¿MARCA EXTREMADURA? MEJOR... ¡EXTREMADURA MARCA!

Esta mañana salto la noticia de que un antiguo jugador internacional alemán había sido detenido en Trujillo por ir a 211 km/h por la A-5 a la altura de mi localidad. En los comentarios de esta noticia en algún periódico, había algún insigne ciudadano de esa provincia que es Cataluña que se preguntaba que si en Extremadura había autovías y que con qué dinero se había construido esa autovía. Pues le voy a contestar con una sencilla descripción de una tierra que usted parece no conocer y a la que quizás le deba más de lo que cree.
Hace algunos años, un director general de Turismo de la Junta de Extremadura ideó una campaña publicitaria, a nivel nacional, en la que mostrando alguna imagen de Extremadura preguntaba “¿Lo conoces? ¿No? No seas paleto” utilizando ese término peyorativo con el que los urbanitas se suelen referir a los ciudadanos de campo. La campaña levantó tanta polémica, más que nada por la utilización del término mencionado, que el Director de Turismo tuvo que dimitir. Leyendo comentarios como el de esta mañana, creo que el término paleto estaba muy bien utilizado.
Y lo digo porque creo que hay urbanitas que lo más lejos que han salido es al cartel de fin de término municipal de su ciudad, que no saben distinguir una oveja de una vaca y que su nivel cultural está bastante reñido con su nivel económico.
Extremadura es una región para quererla, admirarla y disfrutarla. Aquellos que no salen de esas cárceles de hormigón que son sus ciudades, jamás podrán disfrutar de este paraíso.

Extremadura es una región milenaria, aunque no por nombre, si por pobladores. Los primeros pobladores aparecerían en esta región en el paleolítico inferior, datado lo bastante bien en sus numerosos yacimiento, y por nuestra región pasarían pueblos como los vetones, los Lusitanos (el famoso Viriato que algunos solo conocen de la serie de televisión), los celtas y por supuesto los romanos, hasta tal punto que Mérida (Emérita Augusta) se convirtió en la capital de la provincia de la Lusitania, una de las regiones en las que los romanos dividirían la Península Ibérica, siendo una de las ciudades más ricas e importantes de la época. Posteriormente, los árabes tendrían un peso también importante en nuestra región, creando los Reinos Taifas de Badajoz y numerosas construcciones que atestiguan su paso (castillos, alcazabas, aljibes, edificios, etc). En la Edad Media Extremadura no pierde importancia, y por poner un ejemplo, en Trujillo se va a reafirmar el famoso tratado de “tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando” que significaba la unión de las coronas de Castilla y Aragón. De Extremadura partirán también la mayoría de los conquistadores, exploradores y descubridores (Pizarro, Cortés, Alonso Valiente, Ñuflo de Chávez y Pedro de Valdivia entre otros) que harían que América fuera una provincia más de España, hasta tal punto de que Carlos I de España y V de Alemania pronunciara la famosa frase de “en mi imperio nunca se pone el sol”
A partir del Siglo XVII será cuando comience la “decadencia” de esta región, no económica pero si en importancia. La Guerra de Restauración de Portugal, la Guerra de sucesión española y la Guerra de la independencia supuso para la región la destrucción de muchas de sus ciudades, el expolio de importantes obras de cultura y el despoblamiento de la mayoría de los núcleos habitacionales de la región.
Y el siglo XX viene marcado por la emigración. Se estima que entre 800.000 o 900.000 extremeños se buscarían la vida en otras regiones (sobre todo Madrid, País Vasco y Cataluña) u otros países.
Pero Extremadura no es tan solo historia. Es también cultura. Multitud de museos (el museo nacional de arte romano, El museo Vostell, el MEIAC de Badajoz, el Museo etnográfico y textil Pérez Enciso de Plasencia, el centro de artes Visuales Helga de Alvear y el museo arqueológico municipal de Cáceres, el museo catedralicio de Plasencia, etcétera), junto con las ciudades en las que están ubicados, encabezadas por Mérida y Cáceres, ciudades patrimonio de la humanidad, junto a Plasencia, Trujillo, Badajoz, Jerez de los Caballeros, Olivenza, Zafra, etcétera y su historia, mitos y leyendas, componen una oferta cultural capaz de satisfacer al más exigente.
Pero además Extremadura es también naturaleza. Desde el encanto y el misterio de Las Hurdes, pasando por los paisajes de la sierra de Gata, El parque Nacional de Monfragüe, Las Villuercas, la esplendorosa formación de los Barruecos, los llanos y penillanuras que se extienden por la región, las zonas húmedas, la zona de la Raya, Tentudía, Tierra de Barros, la Campiña sur, sirven para ensimismar a todo aquel que se esperaba una Extremadura amarilla, quemada por el sol, un desierto de solana que no tendría vida. Para aquellos que desconozcan el dato, Extremadura es la región española que más kilómetros de costa tiene (interior, pero costa al fin y al cabo) y es la única región que cuenta con una playa artificial a la que se le ha concedido la bandera azul (pantano de Orellana)
Por cierto ¿Qué decir de la gastronomía extremeña? Manjares con denominación de origen (la cereza del Jerte, el pimentón de la vera, la ternera extremeña, el Jamón ibérico de bellota, la miel de Villuerca ibores, las tortas del Casar o de La Serena), platos que te llaman y te atraen como las sirenas atraían a Ulises con sus cantos (la caldereta de cordero, las migas extremeñas, el matajambres de las Hurdes, los productos derivados del cerdo, las tortillas de espárragos o cardillos) caldos y licores capaz de embriagar al dios Dionisio (Vinos de denominación de origen Ribera del Guadiana, Cava de Extremadura, aguardientes, cremas, etcétera) y una repostería capaz de endulzar una vida entera. Esta gastronomía está acompañada por ferias, con una importancia sobradamente destacada, como puede ser la Feria del Queso en Trujillo, el salón del Vino y la aceituna en Almendralejo, la feria del Jamón en Jerez de los Caballeros y el salón del Jamón en Monesterio o la Fiesta de la tenca en la mancomunidad Tajo-Salor.
Por último hablar de las Fiestas. Fiestas que remarcan el carácter tradicional de nuestra región, transmitidas de generación en generación (las carantoñas, el Peropalo, el Jarramplas, el Chiviri), fiestas culturales (el festival de teatro clásico de Mérida, El festival de teatro clásico de Alcántara) fiestas religiosas (semanas santas declaradas de interés turístico regional, nacional e incluso internacional) y carnavales a la altura de los más importantes (Badajoz y Campo Arañuelo).
Podría estarme siglos contando las bondades de nuestra tierra, pero como dice el refrán “una imagen vale más que mil palabras” por lo que recomiendo a todos aquellos que todavía no la conozcan y lean este artículo a que se den una vueltecita por nuestra región, que seguro que al final volverán, porque ya digo que “Extremadura marca”.
Y para terminar y responder a ese simpático ciudadano catalán que se preguntaba cómo es que en Extremadura hay autovías, ciudadano por el que a lo mejor corre un poco de sangre extremeña, por mucho que le cueste reconocerlo, solo le haría una pregunta:¿Conoces Extremadura? ¿No? No seas paleto hombre.

José M. Búrdalo Ramos


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