TIEMPO DE SILENCIO


Vaya, parece que últimamente cada vez que me propongo escribir algo para este medio se me viene a la cabeza el título de alguna novela que haya leído. En este caso le toca el turno a “Tiempo de Silencio” ,maravillosa novela de Luis Martín Santos, del realismo español del siglo XX. Lastima que esta novela fuera de lectura obligatoria en mi época de estudiante, esa época en la que todo aquellos que nos obligaban leer parecía un rollo, en la medida en que era impuesto y por lo tanto no daba opción a la libertad de recrearse en la lectura. Tonterías de juventud.

Pero más allá de recomendar la lectura de la novela, tiempo de silencio es lo que parece que vive este país cuando llega el mes de agosto, hasta los que tenemos el compromiso de escribir en algún medio nos resulta difícil hacerlo, será que las musas también tienen su tiempo de silencio.

Tiempo de silencio marcado por la atonía que provoca el estío, la dejadez de nuestros gobernantes y la flojedad de fuerzas después de unos meses le lucha intensa y de semanas de desesperanza tratando de averiguar cual será el siguiente hachazo que se meta a los derechos sociales, a esos que tanto tiempo costó conseguir.

Tiempo de silencio marcado por la rutina veraniega, por la ausencia de noticias, que uno nunca sabe si es buena a mala noticia, por los mineros que cansados vuelven a su mina, para por lo menos poder cobrar algo, aunque sea poco, y ofrecer unas míseras vacaciones a los suyos.

Tiempo de silencio ante una “Generalitat” que se desmarca ofreciéndonos el impago de las prestaciones sociales a nuestros mayores y a nuestros discapacitados (felicidades curro por tu maravillosa reflexión), silencio ante una ley de dependencia que cada vez resulta menos creíble, y que rizando el rizo nos anuncia la independencia del dependiente... vaya usted a saber que miserias esconde la propuesta.

Tiempo de silencio de unos ciudadanos que ya no creen en nada, que no ven soluciones en lo que sus políticos les ofrecen y por eso mejor callan y mantienen boca cerrada, como si sus gritos, voces o silencios ya no interesarán.

Pero algunos confiamos en que este tiempo de silencio, como en la novela de Martín Santos, no sea sino la antesala de lo que está por llegar, el análisis sensato, serio, silencioso, realista y sosegado que los ciudadanos hacemos previo al otoño. El tiempo de silencio que nos da el descanso, la desconexión que necesitamos para volver a la lucha diaria.

Tiempo de silencio previo a lo que queremos que llegue, que no será el Otoño del Patriarca, (Mariano vete preparando) o la conjura de los necios (La Europa de los mercaderes), sino que haremos lo posible para que sea nuestra Rebelión en la Granja, y tomemos el Palacio de Cristal, que como bien sabéis son buenos libros para este tiempo de silencio.

Salud y buenos alimentos.


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