MERITOCRACIA


Desde esta columna se han criticado los recortes en educación basados, en parte, en la subida de tasas académicas. Y del mismo modo se ha defendido el mantenimiento del sistema de becas. Pero todo ello exige matizaciones, más de orden práctico que económicos.
El sistema de tasas académicas, salvando lo que haya que salvar, era indiscriminado y uniforme. Es decir, todos, o casi todos, pagaban las mismas tasas por matricularse en una misma carrera y universidad. Bien es cierto que con el sistema modificado hay una injusta subida indiscriminada, que afecta a cualquier alumno sea la que sea su condición económica. Pero también es cierto que penaliza a los repetidores impenitentes. Pero esta penalización generalizada con la subida indiscriminada, no debe afectar a multitud de alumnos cuya situación económica se verá gravemente afectada. Muy al contrario, se debe propender, para ellos, a la educación universal y gratuita.
Del mismo modo, el sistema de ingreso en una facultad concreta, está absolutamente fuera de lugar. La nota exigida en selectividad para ingresar en una carrera técnica es muy superior que la exigida para ingresar en una facultad de letras o humanidades. Eso es totalmente discriminatorio porque presupone que un filólogo será un profesional menos cualificado que un teleco, por definición y desde el principio.
Y ese es el principio que se está estableciendo con un sistema de becas basado en la consecución de unas notas mínimas o satisfactorias para acceder a una ayuda. Una vez establecidas unas condiciones económicas del solicitante, ¿estarán las notas exigidas en relación con la carrera cursada? Si se sigue la normativa de selectividad, se exigirá más nota a un estudiante de teleco que a otro de filología. Y si se sigue el sistema contrario se exigirá menos notas al teleco, por ser carrera más complicada, que al filólogo, que aparentemente es titulación más asequible y fácil de obtener.
Por lo general, el sistema de concesión de becas ha seguido una normativa basada en la meritocracia, conjugada a duras penas con una situación económica. Parece ser que los méritos académicos a conseguir serán más elevados que los actuales, lo que supondrá que alumnos que ahora obtienen becas, no las conseguirán. La solución será estudiar más. Que no está mal, pero complica las cosas enormemente. Y, sobre todo, no propende a la enseñanza general y gratuita.
Pero hete aquí que en esta compleja concatenación de circunstancias, si así fueran, se complican más las cosas. Nadie ignora, y los que menos los profesionales de selección de personal de las empresas, que las titulaciones obtenidas en una universidad son más valoradas que las obtenidas en otras. Lo que se simplifica diciendo que en unas universidades hay mejor enseñanza, mejor docencia y mayores exigencias académicas que en otras. En un grado de meritocracia superior y más difícil de solucionar.
Ante toda esta problemática parece ser que a la gente de la calle sólo nos queda paciencia y barajar hasta ver qué sale de toda esta maraña. Pero no debemos olvidar que en el período universitario no podemos hablar de “educación”, como es lo habitual, sino de “formación”, porque la obligación de las universidades no es preparar perfectos tecnócratas, sino formar a las personas en su integridad con una profesión determinada.

Curro Guadiana
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