LLAMAR Y SALIR CORRIENDO

El otro día sonó el teléfono en casa y me levanté a cogerlo. Mi teléfono es de los que se ve en la pantalla el número que te está llamando, vamos como los móviles que todos tenemos, y esto está bien para dar largas a llamadas que no te interesan. Las que pone en la pantalla “número privado”, esas conmigo lo llevan claro, no ando cogiendo ninguna; otras que no descuelgo son las llamadas desde centralitas, que tienen más números que pantalla hay en el teléfono, se salen de ella por todos lados, con esas tampoco me complico la vida.
Con llamadas de propaganda he decidido no complicármela tampoco, estos días atrás me querían vender un colchón, “Lo Mónaco” por lo visto, pero yo le fui sincero a la señora o señorita que estaba al otro lado del teléfono: “mire, no pierda más tiempo conmigo porque no voy a comprar nada, hace muy poco tiempo que cambie el colchón, lo siento. ¡Vale! Hasta luego”. Así ni pierdo yo el tiempo, ni lo pierde ella.
El último que llamó de propagandas era de “Vodafone”. Éste me llamo al móvil, era un tío muy educado como todos los que se dedican a esas cosas y, por lo visto, me quería ofertar algo de su compañía y antes de que pudiera seguir dándome la charla, le dije: “perdón, en estos momentos voy conduciendo y no tengo manos libres, lo siento pero no puedo seguir hablando”.
Este trabajo no tiene que ser muy agradable, porque la mayoría de la gente suele hacer lo mismo que yo, por lo tanto ellos, que cobrarán según sus ventas, tendrán días que “no se coman una rosca”, aunque, la verdad es que la culpa la tienen todas las compañías de cualquier cosa, porque nos han hartado tanto con llamadas día sí y día también, y estamos todos “asqueados” cuando descolgamos el teléfono y oímos la palabra: ”le llamamos de...” ¡Bufff! (pensamos ¿quién será el pesado o pesada que me llama ahora, encima de que casi nunca respetan las horas sagradas de siesta?). Por si venden poco normalmente, al que cogen recién despertado de siesta que se olviden de venderle nada o, a lo peor, al estar medio dormido todavía, son capaces de engañarle.
El caso que el otro día sonó el teléfono y el número era de aquí, 927 32... (no me acuerdo de más ni tampoco lo pienso poner), lo descuelgo y digo como siempre respondo:
- Sí.
- Esto es un mensaje “movistar”, le recordamos que el numero al que llama, está apagado o fuera de cobertura.
Esa fue la respuesta que recibí desde el otro lado del teléfono. La voz del niño podía tener 10 o 12 años, no más, y según acabó de decir esas palabras, colgó el teléfono. Yo podía haberle interrumpido antes de que acabara de decir lo que me dijo, pero me pareció tan curioso lo que estaba escuchando, que me quede inmóvil y expectante: el niño lo iba diciendo despacio e intentaba poner la voz que a todos nos contesta cuando llamamos a alguien que no tiene cobertura.
Justo antes de colgar, escuché risas a su lado, y es que, seguramente, estaba en su casa sólo con amigos y estarían aburridos. Les había dado por coger el teléfono de casa y llamar a la gente para reírse un rato, no tenían que ser muy mayores porque si no sabrían de sobra que el número desde donde llamaban podía ser visible y les podía delatar.
Después de colgar me vino a la mente los juegos que nosotros practicábamos y que pudieran estar relacionados con éste. Claro está, antiguamente solo cuatro gatos tenían teléfono, por lo tanto lo que más se me parece al juego este de llamar por teléfono, es el que hacíamos en las casas del pueblo que tenían timbre, tocábamos y gilipollas el último. Ese juego era mucho más sano que el de ahora, por aquellos entonces hacíamos más kilómetros todas las noches, que la maleta de un fugitivo y, de vez en cuando, si tenías la mala suerte de emparejar con el dueño de la casa detrás de la puerta, te tocaba el premio de llevarte una buena “colleja”.
Ahora todo es más cómodo, desde el sofá de casa pueden cachondearse de cualquiera, sin tener que mover un solo músculo.
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