AL FUTURO QUE VIENE, PUENTE DE PLATA


Los ciudadanos han hablado y han sido rotundos: quieren un cambio. Ahora los analistas políticos comenzarán a manejar conceptos como “ voto de castigo y voto cautivo” u otras lindezas para justificar el cambio de rumbo que se ha producido no sólo en Trujillo, sino también en Extremadura y en el mapa autonómico español.
Desde luego, no cabe duda de que en estos comicios han confluido una serie de variables que han inclinado el fiel de la balanza a favor de los populares, del mismo modo que en las últimas elecciones generales las variables del 11-M provocaron que la balanza cediera en favor de los socialistas. En esta ocasión, la insostenible situación económica del país, junto con los imparables datos del paro y el cansancio generalizado de una prostituida y mal diseñada política social, han hecho que los ciudadanos hayan dicho basta, e incluso se haya iniciado un movimiento de protesta en buena parte de las plazas de España, que se ha dado en llamar “Spanish Revolution”.
En el caso concreto de Trujillo, a todo lo anterior se suma la gestión rematadamente nefasta del equipo de gobierno socialista, la brutal deuda que han legado y que va a hipotecar la gestión del nuevo equipo y la sublime prepotencia de quienes han gobernado en el desconcierto y el caos. Esta “pesadilla socialista” ha sido eliminada por el “tsunami azul” y se abre una nueva perspectiva que ha sido deseada con vehemencia por una aplastante mayoría.
Aún quedan por conocer muchas cosas, Casero ha anunciado que no va a “barrer debajo de las alfombras”, aunque sería deseable, pero sí que “va a mirar en todos los cajones y a decir a todo el mundo lo que hay dentro de cada uno de ellos”. Es de suponer que los actuales inquilinos del consistorio anden atareados maquillando los desperfectos y aunque ya importan poco, los daños colaterales se presumen importantes.
También es de justicia señalar que la terna de candidatos que han optado al Ayuntamiento trujillano ha sido de una gran calidad. Tres líderes jóvenes, todos trujillanos, con equipos bien preparados que han diseñado unas interesantes propuestas electorales que abarcan buena parte de las necesidades presentes y futuras de Trujillo. Ha sido una campaña limpia y sin crispación, salvo algunas anécdotas, como la protagonizada por Juventudes Socialistas pegando carteles inoportunos. Las acciones promocionales han estado bien diseñadas y programadas, tal vez demasiado centradas en el uso, a veces abuso, de los medios de comunicación en pos de la función de voceros. En definitiva, los comicios municipales de 2011 pasarán al registro de campañas como uno de los más intensos, eficaces y, sobretodo, contundentes de los últimas dos décadas.
Ahora, los ciudadanos han tendido al futuro un puente de plata y esperan ansiosos que la alternancia en el poder se note. Sin embargo, eso no va a ser así. Hay muchas cosas que cambiar y eso requiere tiempo; hay mucho ingenio y ganas de trabajar pero unas arcas esquilmadas y vacías. Aún así, los ciudadanos van a exigir a la clase política que cumpla su programa electoral como un contrato vivo que es, y que han suscrito con el pueblo. El tiempo y la voluntad de los ciudadanos les mantendrá en el cargo o les apeará del mismo, a la vista de los resultados. Y si no, que se lo pregunten al Partido Socialista Obrero Español.
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