CONCURSOS QUE ES MEJOR NO GANARLOS



Había sido un día muy movido en su trabajo y todavía le quedaba lo peor, ir de compras; a pesar de que no le molestaba mucho el ir, estaba agotada y estuvo a punto de dejarlo para otro día, pero al llegar a casa y ver como estaba la despensa y la nevera le dio lastima y decidió acercarse a hacer la compra.
Al llegar al parking del supermercado de al lado estuvo a punto de dar un golpe a otro coche, encima de no tener ella la culpa tuvo que escuchar la bronca de aquel viejo, “inútil, mujer tenias que ser”, ella acostumbrada a escucharlo bastante a menudo, solo le contestó levantándole el dedo del medio de la mano, estaba comprobado que esa acción era mucho mejor que gastar saliva, el viejo entro en cólera, a punto de sufrir un infarto del berrinche que se pilló.
Continuó hacia el súper y nada más cruzar la puerta comprobó que estaba todo a tope, la carne, el pescado, la fruta... En ese, momento se dio la vuelta para volver a encaminarse al coche e irse para casa, porque no estaba dispuesta a perder tanto rato en la compra, tenía todavía que ir a recoger a los peques y era muy tarde. En ese momento escuchó su nombre a lo lejos, era su vecina que estaba comprando también, “¡Encarna! Ven que te cuelo”.
Cuanto maldeciría luego el haberse encontrado con ella. ¿Porqué la tuvo que ver y nombrarla?, ¿Porque no la dejó que se diera la vuelta y se montara en su coche?
El caso que ya estaba allí puesta a la cola de la carne, a continuación compró la fruta y el pescado, una hora más tarde estaba haciendo cola en la caja para pagar, estaba muy agobiada y estaba como loca por entrar en el servicio. Llevaba un rato que la daban fuertes retorcijones en el estomago, y para eso la mejor solución era expulsar los gases fuera de su cuerpo. No sabía si las verduras que había comido a medio día le estaban haciendo daño o era el mismo agobio de estar en aquel súper lleno de gente por todos sitios y de niños corriendo por aquellos pasillos lo que le había sentado mal.
Después de pagar se acercó a toda prisa al servicio y para más “inri” había una persona dentro y otra esperando, creía que no era capaz de aguantar. Cómo la vería la señora que había esperando que amablemente la cedió su turno.
- “Pase usted que esta mas apurada”.  
- Muchas gracias, no sabe como se lo agradezco, la contestó. ?
Echó el pestillo, se bajó los pantalones a toda prisa, no la dio tiempo a poner unos trozos de papel en la tapadera como siempre tenía costumbre de hacer cada vez que usaba un wáter que no fuera el suyo. Al sentarse soltó tal ventosidad que sintió vergüenza ajena y pensó que la mujer que había allí esperando afuera la habría escuchado. Cuál sería su sorpresa al abrir el pestillo y salir por aquella puerta y ver a un grupo de diez personas más o menos, todas vestidas iguales, trabajadores de alguna empresa, una cámara de televisión, un par de micrófonos que la atosigaban con preguntas que ella no adivinaba a escuchar.
- ¿Se ha quedado usted a gusto? ¿Qué va a hacer usted con el dinero del premio?
Ella seguía igual de despistada, estaba totalmente ruborizada, la cara le ardía y pensaba que le iba a explotar de un momento a otro.
- ¿Pero que quieren ustedes? les preguntó bastante cabreada ya, ¿me quieren dejar en paz?
Al fin, un señor vestido de corbata se acercó a ella y le dio la enhorabuena y un cartón grande en el cual ponía “pagarse al portador la cantidad de tres mil euros”.
Ella seguía en otro mundo, y pensaba ¿pero qué coño es este premio y qué he hecho yo para que me toque? ¿Será alguna promoción de algún producto que he comprado? Seguía haciendo preguntas sin obtener respuesta alguna.
Una mujer muy bien vestida se acercó a ella y la sacó de todo tipo de dudas.
- Ha ganado usted el primer premio a la ventosidad más ruidosa que se ha escuchado en todo el año en el wáter de nuestro súper. Tenemos unos sensores que durante todo el año han ido midiendo la intensidad de cada ventosidad y nos lo hacían llegar a las cabinas donde tenemos las cámaras de seguridad.
- ¿Pero me quiere decir que me han visto dentro del servicio?, insistió ella.
- No, solo escuchamos, mediante los sensores, no vemos nada ni nadie dentro del servicio. Cuando ha batido usted el record ha saltado una alarma que nos avisa de los decibelios más grandes y usted se ha llevado el premio gordo.
- ¿Pero, y si no quiero participar, quién me obliga a ello?
- Lo siento señora, todos los usuarios del servicio del Súper, entran obligatoriamente en el sorteo. En la puerta hay una hoja con las bases del concurso, ¿no las ha visto?
- Pues no, porque si las llego a ver entra en el servicio su tía la del ojo tabla.
- ¿Entonces, no quiere usted el premio? Su amiga le decía que no fuera tonta y que la vergüenza estaba ya pasada y que cogiera los tres mil euros.
Hoy mientras se lo contaba a su marido han puesto el telediario al tiempo de comer y ha salido el premio del concurso; quería morirse de nuevo al verse en la tele, toda despistada, mientras su marido se partía de risa. ¡Encarna la campeona de ventosidades! No suena mal cariño. Ella con la tristeza en su cara solo pensaba: “para qué coño habré ganado el concurso, prefiero estar sin los tres mil euros que pasando esta vergüenza por donde quiera que vaya...”
Así que ya sabéis todos y todas, cuidado con las ventosidades en sitios públicos que cualquiera puede ganar los tres mil euros de premio a pesar de no querer concursar.

Marcos Suero "Pandereta"
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