PARLANTE
La obsolescencia programada y el decrecimiento

En ocasiones los medios de comunicación, concretamente la televisión, la llamada “caja tonta”, programa alguna cosa que otra interesante y nos invita a la reflexión. Nos referimos al documental que pudimos ver hace pocos días en la 2 de TVE, llamado «La Obsolescencia programada». Buscando una definición del concepto nos encontramos con lo siguiente: Se denomina «obsolescencia planificada» u «obsolescencia programada» a la determinación, planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo, calculado de antemano por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio.


El concepto no es nuevo, ya en 1920 algunos autores comenzaron a utilizarlo e incluso algún fabricante ya sugirió que para salir de la crisis de los años 30 era necesario estimular la compra de productos y para ello que mejor que ponerle un final a la vida de las cosas, de esta forma se consumiría más y por consiguiente la producción aumentaría, aumentando así el empleo, etcétera.


Visto tal y como lo hemos planteado, no parece que la obsolescencia programada sea algo malo, perjudicial o dañino,  ya que en el fondo no afecta a la libertad del individuo y podríamos pensar que cada uno somos muy libres de hacer, comprar o usar aquello que podamos permitirnos. De todas formas lo interesante sería reflexionar sobre si con la obsolescencia programa somos más libres o más esclavos. Reflexión a la que invito a lector de esta columna. ¿Se es más libre por comprar tirar y volver a comprar? O simplemente se es más esclavo de necesidades fútiles. La reflexión se hace más interesante cuando pensamos en determinados productos que, aún considerando que nos hacen la vida más agradable, nos atan, nos dominan, nos subyugan y nos hacen sentirnos esclavos de nuestra propia existencia. Los móviles, los ordenadores, electrodomésticos...etc e incluso los lácteos  que nos ayudan a reducir la tasa de colesterol, la tensión arterial..etc. En definitiva Obsolescencia muy bien planificada, esclavitud muy bien consentida.


Desde hace unos años, una nueva forma de entender la economía viene pisando, bien es cierto que por ahora no muy fuerte, pero busca hacerse un hueco en el panorama teórico y mediático. Nos referimos a las teorías sobre el DECRECIMIENTO. El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos.


La conservación del medio ambiente, afirman, no es posible sin reducir la producción económica que sería la responsable de la reducción de los recursos naturales y la destrucción del medio que genera, que actualmente estaría por encima de la capacidad de regeneración natural del planeta. Además, también cuestiona la capacidad del modelo de vida moderno para producir bienestar. Por estas causas se oponen al desarrollo sostenible. El reto estaría en vivir mejor con menos.


Se trata pues de dar un giro de tuerca más al sistema, ya no consiste en buscar el desarrollo sostenible, palabras que en los últimos años todos los políticos se afanan en pronunciar e incluir en sus programas, sino más bien en recuperar otros valores que nos puedan hacer la vida más agradable sin necesidad de meternos en la rueda consumista.

No me atrevo a afirmar que ninguno de los dos conceptos que hemos visto en esta columna sean ni la panacea ni la solución a todos nuestros males, simplemente hemos pretendido hacer una llamada a la reflexión sobre aspectos de este mundo que gira a una velocidad tan endiablada, tratando de evitar aquello que bien decía la maravillosa Mafalda de Quino «que se pare el mundo que yo me apeo».


Kim Paredes

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