88 años de historia
BREVE BIOGRAFÍA  
Manuel Pérez-Zubizarreta Sánchez, nació en Trujillo, una Feria de Junio del año de gracia de 1922. Su madre le decía a su hermano Ángel, que tenia 6 años, que le habían traído las «Moras», una familia ceutí que todos los años se establecían con un famoso puesto de turrones en la feria.
En la actualidad tiene 88 años y hace 66 años que se enamoró de una muchachita preciosa que llegó a Trujillo procedente  de Guadalajara. Se casó en Madrid el año 1949, teniendo ella tenía 18 años y él 26, en la Iglesia de Santa Isabel y Santa Teresa, sita en la calle Santa Engracia.
A los 20 años, su mujer Luisa tuvo su primera hija Marigel; a los 22 a Manolo y a los 29 años, a María Teresa. Y en la actualidad ya tiene dos bisnietos: el mayor con 13 años y una niña de 8 meses.
Estudió Farmacia en Madrid, en la facultad situada en la Calle de la Farmacia, porque la Ciudad Universitaria quedó destruida por motivo de la Guerra Civil que por entonces asolaba España.
Terminó sus estudios el año 1947 y comenzó a trabajar en Trujillo en el «Laboratorio Súper» del que era propietario su padre, y estaba destinado a la fabricación de productos para la ganadería y agricultura. En agosto de 1950 fue nombrado profesor del ciclo de Ciencias Naturales en el Centro de Enseñanza Media de Trujillo. En 1952 marchó a Madrid a realizar un curso de análisis clínicos con el doctor Romañá y después al Instituto Llorente y a la Cruz Roja, para luego establecerse particularmente en Trujillo.
En el año 1953, junto al doctor Ríos, licenciado en Ciencias Físico Químicas, montó el primer y único laboratorio de análisis de tierras de la provincia de Cáceres, que está registrado en la Jefatura Agronómica con el número 1. Ese mismo año fue nombrado analista de la Seguridad Social en el Ambulatorio de Trujillo, plaza que ha desempeñado hasta su jubilación, el año 1987.
El año 1959 fue nombrado vocal de Análisis del Colegio Farmacéutico de Cáceres  y en 1967 abrió una farmacia en la Calle Marques de Albayda de Trujillo.

«A mis 88 años, tengo amigos en Facebook que podrían ser mis nietos y aprendo mucho de ellos»
La verdadera vocación de Manolo siempre ha sido la música, el violín para ser más exactos: «un instrumento bellísimo y difícil de tocar, como decía mi padre. Él tocaba la flauta travesera y su deseo era que yo aprendiera a tocar este instrumento», comenta Manolo al tiempo que recuerda que «fue una casualidad que en el trastero de casa había un violín ´tres cuartos´  de no sabemos qué procedencia y gracias a este hallazgo, pude convencerle y realizar mi sueño. Al día siguiente fui a casa de Ramón Jiménez, organista de San Martín y profesor de piano, para empezar las clases», comenta Manolo.
A los pocos años de estudio, acompañado por su maestro, ya actuaba en la iglesia de San Martín, interpretando la Misa de Lorenzo Perosi, y también en la novena del Cristo de la Salud, en la ermita de San Lázaro.
«En estas actuaciones, brotaban de lo más profundo del alma de mi violín las notas sacras de un ´Kyrie Eleisón´ o de un ´Gloria´, porque, por si alguno no lo sabe, el violín tiene alma. Cuando con mi maestro tocaba en los bailes que se celebraban en las escuelas de la carretera de Cáceres para deleite de la tropa, del alma de mi violín surgían las notas alegres de Ay Mari Cruz Mari Cruz, /maravilla de mujer,/ del barrio de Santa Cruz/ tu eres un rojo clavel”…O en el Bar Pillete acompañado al piano por Julio Andray, amenizando a los clientes», recuerda con nostalgia.
Cuando el año 1940 marchó a Madrid, continuó sus estudios de violín con Carlos Sedano Muro, profesor del Conservatorio de Madrid e ingresó en la tuna, donde encontró a adelantados estudiantes de dicho conservatorio, como Criales -que fue primer violín de la Orquesta de Televisión Española-, o a Jesús Corvino, un gran concertista.
Ya en Trujillo, formó parte de la «Rondalla Santa Cecilia» y a los 50 años, empezó a hacer pinitos en el mundo de la composición, ayudado del piano y un programa de ordenador.
Posee 18 composiciones registradas en la Sociedad General de Autores  y ha compuesto más 50.obras, unas con letra de Justo Paredes y otras de Luís Andrada. También tiene editado un C D titulado «Canto a Extremadura» con 13 canciones a los distintos pueblos y regiones, con letras de Guillermo Segovia y cantadas por él.
«Últimamente, a mis 88 años ya no puedo seguir componiendo a causa de mi oído; no oigo casi nada así es que me dedico a poner imágenes a mis composiciones con un programa informático que me ha dejado mi amigo David Fernández, de Comarcalia TV, y al que agradezco mucho que me haya ayudado en mis comienzos», comenta.
Se  dedica también a escribir artículos para la Revista Comarca y con el compendio de todos ellos quiere editar un pequeño libro.
Manuel es asimismo un gran amante del cine y de la pintura. En su haber tiene varios cortometrajes con los que participó en un certamen de cine amateur de Cáceres y Badajoz, en el que ganó un premio a la mejor fotografía con el documental «Viaje a Asturias y Cantabria».
«La pintura la descubrí más tardíamente, ya que comencé a pintar a los 36 años, practicando varias técnicas. Nunca tuve profesor de pintura y soy autodidacta. He realizado exposiciones en Trujillo, Plasencia, Cáceres y Madrid y en mi vida he pintado unas 200 obras entre esmaltes, óleos y acuarelas», explica. Precisamente con obras suyo consiguió el segundo premio «Ciudad de Trujillo» en el año 1981 y el primer premio de este certamen tres años después, en 1984. Últimamente ha conseguid otro premio con un esmalte en un certamen cuyo nombre no recuerda bien, pero sabe que está relacionado con el mar.
Hombre polifacético, practicó la pesca deportiva, sobre la que tiene escrito un libro, y el tenis, que comenzó a practicarlo a los 50 años «y en Trujillo gané  varios trofeos de veteranos y uno en San Juan (Alicante)», apunta anecdótico y orgulloso.
  
HACE 50 AÑOS
Como profesional de la sanidad, la percepción de Manuel Pérez-Zubizarreta sobre lo que ha cambiado en medio siglo es sencillo. Relata que hace 50 años, cuando él tenía 38 años, trabajaba en el Ambulatorio de analista, y por tanto conocía como se ejercía la medicina en Trujillo. «
El medico después de pasar la consulta en el Ambulatorio se dedicaba a visitar a sus enfermos, incluso dos veces en el día, según su gravedad, motivo por el que los médicos se llamaban de Asistencia Publica Domiciliaria. Con pocos medios, tenían que resolver todos los problemas que se le presentaban. Como los partos eran en las casas, recuerdo a don Luís Aguado con su maletín, con el material necesario para el caso, atendiendo a una parturienta durante tres días. También recuerdo a don Ildefonso Ramos antes de tener el hospital, operar una apendicitis  a una enferma en una habitación de su casa», detalla Manuel.
Y en relación a su profesión concreta como analista, refiere que en aquel tiempo «los leucocitos y hematíes había que verlos con el microscopio y contarlos en una cámara con una cuadricula. Y las determinaciones de bioquímica, se hacían en tubos de ensayo y teniendo a veces que preparar yo algunos reactivos para su determinación. Hoy todo esto lo hacen sofisticados aparatos».
Asegura convencido que 50 años después, con el Centro de Alta Resolución la sanidad ha mejorado mucho, que hay más medios para el diagnostico de las enfermedades, «a pesar de que faltan especialistas para lo que el centro esta preparado. En cambio hace 50 años, en el Ambulatorio había los mismos especialistas que ahora: Pediatría, Otorrinolaringología, Odontología, Oftalmología, Ginecología, Pulmón y Corazón, Digestivo, Radiología y Análisis Clínicos; todos con consultas diarias, cosa que no ocurre ahora en este gran Centro. En esto vamos para atrás», apostilla.
Hablando de la vida política de Trujillo de hace 50 años, afirma que en el ayuntamiento ni el alcalde ni los concejales tenían sueldo, «y a pesar de ello, había menos dificultad para encontrar personas competentes dispuestas a trabajar por su pueblo. En cambio hoy los partidos políticos, tengo entendido que  les cuesta trabajo encontrar personas dispuestas a sacrificarse».
Por aquellos tiempos, recuerda que la parte antigua de Trujillo estaba muy abandonada «hasta que vinieron los señores de Salas y comenzaron a promocionarla. Por mediación de ellos se compraron muchas casas solariegas que estaban abandonadas y sus nuevos  propietarios las adecentaron y habitaron. Sé que fueron muy criticados y no sé la razón; me pregunto si tal vez fue porque se privatizaron muchos edificios, pero estos edificios estaban también en poder de particulares. Lo ideal hubiese sido que la Comunidad los hubiera restaurado, pero se necesitaba mucho dinero y nunca se hubiera realizado», apunta.
Cuenta que cuando él era niño, «nada menos que el castillo no era de dominio público, pertenecía a la familia Vázquez y nadie protestaba. Hoy esto ha cambiado radicalmente y la villa está bastante más decente que hace 50 años y es visitada por infinidad de turistas».
Manuel Pérez-Zubizarreta se muestra satisfecho por su trabajo desempeñado durante 40 años, realizando los análisis que prescribían  los médicos en la Seguridad Social y ayudando a los enfermos pobres del Hospital de la Concepción, en donde realizaba gratis los análisis que prescribía el director, Ildefonso Ramos, quien tampoco cobraba nada.
Igualmente se declara orgulloso de sus canciones y de sus cuadros de Trujillo, con los que considera que, a su modo, ha ayudado a dar a conocer «nuestro bello pueblo, del que soy un  ferviente enamorado», en España y también en varias ciudades del extranjero, a donde fueron a parar alguno de sus cuadros.
Para él, Trujillo significa mucho; ha sido el pueblo donde ha nacido y vivido muchos años. En él conoció a su esposa y formó una familia de la que está orgulloso. En Trujillo ha pasado su niñez, jugando con los amigos en la plaza a los juegos de entonces: bolindres, peón, tirables… Y en la juventud disfrutando de sus fiestas, sobre todo de las famosas capeas en la Plaza Mayor y de las Pascuas, «donde podías coger de la mano o el brazo a las chicas, que fuera de estas fiestas te estaba prohibido».
Desde el punto de vista social, el Trujillo actual, en opinión de Manuel, ha cambiado poco en estos 50 años, «quizá haya menos desigualdad entre las distintas clases socales».
Sin embargo, lo que más le preocupa del momento actual es «la crisis tan tremenda que afecta a todas las clases sociales, especialmente a los que se quedan sin trabajo. Creo que algo se hubiera podido evitar  tomado medidas a tiempo».
Está convencido de que la cultura es muy importante pero que «depende más de las personas que tengan interés en cultivarse, que de los medios, que en Trujillo los hay». Y sobre la política dice que se necesita gente muy preparada y con ganas de trabajar para poder gobernar un pueblo. «y desde luego, nunca será a gusto de todos».
Cuenta con gracia, que hace muchos años en el Ayuntamiento de Trujillo había un portero  apodado «Algodones» y cuando al alcalde le criticaban su manera de resolver  los asuntos, se marchaba dando un portazo y les decía cabreado: «¡Que os gobierne Algodones!», y sonríe.
Algunos aspectos que Manuel Pérez-Zubizarreta considera urgentes para Trujillo es que se nos preste más atención en los estamentos superiores, «donde creo que nos hacen poco caso. Para ello el Ayuntamiento tiene que tener fuerza para plantarse ante el presidente de la Comunidad y exponerle las necesidades de la ciudad. El turismo es uno de los ingresos más importantes de una ciudad turística como es Trujillo. La gente, los establecimientos, ya sean comercio, bares o restaurantes, tienen que hacer todo lo posible para que los que nos visitan, se encuentren a gusto en esta ciudad y se marchen contentos. Y ellos serán los principales promotores del turismo si se marchan contentos y esto es una propaganda barata y eficaz».
A sus 88 años, opina Manuel que puede aportar poco a Trujillo, pero rápidamente rectifica y espeta: «¡o algo quizás muy importante!»: enseñar a sus paisanos cómo se puede llegar después de la jubilación a la vejez con ilusión y con ganas de aprender cosas nuevas. «Yo ahora en Facebook me he hecho amigo de personas que podían ser mis nietos de los que también se aprende mucho».
El Trujillo del futuro es para este hombre incansable conseguir una ciudad bien cuidada limpia, y llena de turistas todos los días «porque estoy convencido de que es el más importante ingreso que puede tener esta bella ciudad», concluye.
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