ALEA JACTA EST



La suerte esta echada, a pocoas días de que se celebren los comicios municipales y regionales. Sin demasiada fanfarria, ni debates ni “quítamealláesaspajas” los candidatos al Ayuntamiento de Trujillo han ido desplegando su campaña, y tampoco sin demasiadas sorpresas en sus listas. Ellos mismos hablan de renovación y de “caras nuevas”, si bien lo importante no son tanto las caras y sí las intenciones. En cualquier caso, el ciudadano de a pie parece harto y hastiado de política: se habla más de Madrid-Barça en los bares que de las listas de candidatos. Sólo en los circulos próximos a la militancia basal se habla de las elecciones, de sus protagonistas y de sus intenciones. A nadie más parece interesar todo ello.
Los ciudadanos están dando muestras de cansancio de la política y a la vez, de preocupación por sus daños colaterales. A nadie parece interesar quién va a ser el próximo alcalde, pero todos desean que haya un cambio y es palpable la sensación de desidia que ha sembrado el actual equipo que gobierna en Trujillo. Es más incapacidad que dejadez; más ineptitud que torpeza, pero eso no justifica la situación de caos que dejan en la nave municipal. Una deuda próxima a los 7 millones de euros, una carga laboral insostenible sin jerarquía ni rango de puestos de trabajo; la ausencia de servicios y la mala calidad de la mayoría de ellos; la degradación y prostitución de la política de urbanismo, con una herencia de más de 100 viviendas ilegales; la ausencia de una política turística eficaz y moderna basada en una buena gestión y respeto del patrimonio; la absoluta incapacidad para crear empleo y crear yacimientos de empleo joven, y un largo etcétera más de despropósitos. Todo ello ha convertido a Trujillo en una ciudad sin futuro, hundida económicamente e incapaz de competir en cualquier ámbito, inluso en el político, pues la impronta dejada por Blázquez, Fernández, Salor y los otros, es tan deficiente y denigrante que ni siquiera tiene credibilidad en ningún foro.
Así las cosas, los tres partidos políticos abordan las elecciones haciendo sus cábalas sobre los posibles resultados. Algunos, los menos, aventuran una nueva victoria de los socialistas; otros no la creen posible sin un pacto con lU; hay quienes consideran que el pacto será entre PP e IU para poder aupar a los primeros a la alcaldía; otros tantos están convencidos de que la alternancia es urgente y vaticinan una mayoría absoluta del PP, y hay también quienes opinan que IU perderá la representación consistorial.
Falta poco para que se descubra el pastel electoral y los políticos apuran sus últimos cartuchos para convencer a los ciudadanos de las bondades de sus respectivos programas, ese documento que muy pocos después reparan en analizar su grado de cumplimiento y en reconocer como un contrato con la ciudadanía. 
Lo único cierto es que los que ahora están se marchan y que los reportes de su gestión saldrán a la luz en un par de meses.
La clase política no debe olvidar que no hay prescripción para las fechorías cometidas durante el cargo, que en política se está de paso y que la prensa celebra cada día 3 de mayo el Dia Mundial de la Libertad de Prensa, un concepto que no terminan de asumir cuando un periodista o un medio les resulta molesto. Los políticos se marchan y los periodistas seguimos.
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