ALINE GRIFFITH, UNA CONDESA EMPRENDEDORA Y COMPROMETIDA CON EXTREMADURA
Aprendió hace años el valor natural y patrimonial de su finca Pascualete, en el término municipal de Trujillo, y quiere inculcar a las nuevas generaciones de su familia el valor de la herencia cultural del campo y de quienes viven de él. Ahora apuesta junto a su nieto por preservar esos valores y crear riqueza, ayudando a mantener la tradición rural, fabricando quesos y comercializando otros productos que pueden ser exportados.



5/09/2012
(Publicada el 29 de marzo de en Cincodias.com. Por Paz Álvarez)
Advierte que su espíritu juvenil se debe, única y exclusivamente al trabajo. Porque el “trabajar, ser útil, es un gran placer”. Aline Griffith, condesa de Romanones, nos recibe en su domicilio del Viso, en Madrid, donde desarrolla una intensa vida laboral. Asegura que no vive de las rentas, “necesito escribir libros para ganar dinero”, y que por eso se embarcó en un proyecto empresarial con sus nietos: la Quesería Finca Pascualete, en Trujillo.
Recuerda cuando llegó por primera vez a España procedente de Estados Unidos, “trabajaba para la CIA durante la Segunda Guerra Mundial y fue aquí donde conocí al que, unos años mas tarde, sería mi marido, Luis de Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno, conde de Romanones”.
El aristócrata poseía varias fincas en diferentes lugares de España. Una de ellas era Pascualete, de la que se enamoró al instante y cuyos archivos datan su origen desde el año 1231.”Me fascinó la vida en el campo, su tradición, valor histórico, el ecosistema único que tiene esta zona de Extremadura, y desde entonces dediqué mi vida a preservar este patrimonio natural y cultural, así como el saber popular que se ha ido transmitiendo durante siglos de generación en generación”, asegura.
Ahora intenta que la última generación de su familia sienta el mismo aprecio por la tierra. Quiso recrear y devolver la vida y la actividad al campo. “Antes se trabajaba todo a mano, no había maquinaria agrícola, vivía mucha gente en la finca, era muy agradable y aprendí un nuevo estilo de vida, con raíces, muy diferente a la de Estados Unidos, el país más moderno”, explica Griffith, quien mantuvo una imagen guardada en su retina: la de las mujeres de los pastores que hacían su propio queso. “Tenían una especie de competición entre ellas y yo debía probarlos todos; además, tenían un horno de piedra y hacían su propio pan. El queso y el pan era la comida del campo”, recuerda. Siempre intentó inculcar a sus nietos y a sus cuatro bisnietos el amor por Extremadura y por Pascualete, pero sobre todo, las costumbres de la tierra. “Siempre quise asegurarme de que mi familia seguiría viviendo y trabajando allí”.
Es la base de la Quesería Finca Pascualete, con la que ya han conseguido distintas medallas y reconocimientos en concursos internacionales con algunos de los quesos que allí se producen, entre ellas una cremosa torta que se encuentra entre los mejores 50 mejores quesos del mundo. “Queremos continuar con otros productos de la zona, de manera que creemos puestos de trabajo y negocio para esta región agrícola de Extremadura. Son productos que podemos exportar al extranjero”.


Aline Griffith trabaja al aldo de su nieto Juan Figueroa. Está feliz. “Me da mucha seguridad saber que mi familia tiene trabajo y, sobre todo, que genera riqueza y contribuye al desarrollo de este país. Necesitamos ayudar a crear empleo”, dice esta mujer, de una enorme vitalidad y coquetería. Acostumbrada a las sesiones fotográficas, sugiere hacer un cambio de ropa, o por lo menos de chaqueta, que no duda en cambiar por otra de un color verde luminoso.
Distribuye las horas del día con mucho cuidado. “Nunca tengo tiempo suficiente para hacer todo lo que tengo que hacer”. Escribe a diario, también dedica tiempo a buscar y rebuscdar en los archivos históricos. “Ahora con internet es mucho más fácil”. Pasa muchas horas sentada frente a la mesa de trabajo de su despacho, que tiene en la primera planta del chalét en el que reside, sedentarismo que combate a diario con largas caminatas y con sesiones de natación. “Procuro hacer ejercicio, antes montaba mucho a caballo pero ya no puedo”. Nació en 1923.


INSEPARABLE DE SU AGENDA
Trabaja en un pequeño espacio junto a su amplia habitación, decorada en un rosa muy femenino. En ambas estancias se siente el paso del tiempo, algo que contrasta con las gran vitalidad de la condesa de Romanones. Se muestra locuaz y buena anfitriona, hasta el punto de ofrecer su coche y su chófer a los periodistas, unas vez terminada la entrevista. Le gusta la vida social, la etiqueta y los buenos modales. Una vez al mes celebra una cena en su casa para unas 24 personas: a los caballeros les obliga a vestir esmoquin y a las damas, traje de noche.
“Me gusta mezclar y combinar a gente de distintas especialidades”. Procura atender todos sus compromisos sociales, invitaciones a embajadas o presentaciones de libros ”y eso que estas últimas me aburren en España”. Y reconoce que sus novelas se venden mejor en Estados Unidos que España. Confiesa que no tiene tiempo para echar de menos el pasado, aunque recuerda una época gloriosa, “de baile en baile, en aviones y barcos, vistiendo con elegancia, no como ahora, que ya no se tiene ese placer por gozar de todo ese glamour”.
En su despacho está el retrato de su marido, que la acompaña siempre, como tampoco se desprende de su agenda, que, por supuesto, ha de ser en papel. “Anoto todo y es una ayuda fundamental porque me gusta ser muy organizada y sobre todo muy disciplinada”.
Estás fascinada con las nuevas tecnologías, de las que es una gran usuaria. “Veo a gente de mi edad que no las aprovecha y me da pena porque nos abre otro mundo”. Desde hace años, intenta utilizar el ordenador y se considera una persona con espíritu nuevo. “No tengo problemas con la edad, llevo una vida sana y agitada”.

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