MECENAZGO


El borrador de una nueva Ley de Mecenazgo ya está escrito. Parece ser que pronto pasará los trámites necesarios y que a finales de año estará lista. Y según todos los indicios y los textos vistos, no vamos a negar que tiene buena pinta. Claro, que mucho esperábamos de la Ley de Fundaciones de finales de 2002, y luego añadió poca cosa al funcionamiento de esas mismas fundaciones, que en aras de su transparencia han tenido que elaborar sus códigos de buen gobierno para cumplir con una gestión honesta no prevista en la ley. Y para colmo de desgracias, cada Comunidad Autónoma promulgó sus leyes y reglamentos sobre la cosa que dejaron tantas lagunas como fundaciones hay, y son multitud.
Pero vamos, que el borrador de la nueva Ley de Mecenazgo tiene buena pinta en varios aspectos indispensables para el fomento del arte y de la cultura.
Es muy importante, para que sea efectiva, el sistema de desgravaciones fiscales que concede al mecenas, que, según se ve, puede animar al crecimiento del mecenazgo y se aproxima bastante a los sistemas francés e inglés. Pero no nos engañemos. El ministro Wert (algo tiene que hacer bien) pretende que en una época en la que el dinero de las administraciones públicas se retrae en el mecenazgo, sea el capital privado el que cubra esas carencias. Y sigamos sin engañarnos, si los mecenas a través de su acción dejan de abonar al Estado ciertas cantidades impositivas, es ese mismo Estado el que indirectamente realiza el mecenazgo. Que tampoco está mal.
Claro, que mover el mecenazgo tiene su gran polémica. Hay incluso quien niega la existencia al mecenazgo y sus leyes y defienden su desaparición.

Adalid de esta postura es Antón Reixa, flamante presidente de la malhadada SGAE, que aboga por la abolición del mecenazgo esgrimiendo argumentos tales como que hay que defender la libertad de los creadores y el concepto de industrias culturales. Añade que el mecenazgo es una idea rancia y con olor a naftalina.
Poca cosa es esta columnilla para negar u oponerse a las ideas, nada novedosas, de tan egregio señor, y sobre todo porque incide en una controversia abierta desde antiguo en todos los ambientes profesionales del mecenazgo. Así que en lugar de las ideas, iremos a los conceptos, que quizás sea más útil y sirva de ejemplo al director de La Opinión para que no sea tan rácano con los estipendios del plumilla que embadurna estos folios.
La pregunta a la primera cuestión que plantea Reixa se reduce a: ¿pierde el creador libertad por recibir un dinero procedente de un mecenas para ejecutar su obra? En principio parece que sí, así, sobre el papel. Pero la realidad niega la mayor. El mecenas, por lo general, exige presencia de su empresa o marca en algún lugar de la obra, y justo es obtener un retorno publicitario o de imagen de una cantidad invertida. No lo podemos negar. Pero el mecenas no suele pagar por obra conclusa, sino por planes de obra que previamente son estudiados por expertos en el tema. A partir de ahí, se establecen unos plazos de pago al creador, aunque siempre el más principal de realiza con la obra terminada. Es decir, que el creador presenta el plan de obra que quiere y el mecenas acepta los que le parecen buenos. Otra cosa es que el creador trabaje por encargo, en cuyo caso las imposiciones pueden ser de todo tipo. Evidente, muchos de los socios de la SGAE están más acostumbrados a la subvención que al mecenazgo, y son temas muy distintos. La subvención se obtiene, y muchas veces bajo recomendación, y el mecenazgo se gana por méritos y confianza en el creador.

Es mejor no entrar en lo de la naftalina. Demagogia pura de fácil respuesta. Pero sí en las industrias culturales. La industria cultural funciona como una empresa, y el deseo de sus inversores es obtener beneficios, y mediante el arte y la cultura los beneficios sólo llegan a través de la excelencia. Pero si se refiere como industria cultural a esas editoriales que publican libros con títulos tales como “El secreto inconfesable de los Templarios”, tiene toda la razón, aquí hay sólo ánimo de ventas. Pero si se refiere a industrias que organizan eventos como Photoespaña (el mejor festival fotográfico de Europa) o el Festival Ñ, auténtico encuentro de autores, editores y lectores, se equivoca de medio a medio. Y estos dos grandes encuentros se realizan gracias al mecenazgo.
Ahora habría que escribir del novedoso sistema de micromecenazgo. Pero tendrá que ser en otra ocasión. Se termina el espacio que me conceden. Hasta en el espacio es rácano el director. A ver si encuentra un mecenas para esta columnilla y me abona los atrasos, aunque me malicio que anda más entretenido buscando mecenas para cierta coral.

Curro Guadiana
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