PERSONAS Y PERSONAJES



La verdad es que últimamente ando un poco hecho un lío con estos dos vocablos, siempre considere que tenia muy claro cual era la diferencia entre ambos pero ahora me parece que no lo tengo tan claro. No se si es que se hace un mal uso de los términos o sin embargo soy yo quien procesa mal los conceptos.

Parece ser que se puede aplicar la expresión personaje a aquella persona que sobresale en cualquier actividad o ambiente social, pero siempre estaría ligado a la persona. También existe la acepción clásica en virtud de la cual un personaje es un ser ficticio inventado por un autor, que interviene en una obra literaria o una película. Lo que no resulta correcto es una mezcla de ambas definiciones.

Esto es lo que a mi me sorprende, que se mencione al personaje como si detrás de él no existiera la persona. Pongamos algunos ejemplos. Los comentaristas del mundo del corazón se atreven a hacer afirmaciones sobre determinadas personas, como si tuvieran patente de corso para decir lo que les venga en gana, aludiendo a que ellos hablan siempre del personaje, nunca de la persona. Vamos que detrás de la Sra. Belén Esteban, o de la Duquesa de Alba no hay una persona, que son simples personajes, eso sí públicos. Lo más curioso de esta técnica es que ya ha transcendido a la vida política y ahora los comentaristas políticos también se han subido a ese carro y cuando habla del Sr. Rajoy, Rubalcaba, Lara, de la Sra Diéz o de cualquiera de nuestros políticos se atreven también a decir cualquier cosas, dado que hablan de personajes y no de la personas. A mi eso es algo que me indigna, Evidentemente con esta forma de proceder podríamos pensar que tomos somos personajes, y esto acabaría siendo la guerra de todos contra todos.

Uno de los detonantes que me ha hecho escribir sobre esto, se ha producido hace unos días, con el asesinato de “Muamar el Gadafi”, “personaje” siniestro. Con el asesinato de este señor sentí las mismas sensaciones que con el asesinato de Caucescu. Por una parte una alegría por la caída de dictadores, pero en el fondo sentí un profundo malestar por una sociedad que eleva a la categoría de victoria, el asesinato, con el argumento de que se habla de la muerte del personaje, no de la persona. Hipocresía barata.

Para rematar el colmo de la hipocresía basta con ver las imágenes de como recibió la noticia del asesinato de Gadafi, la esposa del flamante y leal esposo, buen discernidor de lo que significa sexo oral, el señor Clinton. Impresiona ver lo emocionada, feliz y liberada que se siente esta señora cuando recibe la noticia. Hipocresía la de un país que ha permitido unas sanguinarias imágenes llenas de crueldad, fanatismo y brutalidad sin límite. País, por cierto, que fue tan pudoroso con las imágenes de su fatídico 11-S. Fuimos muchos los que aplaudimos lo bien que se hacía TV en aquel país y la lección de ética que daban al mundo con el tratamiento que se hacía de esa mala noticia. Pues ahora toca decir que ese país no aprende y que la doble moral sigue imperando en el Imperio. Vamos que seguiremos creyendo que personas eran los fallecidos en el 11-S, y personajes son gentuza como el Gadafi, Bem Laden, Caucescu y otras calañas.

Así nos va. Gracias

Kin Paredes

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