MÚSICA Y DESCONCIERTO


Recorrió el efecto devastador del dilema en la piel de toro. Los artistas y los fans. Los meros interlocutores. Era un debate más en la opinión pública, un cambio de uso, una alternativa eficaz a un modelo de negocio anquilosado. Una diatriba que con tan solo una epístola y unos cuantos hechos no constataba la eficacia de la solución. Cambio de ley, cambio de actitud, cambio de política, cambio del pensamiento primigenio.
Comprendo que la cultura hay que difundirla y buscarla. Existe el derecho de acceso y el derecho de autor. Todo se ha disparado a pesar de los cauces y a pesar de los diferentes criterios manejados.
Pero las cintas vírgenes siempre estuvieron en el uso doméstico de los oyentes. De los degustadores de música que escuchaban en la radio programas para grabar y poder luego comprar al autor o al cantante grabado que, había satisfecho sus gustos. Jamás entonces el negocio se descompensó a pesar de todo el trauma posterior. Objetivamente antes había menos música, menos medios y todo era menos controlable. Lo que hacías en tus pletinas quedaba para tus oídos y para un círculo reducido de escogidos. Ya que, tenías un tesoro.
Ahora, como toda la información ha crecido exponencial y devastadoramente, por muchos gigas que ocupemos grabando música no tendremos tiempo para escucharla, es decir, el efecto cero: ni se ha comprado ni se ha escuchado. Es en ese aspecto donde no se pierde ni se gana, no se avanza. Es la capacidad de poseer lo único que importa, el efecto usar y tirar que antes no se tenía. Sólo el mero desdén de la frase: "pues yo, ya lo tengo", aunque jamás se haya escuchado. Pero ese sentido de pertenencia arroja orgullo y calma por tener lo que todos tienen. Aunque no se tenga interés en su audición.



Con esto no apoyo al pirata. Quien no se ha descargado algo alguna vez. Yo no voy a tirar la piedra. Pero si ese consumo se utiliza para generar movimiento cultural será positivo. Me explico, muchas veces puede ser un incentivo promocional para ir a ver un grupo, cosa que motiva y el cantante hace efectivo su trabajo con el calor de los suyos. Seguramente si se promocionaran más los conciertos muchos grupos enlatados no existirían porque son un espejismo moldeado en un estudio de grabación. Un tragaperras que dirige la capacidad del consumidor. Pura mercadotecnia, fetiche lisonjero de la guapa y excitante mujer de marras o los típicos muchachitos de sonrisa profiden y flequillo porque yo lo valgo que, desgraciadamente nunca serán tablas de escenario, porque son figuras impostadas con el calzador de la figura astuta y avariciosa del promotor de dineros al portador en solo un secuestro.
Lo que si me toca los bemoles es cuando se producen iniciativas culturales y la gente no participa. Hablo de precios populares incluso. No hablo de los consagrados Bruce, Rolling, Madonna. Es ahí cuando los piratas se quedan en casa y no tienen la empatía de solidarizarse con su artista para que pueda seguir viviendo y trabajando, para que realmente la estrella muestre que brilla con luz propia en las tablas del directo. Es ahí donde se identifica la ganga de la mena. El talentoso del promocionado. Y es ahí donde deben estar los oyentes apoyando el trabajo de los suyos.
Convulso momento cuando un gran artista no cubre ni media entrada o se hacen conciertos en familia. Aunque el lado egoísta del fan es más alto. Ya que, como en épocas pretéritas tiene mayor cercanía con el grupo. El cantante es más solicito e incluso entrañable. Agradecido por tu interés y por tu visita. Que ya no tenemos veinte años, por favor, ell artista sabe de tu esfuerzo. Sabe de tu ilusión por verles actuar. En definitiva, se crea un marco de lealtad a pesar de las descargas. Eso lo saben. Pero el público hay que alimentarlo y no todos pueden. Apoyemos a la música. Es la fórmula que nos ayuda a seguir creciendo como personas. Apoyemos las iniciativas culturales y no nos quedemos sentados en un sillón.
Desde aquí agradecer la amabilidad de tipos como Roberto Gil (Tennessee) o Rey Luí brindan a sus seguidores. Por citar alguno de los nombres de mis últimos conciertos.
Lo que jamás puede ocurrir es, el efecto inverso. Apoyados en una macro fiesta incluir algún disjockey de turno. Aprovecharse de los adolescentes. Vulnerar normas con la excusa del dinero fácil y amparados en el poder público crear una hecatombe sin sentido. Y con esa excusa querer bloquear conciertos y actos culturales que no tienen nada que ver con la desgracia acontecida en un evento que dista mucho de ser cultura. Disfrazando su impericia y su alegalidad prohibiendo actos masivos en un futuro por no haber cumplido con su compromiso. Y lo más grave, que todo imputado o presunto culpable o responsable quedará libre con cualquier patraña intercambiada. Y posiblemente sean los chicos que fueron a la macrofiesta los culpables de tamaño dislate. Como un Haloween de película y un estúpido velo corrido en las almas de las pobres adolescentes fallecidas.
Sopésenlo todos y cada uno de los que tienen algo que ver, por favor. Hasta la semana que viene disfruten de mi ausencia.


Francisco Javier Fresneda Diadosa
Aullidosvitales.blogspot.com
Kerouac97@hotmail.com


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