REDES SOCIALES. INDIVIDUO Y SOCIEDAD.


A estas alturas del partido parece inútil hablar del novedoso –novedoso por lo breve de su historia, pero no tanto por la velocidad de su evolución– influjo en la sociedad y el individuo que han producido las redes sociales. Del mismo modo, parece inútil volver a incidir en los conceptos de individuo y sociedad, incluidos en todas las teorías e ideologías con muy diversos sentidos, pero casi todos ellos reconciliables.
No cabe duda, y la historia del pensamiento lo tiene bien estudiado, que el individuo propende por naturaleza a pertenecer a una tribu, a un colectivo social más amplio o más reducido, y que irreductiblemente esa propensión aumenta a medida que evolucionan el individuo y los grupos a los que pertenece o no pertenece.
El individuo caía en su correspondiente grupo o tribu casi por azar, por destino. Así, ha venido formando parte de una familia, el colectivo de una ciudad o, incluso de una nacionalidad. La globalización ha venido a romper estos esquemas, que ahora nos parecen elementales, y el individuo, por necesidad social y económica, se convierte en europeo, dentro de Europa queda incluido en la zona euro, y así hasta cuantas colectividades queramos crear.
Y nos podemos preguntar si esta pertenencia amplia y casi ilimitada que el individuo vive sin salir de su entorno más inmediato, aporta más o menos libertad de pensamiento y de acción, porque en definitiva es de lo que se trata: de pertenencia, no de dominio de unos grupos sobre otros. Mientras que la pertenencia – aún obligada – sería más signo de libertad, el dominio – que parece imponerse por motivos económicos – es más signo de sometimiento. Es decir, que la unidad, como pertenecer a la Unión Europea, es un poner, no sólo significa pertenencia, que sí, sino sometimiento, que también. Y no es que uno defienda el aislamiento ante la comunicación necesaria.


No son ajenas las redes sociales a la pertenencia a una tribu, a un colectivo. La diferencia es que esta nueva pertenencia es totalmente voluntaria y elegida, mucho más teniendo en cuenta la variedad de redes que existen y la diferente tipología entre ellas.
Pero lo más importante de las redes, de esta novedosa tribu, es el uso que se hace de ellas, y las conclusiones que otros puedan obtener del uso que da cada cual a esas redes, aunque centre sólo mi reflexión en la libertad que puedan conferir a sus suscriptores o, por el contrario, en la libertad de que pueden ser privados. Desde luego, y demos por sentado, que las redes no confieren a las cuentas y perfiles toda la confidencialidad que parece o prometen.
Las redes suelen ser muy potentes, si son bien utilizadas, para promocionar o publicitar un negocio, real o virtual. Pero doy por sentado que son muy pocos los negocios que se montan en Internet. Es fácil que una gran marca, con tiendas con puertas a la calle, intente vender por internet, incluso con éxito. Pero eso no es un negocio, es un canal más de venta.
Los negocios montados por internet y que se basan (no se apoyan) en redes son, cuando menos, conspicuos. Y uno de ellos, repetidamente premiado y montado por unos emprendedores, está fundamentado en la selección de personal encargada a un tercero por las empresas. Y es un proceso sencillo, pero sibilino. Cualquier aspirante a un trabajo, entra “libremente” en una web determinada. Una vez inscrito, pasa gratuitamente un completo test diseñado por una prestigiosa universidad. Este test tiene dos sentidos: decir al interesado aspectos de su carácter que debe corregir (por ejemplo, mostrar más sentido del humor) y aporta al negociante el puesto de trabajo en que puede encajar el aspirante. Ambas partes de acuerdo, el solicitante facilita las direcciones de las redes sociales en las que interactúa, y el seleccionador las visita y examina detenidamente y observa los “me gusta” conferidos a sus amigos, a otras páginas, comentarios, etc. Y obtiene una radiografía completa del aspirante. Vamos a ver, si la privacidad de las redes es dudosa, ahora no sólo no es dudosa sino que además tiene un gran hermano vigilando. Se terminó el curso de “Cómo hacer un curriculum efectivo”, ya lo están haciendo por el aspirante, que ha entregado toda su libertad y privacidad en aras de un posible empleo.
Pero esto va más lejos. Cuando una empresa solicita un trabajador concreto, este intermediario vigilante de perfiles, da unas características de los candidatos obtenidas de sus perfiles. Vamos, la vigilancia es máxima. Pero hay más. Con esas características facilita también a la empresa las direcciones de perfiles de todos los aspirantes. Y como es lógico, el técnico de Recursos Humanos de la empresa correspondiente, obtiene directamente la información del aspirante: fotografías, reuniones y fiestas a las que asiste, su forma de vestir, las características de sus amigos… Porque, claro, es indispensable tener el perfil abierto al voyeurismo del que quiera visitarlo.
Es la entrega absoluta de la libertad en aras a obtener un empleo, es quedarse en pelotas a quien quiera mirar. Es meter al amigo / enemigo en casa y que mire debajo de las alfombras. E insisto: este negocio, tan fácil, con tanta mala uva, ha sido repetidamente privado y lo gestionan personas que no llegan a treinta años. Se acabaron las entrevistas incómodas.
No queda ahí la cosa. Ha sido gran noticia que en USA (no podía ser en otro sitio), cuando un aspirante llega a una entrevista de trabajo lo primero que se le exige es que facilite las claves de sus perfiles para ser examinados en el instante mismo y antes de continuar la entrevista. Si el aspirante se niega, no hay entrevista que valga y se da por terminado el proceso de selección.
La libertad en un brete. No valen ya, para algunos, las mil recomendaciones que nos hacen para realizar buen uso de las redes. Que no sé si me borro de todas, o sea. Que ni individuo ni sociedad, perfil en una red social y salto a la fama. En fín.
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