Aspirantes a una declaración universal

Enero es el mes elegido por medio mundo para promocionar el turismo en la Feria Internacional del Turismo (FITUR) de Madrid. Centenares de países y miles de touroperadores, empresas del sector de todo el planeta acuden a esta cita anual con el único fin de mostrar los valores turísticos de sus ciudades, su patrimonio cultural, monumental, ambiental o etnográfico y las irrepetibles ofertas que cada uno ofrece para disfrutar de sus bonanzas.


La ciudad de Trujillo ha acudido a esta cita para presentar algo que los responsables municipales de Turismo consideran como el `gancho´ para atraer turistas en el año 2001: el Año Orellana. Desde luego, muchos motivos hay para justificar esta celebración centenaria, que ha sido bien acogida institucionalmente, tanto a nivel regional como estatal, y que promete en su carta de presentación ser una onda expansiva que haga mover otros sectores este año, que se presenta muy difícil y complicado.


Con menor alborozo ha sido acogido el Año Orellana por el sector empresarial, quien tiene serias dudas sobre la repercusióin que sobre el sector pueden tener las actividades programadas para su celebración y que han sido recientemente presentadas por la titular de Cultura. A la vista del mismo, ha cundido la sensación en el sector empresarial del «mucho ruido y pocas nueces» y un pesimismo creciente sobre las bondades que el denostado Orellana puede acarrear a la ciudad que le vio nacer hace 500 años.


Por otra parte, como ´gancho´de menor rango los munícipes han manejado la deseada declaración del eje Trujillo, Monfragüe y Plasencia como Patrimonio de la Humanidad, cuya trayectoria va lenta pero bastante segura. Al principio, todos los sectores, especialmente el político,  mostraron su convencimiento de que la declaración como bien universal de «Plasencia y el resto» - como se califica en algunos mentideros-, sería un revulsivo importante para la dinamización de Trujillo y su zona de influencia. Esta sensación igualmente se va disipando a la vista de un fofo, casi inexistente proyecto, que justifique a Trujillo con los méritos suficientes para esta declaración y, lo más importante, su proyección de futuro.


En definitiva, estos han sido los mimbres que el Consistorio ha manejado para presentar las cualidades turísticas de Trujillo en Madrid para el mundo. La ausencia de una política concreta y contundete en materia de turismo es un asunto que urge a una ciudad. cuyo medio de subsistencia está basado en el sector servicios en un 80 por ciento. A la FITUR de Madrid no se puede ir a echar el rato, sin técnicos cualificados, sin visitas programadas a profesionales de la compra-venta turística  y sin nada que vender en la alforja, salvo algo que Trujillo posee desde siempre: su potente patrimonio cultural, histórico y monumental, que incluso podría parecer mancillado dependiendo de quien lo presente.


No tiene sentido vender la piel del oso antes de que esté cazado, o lo que es lo mismo, vender que Trujillo aspira a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por lo que posee, pues eso es algo de sobra conocido. Se necesitan proyectos potentes y diversificados que atraigan a turistas potenciales de otros países. Ya han descubierto el turismo de la naturaleza, el avistamiento de pájaros; ahora pueden descubrir otros tipos de turismo: el de aventura, el linguístico, el enológico y gastronómico, etcétera Solo falta que ls técnicos los diseñen, organicen y vendan.

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