PROTEGER EL MONUMENTO Y EL MEDIO
Sr. Director:
Leo entusiasmado la noticia de que nos están visitando más turistas extranjeros que nunca. Es algo que tiene que alegrarnos por doble motivo: porque son ingresos para la ciudad, que los necesita mucho, y porque así tal vez aquellos que desearían eliminar todo lo que es característico de Trujillo, lo que nos da carácter y nos separa de otras ciudades arrasadas o terciarizadas, vayan entrando en razón y se hagan conscientes de que nuestro mayor activo es el rico pasado trujillano, infinitamente más logrado y mejor que el presente, por bueno que este sea, sin entrar en más consideraciones que las puramente arquitectónicas.
Si algo podemos ofrecer al visitante es una ciudad que, a pesar de los palos recibidos en los últimos años, todavía mantiene en pie los suficientes elementos como para justificar la visita. Porque, a ver si se entiende de una vez, los turistas no vienen a vernos la cara a los habitantes (no llevamos huesos en la nariz ni nada extraño que lo justificase) sino a un Trujillo que fue, que todavía pervive en buena parte y que tenemos la obligación de legar lo más intacto posible a nuestros descendientes.
Es enorme la responsabilidad de los políticos al respecto. Pasar a la intrahistoria de un lugar como aquel que permitió o propició tales o cuales desmanes y atentados no es precisamente un timbre de gloria.
El error habitual, ya lo hemos comentado usted y yo más de una vez, es proteger el monumento y cargarse el medio en el que este se asienta. Un error que termina por pagarse caro pues, como en muchos otros pueblos de la geografía española, el valor de Trujillo no es el de tal o cual monumento aislado sino el de un conjunto en el que todavía puede leerse muy bien el paso de la historia.
Cordialmente,

Pancho Ortuño


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