PERDER UNA BATALLA


Quince días después de escribir el artículo en mi blog que titulé, “Cuando Salí de mi tierra”, en el que todo ilusión y optimismo ante un nuevo reto laboral en mi vida, vuelvo a escribir en referencia al trabajo pero con la desilusión de contar que no vuelvo de momento a Madrid.
Engañado, utilizado, discriminado, y algún adjetivo más que paso de poner, así me he sentido estos quince eternos días, en los que lo único que he aprendido ha sido a echar de menos a mi familia y a saber que sigo enamorado de mi mujer, quizás más que antes de marcharme. Mirándolo por ese lado, algo bueno hemos sacado de esta experiencia.
¡Cómo duele estar lejos de tus raíces! Todo te parece extraño y aunque haya ratos que consigues olvidarte de dónde vienes, son más los que no puedes quitarte de la cabeza todo lo tuyo. Soy de Huertas y amo Huertas, lo siento, no puedo alejarme de ellas. Seré al único que le pase eso, me da igual, pero también soy el único que lo reconoce y lo da a conocer a la gente.
Podía haberme callado y decir que no quiero seguir en Madrid, o decir que me han despedido, pero mentiría y yo no soy así, siempre voy con la verdad por delante aunque a algunas personas les duela y a aunque a mí me perjudica casi siempre.
Me quedo con el abrazo de mis compañeros de obra, los cuales en quince días me han hecho uno más de los suyos, a pesar de ser desconfiados por naturaleza, (cómo no serlo si les engañan día si y día también), y los envidio en ese aspecto, vivir lejos de sus países es durísimo como para que, además, les exploten y engañen.
Esta es la España que entre todos hemos fabricado, la de los listos y ladrones por encima de las buenas personas; la de los defraudadores por encima de los que religiosamente pagan; la de los explotadores por encima de los buenos jefes.


¡Qué triste es que te llamen español en tu propia tierra y desconfíen de ti!. Pero conociendo cada una de las historias que mis compañeros me han ido contando todos estos días, es lógico que piensen así de los españoles, aunque por supuesto somos más las buenas personas que los estafadores que deambulan por el país, esos que se aprovechan de todos y cada uno de los emigrantes que vienen a ganarse el pan suyo y el de su familia. Explotándoles al máximo, exprimiéndoles todo lo que pueden y más y pagándoles una miseria. ¿Así cómo no se van a hacer de oro en cuatro días? ¿Así cómo no nos van a tener manía en esos países por culpa de los cuatro hijos de puta que están dejando al país con una mano atrás y otra delante? Y esto, sin contratar mano de obra española porque, por supuesto, les sale más cara.
Ese es uno de los motivos de esta crisis interminable: trabajo para los de fuera a precio más económico. Dinero que vuela al extranjero para alimentar a esas familias y los españolitos pidiendo ayudas para parados de larga duración, bueno mejor dicho, parados de eterna duración que no saben si alguna vez más en su vida, podrán volver a trabajar mientras los cuatro usureros empresarios quieran seguir aprovechándose de todos los emigrantes venidos de cuarenta países diferentes y que por la mitad de lo que deberían de ganar, están trabajando y con ello mal viviendo, tan solo para poder dar de comer a sus familias.
Mientras, en la España globalizada nos aprietan cada día más el cinturón a los de siempre, porque los empresarios anteriormente nombrados, están exentos de todos esos recortes y de todas esas apreturas, porque entre otras cosas, esos empresarios son amiguitos de los que hacen las leyes y claro está, entre amigos no nos vamos a putear.
Así que la cosa esta de esta manera, hemos perdido una batalla, pero no la guerra.


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