencilla reflexión sobre los parados para saberlo. No hace falta ser adivino ni consultar a los mágicos augures del futuro.
A ello. Lamentablemente los despidos están afectando a personas mayores de cincuenta años, que tienen pocas o nulas posibilidades de incorporarse a un trabajo remunerado por el que puedan realizar las cotizaciones necesarias para llegar a obtener una jubilación mínimamente digna. Todas estas personas tendrán un subsidio de desempleo de dos años, o pocos más. Y tendrán que subsistir con la ayuda correspondiente. Les llegará la edad de la jubilación y computarán esos últimos años escasamente cotizados para asignar la cantidad final a percibir. Esa cantidad será la de una pensión apenas de subsistencia. Con lo que se cierra muy ampliado el círculo de la pobreza que viene y que ha comenzado durante los últimos años.
Los jóvenes, igualmente, tienen pocas posibilidades de encontrar un trabajo y se enfrentan a un aumento de años cotizados para conseguir un subsidio de jubilación.
Y al final resulta que como esto no tiene una solución rápida, la pobreza de hoy se extenderá por muchos años con unas ridículas pensiones de jubilación. La pobreza de hoy es exactamente la pobreza que vendrá en el futuro.
Y a ver si desde los poderes, todos los poderes, dejan de mirarse al ombligo y pisan con los pies en el suelo.

Curro Guadiana
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