¡DESALOJEN EL PUEBLO!


Según mis últimas informaciones, después de reunirse Alberto Casero, Monago y Rajoy, han decidido por mayoría la construcción del famoso pantano que tantos años llevaba en proyecto, como todos sabéis el pantano irá ubicado desde la rotonda que da acceso a la Avenida Reina Cristina hasta el actual polígono “Arroyo Caballo”, quedando sumergido en sus aguas el “arrabal” trujillano de Huertas de Animas.
De todos era sabido que tarde o temprano este pantano se construiría a pesar de todos los impedimentos que han puesto los vecinos del arrabal inundado, muchos de ellos ya han empezado a cobrar las indemnizaciones por las expropiaciones, sobretodo los habitantes de los barrios de abajo, que son los primeros en ver el agua más cerca.
Esta construcción acabara con el problema del agua en toda la Mancomunidad, que lleva muchos años con graves problemas de sequía.
A pesar de que muchos vecinos se han negado a abandonar sus casas, el cura ha sido el primero en ser trasladado. El segundo que ha dejado de ejercer ha sido el médico, por lo que el vecino que se ponga enfermo ya sabe que tiene que salir corriendo en busca de un médico.
Las familias que quedan en el arrabal por salir, se aferran a lo poco que les queda, puesto que sus tierras donde antes cultivaban y se ganaban la vida, han sido anegadas por las aguas de este inmenso pantano. Las tierras que se salvarán de la inundación ya han sido repartidas entre los vecinos de las Huertas de la Magdalena y de Belén, a pesar de que también han estado a punto de tener que marcharse de sus casas, pero un cambio en los planos de estructura del pantano les ha salvado del desalojo.
Hoy han partido hacia otras tierras con lágrimas en los ojos, los últimos moradores del pueblo, no podían dejar de mirar hacia sus casas, aquellas que la mayoría habían construido con sus propias manos, con mucho sacrificio, allí habían criado a sus hijos, algunos de ellos todavía en edad de crianza y sin embargo nadie se apena de ellos y les obligan a marcharse junto con sus padres, a otros lugares donde empezar de cero, pero ¿quién puede borrar toda una vida de un plumazo? ¿Quién es capaz de irse a otro sitio donde no conoces a nadie y empezar otra vez?
¿Quién puede dejar atrás tantos recuerdos de días vividos, tantas penurias para poder llevar a casa un pedazo de pan?
Cómo olvidarse del sitio donde vieron nacer a sus hijos, donde los han visto corretear junto con sus abuelos. ¡Ay, si levantaran la cabeza ellos y vieran lo que les han obligado a hacer! Seguramente, morirían todos ahogados antes de irse de aquí.
Por suerte, este artículo es ficción. No pueden decir lo mismo los vecinos del pueblo de Granadilla, que todos los 15 de agosto, se vuelven a reunir todos los que quedan con vida, porque a ellos les desalojaron de su pueblo a finales de la década de los cincuenta y principio de los sesenta para la construcción del pantano Gabriel y Galán. Lo que mandaban creían que inundaría el pueblo de Granadilla y luego, con los años, hemos podido comprobar que no ha sido así, y que el pueblo nunca llegó a estar debajo de las aguas de este pantano.
Hoy escuché al presidente de la asociación que hicieron hace ya varios años los vecinos de Granadilla, quejarse de que nadie les tuviera en cuenta para nada: su antiguo pueblo está siendo usado como museo, en tanto ellos quieren, desde hace ya muchos años, poder volver a sus casa. ¿Y porqué no? Me pregunto yo. ¿Quien se atreve a negarles a estos vecinos el poder volver a sus casas, las mimas que, por cierto, llevamos pagando su rehabilitación todos los extremeños durante años? ¿No hubiera sido mejor dejar volver a sus propietarios y que éstos las hubieran rehabilitado por su cuenta? Seguramente, si hubieran dejado volver a los primeros que lo pidieron, hace ya más de veinte años, el pueblo de Granadilla hubiera vuelto a ser Pueblo y no lo que es ahora, un pueblo museo con hora de apertura y hora de cierre.
Por si fuera poco, el presidente de esta asociación decía que ellos tienen que pedir permiso para poder volver al pueblo el día 15 de agosto y el 1 de noviembre. Este último día van a poner flores a las tumbas de sus antepasados, a los cuales tuvieron que dejar allí también.
Hoy escuchando hablar a este hombre he sentido verdadera lástima por él y por todos sus paisanos y he pensado que si alguna vez tuviéra que vivir una experiencia parecida, me moriría de pena.
Mucho ánimo a todos los vecinos de Granadilla. Ójala que algún día no muy lejano puedan volver a sus casas, junto con sus antepasados, los únicos que sienten desde sus tumbas la soledad que reina en el Pueblo.
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