EL ESTADO PROGRESA EN ESTUPIDEZ Y EN DESORDEN
En efecto, estremece la visión de la trágica idiotez que gobierna todo y que indiferentemente produce bombas o teléfonos móviles, tanques u ordenadores, televisores o automóviles; e igual que en el coito de la mantis no es tanto lo que aterra las mandíbulas de la hembra comiéndose el abdomen del macho, sino la persistencia con que él sigue comiendo en torno yerbas con que alimentar el abdomen que ella tiene medio devorado, así no es la peste y el ruido del Progreso la parte más espantable del automóvil, sino la cara del conductor, llena de aquella seriedad desconsoladora del que cree que está yendo a alguna parte.

 Pero también hay otros, según este maestro mío, que lo que ven en la actual historia del Progreso es justamente el caos y el desorden: como si el Estado estuviera ahora viviendo sólo de la corrupción, de la inseguridad, del cambio perpetuo y acelerado (hace falta que todo cambie para que todo permanezca como está); todos elllos quieren hacerse cargo de todas las modas de cada año y de cada mes; y así como los géneros que los Estados producen suelen ser cada vez más efímeros y más incapaces de disfrute repetido (por el contrario, los cadáveres y basuras de esos géneros tienden hacia la inmortalidad), así los propios Estados se pierden en una fiebre de inestabilidad y de reproducción de nuevos Estatículos (cada vez más pueblos indefinidos degradados a la condición de Estados, más y más Generalidades y Juntas Autonómicas, más revueltas y honrados separatismos antiestatalistas reducidos y degradados a nacionalismos, con su lengua obligatoria y excluyente), aunque esa fiebre sirva para proporcionarle al Estado el único modo de subsistencia acorde con los tiempos.

Y esa apariencia caótica de los Estados y Estatículos de hoy en día la consiguen ellos precisamente por medio de un proceso de racionalización y perfección del ordenamiento: cada alto funcionario que idea una nueva carretera o inventa un nuevo impreso que rellenar para facilitar los trámites o cada empresario que compra una nueva máquina ordenadora para atender como Dios manda a su contabilidad y su negocio están de hecho contribuyendo a la confusión y el caos administrativo, al aumento de la barahúnda; lo que importa a toda costa es que el Estado mantenga su razón de ser; y si para subsistir requiere la asimilación del caos mismo, no por ello va a arredrarse ante el proyecto (allá que te van milmillonarias Autopistas y Autovías, Aves y carreteras nuevas por doquier, aunque no haya tren para llegar prácticamente a ningún pueblo y sigan cerrándose vías de ferrocarril y estaciones porque son deficitarias).

Y el desorden establecido, como llamábamos al Orden, no dejará de seguirse arrancando todas las caretas que hagan falta. Pero junto al uso indiscriminado y malintencionado de expresiones como Economía Sostenible, Energías Alternativas y otras por el estilo, seguiremos viendo las carreteras tragándose los pueblos, los peces ahogándose en gasolina, los sagrados bosques, ríos y mares atiborrados de botellas blandas inmortales, y la pedantería atómica que al no poderse emplear en una guerra lo bastante total para sus necesidades, produce en la paz idénticos efectos que en la guerra. (indice)

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