LA HERENCIA


Me preocupa sobremanera hacía dónde camina esta sociedad, me preocupa y mucho, que los grandes logros que se habían conseguido en los últimos 30 o 40 años, vayamos a tirarlos por la alcantarilla, como si de agua sucia se tratase. Me preocupa y me indigna que los derechos laborales conseguidos se estén esfumando como si de un cohete se tratase o como si las luchas sindicales no hubieran servido para nada.
Es muy probable que hayamos hecho un mal uso tanto de nuestros recursos como de nuestra propia forma de organizarnos y hayamos despilfarrado en exceso, ese parece que es el argumento al que nuestros gobernantes más aluden. Sin embargo muchos no creemos que sea del todo cierto y, por supuesto, no estamos dispuestos a asumir que la factura de toda esta fiesta acaben pagándola los más débiles. No sería de justicia que nuestros hijos y nuestros nietos heredaran un mundo mil veces peor que el que nuestros abuelos y nuestros padres nos entregaron a nosotros, no se lo merecen, por muy mal que lo hayamos hecho nosotros.
Me destroza ver cómo el eslabón más débil de la cadena se empieza a romper, como los servicios sociales se empiezan a venir abajo, cómo las subvenciones a centros de discapacitados son cada vez menores, cómo las casas de acogidas cada vez funcionan peor, cómo aumenta la desesperación entre la gente y cómo el conformismo campa a sus anchas por todo el planeta. Parece como si nuestro irremediable sino sea dejarnos llevar por la apatía y la desazón. Y eso, que es el principio del “Sálvese quien pueda”, no me gusta y da la razón a aquel que pregonaba aquello de “El hombre es un lobo para el hombre”.


Desde siempre he pensado que nada sirve otorgar derechos si estos no van acompañados de la dotación económica suficiente que los garantice, el papel lo aguanta todo y ya pueden nuestros gobernantes ofrecernos el derecho a una vivienda digna, al trabajo, a la educación, a la salud, a la dependencia, etcétera, que si no hay aportación económica suficiente todo queda en agua de borrajas. El problema es que nos han puesto el caramelo en la boca y ahora de repente, vienen y nos lo quitan, y da igual quien sea, PP, PSOE, IU o Nacionalistas o lo que sea, el caso es que el caramelo desaparece.
Ha llegado el momento de aprender de los errores, de crear frentes comunes donde el objetivo sea propiciar el bienestar de los ciudadanos y ciudadanas, de llegar a acuerdos comunes entre todos para decidir qué modelo de sociedad queremos, qué modelo de Estado y que reglas de juego nos van a servir en los próximos 30 años. Seguro que en muchas cosas estamos de acuerdos, pongamos a los más débiles en nuestro objetivo prioritario y tratemos de construir un mundo del que nuestros hijos y nietos se sientan orgullosos, no sea que el día de mañana acaben pensando que lo hicimos mal.
Cuando mi madre me cuenta cómo era su vida, las dificultades a las que se enfrentó mi abuela y los pasos que poco a poco fueron dando para crear el mundo en el que vivo yo, me siento agraciado con la familia que tengo y con el mundo que me han dado, Lástima que no piense lo mismo cuando me miro a mi mismo y el mundo que estoy dejando a los mios. Seguro que algo estamos haciendo mal.
Actuemos sin miedo, hemos aprendido de los errores y difícilmente volverán los fantasmas del pasado, las luchas cainitas, si somos capaces de poner lo que nos une al servicio de todos.
Tan solo la gente de 52 años para arriba pudo votar la Constitución Española, a ellos hay que agradecerles que nos dieran un modelo y una forma de organizarnos que nos ha servido durante 34 años, pero seguramente es el momento de cambiar de modelo y preguntarnos qué sociedad queremos, y no hacer reformas que solo garanticen que las deudas hay que pagarlas. A lo mejor nuestra prioridad es otra.
Salud y buenos alimentos.

Kin Paredes
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