¡QUE LAS VOLVAMOS A VER!


Parafraseando al cura del pueblo comienzo el capítulo de hoy. Como siempre me gusta hacer cuando tengo algo que criticar, suelo hacerlo desde el respeto y siempre en plan constructivo, puesto que las fiestas las hacemos entre todos y son para todos.
He de decir que cuando viene el tiempo de cara es mucho más fácil que las fiestas salgan rodadas y este año por suerte así ha sido; a pesar de los tiempos tan difíciles que corren, todo ha salido muy bien. Es cierto que al componer la comisión gente que ya había estado con anterioridad, es más fácil organizar algunas cosas, puesto que ya tienen una cierta idea a la hora de hacerlo.
Algunos opinan que son muchos días, la mayoría de ellos son forasteros, pero me preocupa ver como cada año me lo dice más gente del pueblo. Y digo que me preocupa porque buena parte personas mayores, que por un lado veo normal que se les hagan largas, pero este año hablando con algunos jóvenes de las fiestas, insinuaron que había “mucha vaca y poca variedad”, a lo que respondí que las fiestas de las Huertas, ante todo, están basadas en sus capeas tradicionales, y sin las cuales, seguramente, las fiestas morirían o se quedarían en un simple fin de semana como en cualquier pueblo de los alrededores, con sus dos verbenas y poco más. Comenté que si era eso lo que querían y ante mi sorpresa, más de uno en aquel grupo de jóvenes contesto que sí.
Este año con la nueva normativa de festejos taurinos, hemos podido comprobar cómo las capeas de por la mañana tienen sus días contados, y eso que más de un día han dejado un poco de cuerda y no se han metido mucho con el tema, pero el ultimo día se puso serio el Guardia Civil que se ocupa de esto y no dejó a ningún menor estar en las farolas con sus madres. Los niños en los palcos ya aguantan las capeas de por la tarde, como para meterlos otras dos horas, allí sentados por la mañana, además del calor que ha hecho.
Así y, sin darnos cuenta, estamos -mejor dicho, están- empezando a destruir nuestra cantera y mucho me temo que si a estos jóvenes menores de 16 años, que les gusta dar un par de pases a las vacas, les cortan el rollo, esa afición irá desapareciendo entre ellos y de aquí a pocos años, cuando me entreviste con alguno de estos jóvenes, en vez de querer más verbenas y menos vacas el 10 por ciento de ellos, lo querrán cerca del 80 por ciento.
Que la normativa está para cumplirla está claro, pero coño, que son “chotinos” los que van y que los menores no están solos en la plaza, siempre hay alguna persona mayor cerca de ellos, por lo cual el peligro de que les pueda pasar algo es muy bajo, por no decir nulo.
Otra cosa que no me ha gustado este año, quizás ya hace bastante que se produce y no me he dado cuenta, es el “choteo” que hay detrás de la Tuna, fui a verlos salir este año para grabarlos un rato y vi como estaba aquel llano de “Don Amador”, muy bonito que vaya toda la gente que quiera, pero hay que tener respeto por ellos y guardar el máximo silencio posible. Aparte de eso, cuando los veas cantar una o dos canciones, no tienes por qué seguir detrás de ellos como si fuera una procesión, queda feísimo el reguero de gente que les persigue, sin guardar silencio, sin respetar cuando van cantando, coches pitando a pesar de saber que estaban rondando a una dama, pero ¿esto qué es? ¿A qué punto hemos llegado, que ya no respetamos el mayor icono de nuestras fiestas? Conseguiremos entre todos que vayan en coche a casa de cada una de las damas en vez de romper el silencio de calles muy poco transitadas y ver cómo esa noche, al menos, un grupo de personas con voces potentes recorren cada una de sus piedras.
Si no tienes un familiar al que vayan a rondar, puedes ir a verlos salir, pero luego seamos consecuentes y dejemos que vayan cuanto menos gente mejor. Es posible, quien sabe, que al irte para casa te den una sorpresa y te cruces con ellos al doblar cualquier esquina. Eso es más bonito que ver a un centenar de personas por delante y otras tantas por detrás, como si fuera el primer encierro de las fiestas.
Quizás la solución tenga que ser poner tres personas de escolta para que nadie se arrime a ellos. Antiguamente, al pasar por el pilar viejo y a pesar de que también estaba siempre a tope de gente haciendo botellón, el murmullo desaparecía el momento en que pasaba la tuna. Todos guardábamos silencio y si había alguien de fuera que no lo supiese, los del pueblo le poníamos al corriente de lo que era aquello y lo que significaba para todos ese momento. Entre unos y otros lográbamos aquel respeto que hoy brilla por su ausencia y que se está encargando de destruir una noche mágica.
El caso que entre todos podemos hacer las fiestas más grandes y mantener lo que tenemos, que es mucho y que no deberíamos dejar que se pierda en el olvido o que un grupo de políticos se empeñe en quitarnos una tradición, sólo para quedar bien ante sus votantes. Que vengan a ver lo que son las capeas infantiles, que miren y valoren el peligro que puede haber en ellas y luego que hagan la normativa, pero que no lo hagan “de oídas” por que están jugando con muchísimos años de historia de un pueblo.

Marcos Suero "Pandereta"
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