LA DIETA DE LAS “POLÉMICAS GRATUITAS”


Yo creía que en los tiempos que corren la censura ya no se llevaba, hasta que hace unos días he sido víctima de ella. Y es que al parecer, en la revista Comarca de Trujillo que edita mensualmente la hermandad de la Virgen de la Victoria, no todo el mundo tiene derecho a réplica. Puedo entender que se criben aquellos artículos que dañen a la Hermandad, a la Iglesia, a quien ellos crean oportuno, pero impedir la publicación de un artículo respetuoso, cortés y considerado, encaminado a defender los ataques que sobre mi persona se han vertido, alegando que no quieren alimentar “polémicas gratuitas”, me parece muy poco ético.

Todo comenzó cuando leyendo esta revista, observé una relación de donativos que instituciones y particulares habían dado, para hacer una estatua de bronce a Don Ramón, y vi que entre estas instituciones figuraba “Cáritas Interparroquial de Trujillo”, tal como está escrito, con una aportación de 500 euros. Lo observado me indignó tanto, que me envalentoné y dejando lo políticamente correcto de lado, escribí unas críticas líneas encaminadas a pedir explicaciones sobre dicha aportación. Me parecía tremendamente pecaminoso que una entidad, que recauda dinero con el único fin de destinarlo a ayudar a los pobres diera donativos de éste tipo, y pedía en mi artículo que la próxima vez que decidan hacer un presente de estas características se lo piensen bien, pues de lo contrario yo y muchos como yo, vamos a tener que pensarnos dos veces hacer una donación para esta entidad.

Pues bien, mis atrevidas líneas, aún sabiendo que alimentaban polémicas gratuitas, pasaron la criba de la censura, a pesar de que algunos intentaron por todos los medios impedir la publicación del artículo, llegando incluso a solicitar “asilo político”, saliendo publicado en la tradicional revista trujillana en el mes de junio. Nunca pensé que el artículo iba a resultar tan polémico, a pesar de que mucho antes de que saliese la edición de ese mes, ya se sabía tanto el autor como el contenido, pululando un ambiente hostil entre las personas que no compartían mis palabras, bastantes días antes de su publicación. Tanto es así que me convirtieron en el protagonista del Comarca del mes pasado.

Si bien es cierto que mis palabras merecían una aclaración por parte de Cáritas Interparroquial de Trujillo, no creo que fuera necesario la intervención de tres personas, con sus tres artículos, para justificar tantas veces que han sido algunos voluntarios de Cáritas los que han dado el donativo, porque como dirían en nuestra ciudad en tiempos medievales “excusatio non petita accusatio manifesta”. Por ello y por los ataques que sobre mi persona se han vertido, me veo en la obligación de escribir el presente artículo.

Como observareis por el resultado obtenido, ningún gancho me une a los miembros de Comarca, como espetaba Vicente Vega, administrador de Cáritas, en su artículo. Ni tampoco mis palabras atacaban a la Iglesia, como se atrevió a indicar, pues me consta que en la redacción de Comarca se cuidan muy mucho de publicar artículos que ataquen a la Iglesia, por eso creo que acertaron en la publicación del mío, pues no consideraron, al igual que yo, que mis palabras fueran ofensivas. Mis palabras criticaban la gestión de algunos que pertenecen a la Iglesia, gestión que quedó plasmada en el Comarca del mes de mayo, donde se publicó que “Cáritas Interparroquial de Trujillo, donaba 500 euros para el homenaje a Don Ramón”, y que en el último número de Comarca, Vicente Vega aclaraba, asumiendo vagamente el error cometido al poner el nombre de la institución en vez de el de “voluntarios de Cáritas”. Quiero recalcar que en lugar de asumir el error abiertamente, se dedicó a intentar trasladar al lector mis “flaquezas”, aludiendo intencionadamente y atacando mi juventud y mi persona. Desde luego, no lo consiguió.

Los hechos, al parecer, no son como yo creía que eran, pero yo en su momento lo interpreté de se modo porque confío en la redacción del Comarca y en lo que en ellos datan en sus artículo. Por eso al ver que Cáritas había dado ese dinero, que es la información que en su día me llegó a mi y a todos los lectores de la revista, decidí publicar mi artículo, sin contrastar las fuentes, pues como comprenderán, yo, sin ser socio de Cáritas, no tengo ningún derecho a pedir explicaciones sobre sus cuentas y además, no voy a ir contrastando por ahí cada noticia publicada en dicha revista, pues creo plenamente, y así lo seguiré haciendo, en lo que los redactores de Comarca plasman en las hojas de tan emblemática revista.

Este señor, se equivoca al pensar que mis palabras dañan a la institución a la que pertenece, pues lo que le daña a Cáritas, son fallos como los que él cometió y que gracias a mis líneas, ha podido subsanar y explicar a los lectores de la revista. No debería pensar este señor que soy el único que interpretó que era una mala gestión, lo único que hice fue tener la valentía de criticarlo y poner en mi pluma la voz de muchos trujillanos, que critican a las espaldas (criticas constructivas, por supuesto) por no tener el valor de publicar sus opiniones en ningún medio. Y hablo con la verdad y a sabiendas de lo que digo, pues han sido más de una veintena, las personas que han acudido a darme su apoyo, a pesar de mí supuesto anonimato del que más adelante hablaremos.

También tuve el coraje de criticar que se gastaran 20.000 euros en la estatua a Don Ramón, y no por el hecho de que no se lo merezca, que se lo merece, sino porque no es lo que hubiera querido él. Parece que el monumento lo hicieran para sentirse mejor con ellos mismos. Yo decía que en los tiempos en los que nos está tocando vivir, lo que a Don Ramón le hubiese gustado es que se recaudaran 20.000 euros para ayudar de una forma u otra a los pobres y no para una estatua con su efigie porque, como nos cuentan, le apasionaba ayudar a los pobres. Para que les quede claro lo que yo quise expresar les pondré un ejemplo; si yo fuera merecedor de una estatua (que no lo soy), me gustaría que en vez de gastar esa pomposa cantidad de dinero en un homenaje hacia mi persona, lo dedicaran a realzar un poco más la Semana Santa trujillana, porque a mi me entusiasma esta Semana de Pasión. Como veréis lejos está mi reflexión de dejar sin fiestas patronales, o sin Semana Santa a mis paisanos, como me imputaron algunos.


El dichoso artículo, iba firmado con mis iniciales, que para los que me conocéis, es suficiente, pues con la Q de mi apellido, se puede llegar fácilmente a una conclusión acertada. Aún así un día después de mandar mi artículo me arrepentí, porque de sabios es rectificar, y pedí mediante correo electrónico al coordinador de Comarca, que se publicara el artículo con mi nombre completo. Por si quedaban dudas, nuevamente cuatro días más tarde insistí por el mismo medio que se publicase sin anonimato en respuesta a otro correo que me pedía que confirmara la publicación de mi artículo. No se porqué, pero al final salió con mis iniciales en vez de mi nombre completo, supongo que como todos somos humanos, a Luis se le pasaría. Como veréis, lejos estaba mi intención de esconderme detrás del anonimato tal como me acusaban en todos las respuestas que obtuve. Anonimato que, por cierto, en ningún momento intentaron mantener, todo lo contrario, mi artículo estuvo pululando por las retinas de muchas personas que fueron informadas de mi nombre, mis apellidos e incluso detalles sobre la familia a la que pertenezco, antes de salir publicado en la revista.

Un “iluminado anónimo”, con gancho en la redacción de Comarca, pues si no fuera así le hubieran impedido publicar su artículo, ya que carecía de nombre, iniciales o seudónimo, requisito imprescindible para pasar la criba, se atrevió a lanzar una serie de calumnias, atacándome a mí y a todo cuanto me rodea, embistiendo a las asociaciones a las que pertenezco con el único fin de hacerme daño, sin saber que daña a mucha más gente de la que él cree, defendiendo soberanamente que el dinero que se invierte en la Semana Santa se destine a los pobres, dándoselas de buen Cristiano, titulando su artículo “Otro indignado enfadado”, sin saber que un sentimiento que causa indignación y enfado, es Ira, que es uno de los siete pecados capitales. Acusando a las personas que formamos la Semana Santa trujillana de “malos Cristianos”, viendo la paja en el ojo del prójimo sin ver la viga que hay en el suyo.

No tendría por qué dar explicaciones sobre lo que hacen las asociaciones a las que pertenezco, pues yo he escrito a título personal y no en representación de nada ni nadie. Pero ya que estamos y aprovechando que “el Magasca pasa por Trujillo”, le aclararé al anónimo éste y a todos los que piensen como él, que yo no manejo ningún dinero nada más que el mío, que las dictaduras, gracias a Dios, se acabaron ya, y que todos los gastos que se producen en las Cofradías se hacen por consenso al menos de la directiva, me sorprende que haya personas que no conozcan este funcionamiento. Por ello yo no puedo disponer a mi antojo de esos fondos y dárselo a los pobres, pero sí les diré que los donativos recaudados en la Exposición de Semana Santa de éste año, se han donado a Cáritas y que en la Hermandad de las Angustias, de la cual soy vocal, en la última Asamblea, se propuso adornar el paso con flores del campo y donar el dinero para Cáritas, contestando los socios que ellos pagaban sus cuotas para ver adornadas las imágenes en Semana Santa y que darían los donativos a Cáritas de su bolsillo y no de las arcas de la Hermandad.

Finalmente quiero recalcar, que toda la información que me llegue a través de Comarca siempre la consideraré veraz, y no dudéis un solo momento que cogeré papel y lápiz, me cargaré de valentía y criticaré aquello que considere injusto, sin faltar en ningún momento el respeto a nadie.

Agradezco la posibilidad que este medio, la Opinión, me da para defenderme, posibilidad que creo justa y que otros me han negado. Aún así me alegro que me censuren, pues me han dado la oportunidad de publicarlo en este medio, que con el soporte digital que posee, tiene mayor difusión de la que pueda tener la revista Comarca, y donde gracias a la independencia y pluralidad del mismo, no existe la censura y uno puede decir exactamente lo que piensa.


Manuel Quesada Fernández


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