QUEJAS


La ventaja de tener buenos y viejos amigos es que nos vemos un par de veces al año y nos podemos contar logros, fracasos y proyectos que llevamos encima y que desconocemos el uno del otro. Y otra ventaja añadida: que el día siguiente no nos veremos y no tendremos que esconder la cara de vergüenza por las imbecilidades dichas.
Eso me ocurrió no hace muchos días con un amigo. Agustín y yo nos conocemos hace muchos años. Desde nuestros tiempos de bachillerato, y debe tenerse en cuenta que casi somos condiscípulos de don Antonio Cánovas del Castillo y que Marco Tulio Cicerón no nos queda tan lejos. Nos citamos a cenar en restaurante conocido, modesto pero no bullicioso, de cocina esmerada pero muy casera y elemental.
Pues armado de valor, comenté con Agustín que dadas las facilidades de internet, estaba planeando, ingenuo de mí, crear una página de quejas. Mi amigo es proclive a las disquisiciones y me inquirió, con agrio humor, cuál sería mi concepto de queja. Tuve que defender mi teoría como si de una tesis doctoral se tratara. La queja, argumentaba, es una especie de suave lamento que no espera respuesta ni propone una solución. Simplemente, realiza un enunciado de algo que nos ha molestado y no tiene ninguna pretensión programática. Y me pidió ejemplos.
Nos quejamos, le dije, del mal funcionamiento de la sanidad pública, aunque conocemos de sobra que, como en todos sitios, hay buenos y no tan buenos profesionales, personas más simpáticas y personas menos simpáticas.
Nos quejamos de no entender el recibo de la luz, pero sólo nos queda pagarlo religiosamente porque de lo contrario nos cortan el suministro.
Nos quejamos de la mala programación de las teles, pero no desintonizamos los canales basura.
Nos quejamos de la cutrez de algunos espectáculos, pero las salas siguen llenas.
Nos quejamos del ruido nocturno de algunos vecinos, pero no osamos denunciarlos.
Curiosamente, mi amigo me observó que en los ejemplos que ponía estaba incluida la solución. Eran quejas programáticas, protestas en definitiva, quizás reclamaciones, pero en ningún caso quejas. Mi amigo no maneja internet, se resiste de plano a las nuevas tecnologías, por lo que hube de replicarle que cada entrada en esa página tendría una contestación mía que consistiría en eso precisamente, en dar salida a la queja para convertirla en protesta.

Así andábamos cuando llegó la hora de pagar la cuenta de la cena. Mi amigo, solícito, me pidió que me dejara invitar y tiró de tarjeta bancaria que el camarero, solícito se llevó.
Al instante acudió a nuestra mesa Lázaro, el dueño de restaurante, también viejo conocido, con la tarjeta de mi amigo en la mano.
- Disculpe, don Agustín – dijo solícito Lázaro a mi amigo –. Con seguridad no ha reparado de que en la puerta del establecimiento hemos puesto un cartel en el que puede leer que no admitimos tarjetas de crédito.
La extrañeza de mi amigo no puede ser descrita, y como era de esperar solicitó una explicación.
- Verá usted – explicó Lázaro –, con los tiempos que corren hemos tenido que bajar los precios de nuestro menús, nos han subido el del género y nuestro margen es escaso. Si le cobro con tarjeta, el banco se va a llevar un buen porcentaje de su factura y para seguir teniendo las mismas ganancias hubiera tenido que cargarle. Además su banco le cobra una importante comisión por su tarjeta. ¿No cree más razonable – preguntó Lázaro – que el porcentaje del banco me lo quede yo y la comisión de su tarjeta se la quede usted dado que el género es mío y el dinero es suyo?
Ambos nos quedamos perplejos ante un razonamiento tan contundente basados en unos conceptos muy elementales, pero ciertos, de economía. Sin saber qué responder, mi amigo tiró de billetes y abonó la cuenta de la cena.
Despidiéndonos en la calle, mi amigo no tuvo mejor ocurrencia de darme una recomendación.
- Procura que esa página de quejas en la que estás pensando sea al menos tan razonable como los consejos de Lázaro – decía burlón –. Como ves, Lázaro piensa que una familia no se administra como un país. Él no quiere dar dinero a los bancos. Nuestro gobierno se lo da a manos llenas. Ahí tienes, te regalo la primera queja para tu página.samente, mi amigo me observó que en los ejemplos que ponía estaba incluida la solución. Eran quejas programáticas, protestas en definitiva, quizás reclamaciones, pero en ningún caso queja
Dejaré la página para mejores días y me dedicaré a no regalar comisiones y troche y moche.

Curro Guadiana

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