CONVERSACIONES PARA PRESOS


Hace muchos años cuando casi todo el mundo disfrutaba de su empleo, fuera de lo que fuera, existía un refrán o, mejor dicho, una frase hecha para cuando en tu trabajo llegaba el jefe y te pillaba hablando con un compañero. Este además de echarte alguna bronca, solía acabar la bronca diciendo: “La conversación para los presos, vamos a trabajar”.
Nosotros rápidamente solíamos ponernos a lo que cada uno estaba haciendo, que la verdad no habíamos dejado de hacer, aunque estuvieras hablando. Cuando me decían aquella frase, nunca me dio por pensar en su significado, ni siquiera pensaba porqué nos la decían en aquellas situaciones.
Hoy, un montón de años después, la he vuelto a escuchar pero cambiando la palabra presos, por la palabra “parados”. Y es que creo que en definitiva viene a significar lo mismo. Preso de esta sociedad, de esta injusticia de mundo en el que vivimos, con sueldos extraordinariamente altos por parte del uno por ciento de la sociedad, mientras los demás, (no todos) las pasan putas para llegar a fin de mes, eso el que es capaz de llegar, porque cada vez son más los que piden ayuda a familiares o incluso a Càritas.
Volviendo a las conversaciones de presos, digo, de parados. Hoy dos de ellos se contaban mutuamente sus penas. Por un lado es bueno saber que no eres el único a quien le pasa esto y no me refiero a estar parado, si no a las consecuencias de estarlo.
Uno comentaba que creía que había llegado a tener hasta depresión, puesto que los tres primeros meses de estar en el paro, sentía vergüenza de salir a la calle. El compañero de conversación sentía alivio al escuchar aquello, ya que a él le había llegado a pasar lo mismo. “Yo no iba ni a comprar por la vergüenza que me daba que todo el mundo me preguntara”, le comentaba éste.


Me sentía como un verdadero parásito de esta sociedad y sobre todo cuando alguien cercano me preguntaba cuando me veían después de algunos días sin hacerlo, que si seguía en el paro. Esa frase la tengo marcada en mi cerebro como una de las más odiadas en mi vida. Prefiero que me digan alguna similar, por ejemplo si te dijeran: “Qué, ¿sigues mozo?” No dolería tanto y encima te arrancaría una ligera sonrisa de tu boca, cosa que últimamente ni te sale de ella.
Aquellos dos “presos de la sociedad” se sentían cómodos en aquella conversación y lejos de creer que les dolería hablar del tema, sintieron a lo largo de la misma el bien que les estaba haciendo el coincidir en tantas cosas.
Y de buscar ya ni te cuento, le volvía a decir uno a otro. No sé los sitios donde he ido a buscar y eso que me da igual el trabajo que sea; está la cosa como para poder elegir.
Ya te digo, le decía el otro “preso”. Lo que más me molesta es lo poco que aprecia su trabajo el que lo tiene. Por supuesto que no son todos así, pero cuando oyes a alguien quejarse de que tiene que ir a trabajar, diciendo la palabra “pereza”, me entra una mala uva que no veas. Yo que jamás pensaba verme así y tener que decir lo contrario de los que reniegan de su trabajo. ¡Cómo echo de menos trabajar!.
Su compañero de tertulia asentía con su cabeza a la vez que le daba la razón en todo. Al separarse cuando terminaron aquella conversación, cada uno se fue a su “celda”, pero es cierto que ya no eran las mismas personas que antes de aquella charla.
¡Qué buena es la conversación para los presos y lo que ayuda a ir cumpliendo la condena!
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