OTRO MUNDO ES POSIBLE


Además de la pereza que a uno le invade en la época de vacaciones, que no es poca, lamento haber tardado tanto en volver a escribir algo, pero las musas parece que habían pasado de mí. Estarían también de vacaciones.

Este periodo me ha servido mucho para reflexionar sobre cosas que me gustaría compartir con vosotros. Sinceramente creo que han ocurrido y están ocurriendo cosas que nos deben hacer reflexionar muy mucho sobre el presente y el futuro que nos espera, y sobre todo para que lleguemos a creernos eso de que “Otro Mundo es Posible”.



Nuestros amigos y amigas de Portugal han sido capaces de tirar para atrás las propuestas que les tenían preparadas sus gobernantes, haciéndoles ver que la sociedad portuguesa no está dispuesta a asumir mayores sacrificios, que siempre recaen en los mismos. Como siempre, y bien organizados nuestros vecinos, han demostrado que la máxima de “El pueblo unido jamás será vencido” sigue funcionando. Un elemento que pongo encima de la mesa para la reflexión y para tener en cuenta.

Mientras tanto, nosotros empezamos a organizarnos tomando las calles rodeando el parlamento nacional y algunos parlamentos autonómicos e intentamos demostrar a nuestros políticos que no nos representan, que no creemos en lo que hacen. Claro que entre medias, algún político que otro se mete también en las manifestaciones reivindicando no sabemos qué, será que tampoco se representa a sí mismo. Y aquí pongo mis segunda reflexión: que el sistema no nos gusta, es algo que muchos llevamos reclamando desde hace tiempo; que no nos representa, igualmente lo llevamos diciendo desde ni se sabe: que otro mundo es posible, pues es verdad, pero lo que hay que hacer es convencer a nuestros políticos de que cambien de rumbo, que miren hacia la calle y sientan como un ciudadano más y, por supuesto, que no se crean que son una casta aparte, que son uno más como ustedes o como yo.

Mi última reflexión tiene que ver con un artículo que ha circulado por las redes sociales sobre la visión que se tiene de España en algunos países extranjeros, sobre todo en Alemania.

Algo que también está muy de moda, ahora que se trata de potenciar aquello de “Marca España”. Hay que ver lo bien que se le da a Rajoy y sus chicos eso del marketing. Siempre igual.



Pues bien, los alemanes piensan que España es una sociedad democrática asentada pero muy cara, con un nivel de corrupción altísimo y con una cantidad de duplicidad de cargos políticos que encarecen mucho nuestro sistema y la organización del estado. Y probablemente tengan parte de razón. Mi reflexión tiene que ver con las raíces profundas de nuestro modelo de Estado. Yo creo que este sistema funcionó para que nuestro país pasará de su época más oscura, más negra, más dictatorial, de un modelo carente de libertades y de expresión popular a un modelo democrático, de libertades, con mayor representación. Y que para ello institucionalizamos todo, por miedo a que esto no se nos desbordara. Por eso nos inventamos este modelo de Estado, con sus ayuntamientos, 

mancomunidades, provincias y comunidades autónomas. También creo que todos los grupos políticos hicieron sus concesiones, bien es cierto que unos más que otros, pero al fin y al cabo todos buscaron el bien común.

Ahora es el momento de replantearse todo, considero que nuestro país es una sociedad madura, democrática en el que el funcionamiento democrático de todas las instituciones esta garantizado y en el que la conciencia colectiva no funcionaría sino es con un sistema que garantice las libertades. Por ello es el momento de cambiar de modelo, de sentarse entre todos y de replantearse nuevas metas y nuevos retos para los próximos 30 años. Sin miedo, sin mirar a ese pasado lleno de “Cainismo” entre unos y otros.

El mantenimiento del estado del bienestar no está en riesgo por motivos económicos. Muchos autores y muchos datos así lo confirman. España debería tener capacidad para sostener su gasto social, más allá de las difíciles circunstancias en las que ahora se encuentran nuestras finanzas públicas, si su fiscalidad fuera la adecuada. La clave, de nuevo, no está en la riqueza del país, sino en cómo la distribuimos entre los que vivimos en él.

Es hora de pensar que “OTRA CONSTITUCIÖN ES POSIBLE”, como paso previo a alcanzar la máxima de “OTRO MUNDO ES POSIBLE”.


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