CULPAS, DISCULPAS Y CULPABLES


Al César lo que es del César. Entrar a gobernar una casa y encontrarse con lo que se encontró el equipo que capitanea Alberto Casero en el ayuntamiento de Trujillo debió ser dantesco. Así, por encima, traigo a colación sólo algunos retazos: una piscina que se cae a pedazos; otra piscina climatizada que no se puede abrir porque no cumple la normativa y es insostenible; un nuevo mercado de abastos en la plaza del Molinillo que no se puede estrenar ni abrir al público porque tampoco cumple la normativa sanitaria, entre otras lindezas.
Sólo en estas infraestructuras inservibles, han despilfarrado cerca de 1,5 millones de euros y no digamos ya la colección de obras inútiles, que además de destrozar el patrimonio han destrozado la belleza de algunos rincones de la ciudad. Basta cruzar la plazuela de Guadalupe como muestra de lo que digo. Y de guinda, han dejado las arcas vacías.


Como si la cosa no fuera con ellos, es una especie de huida hacia delante al estilo “mariquita el último”, los socialistas trujillanos se atreven a pedir la dimisión de Casero por el asunto de la piscina, como si no hubieran sido los culpables de haber dejado una piscina municipal con 35 años, hecha un asco, inservible e irreparable y ni un solo euro en la caja de caudales para hacer otra nueva. Se han hecho los tontos y el colmo es que han llegado a pedir la dimisión del alcalde por el retraso en las obras.
Por la herencia que ellos han dejado, no sólo deberían haber dimitido voluntariamente sino también pagar con la cárcel, tras asumir su responsabilidad civil y criminal, por haber desmantelado Trujillo.
Los socialistas trujillanos parece que se han cambiado la camiseta, que juegan en otro equipo y que pueden disimular silbando hacia otro lado. No han escuchado a su secretario regional, cuando ha venido a inaugurarles la nueva sede.
Los de aquí, no han prestaron atención cuando Fernández Vara reconoció que lo habían hecho mal y que que habían estado más pendientes de gobernar y ostentar el poder que de escuchar y estar al lado de los ciudadanos que les habían puesto allí.
Acero se ha limitado a aconsejar profesionalmente que no se ponga “gresite” en la nueva piscina porque se despega, y ha escupido y ha agachado la cabeza cuando se ha hablado de depurar responsabilidades, incluido el arquitecto y primo del anterior alcalde socialista, y a la sazón responsable de las anteriores obras ejecutadas en la inservible piscina que dejaron en herencia.
Los socialistas trujillanos han hecho que los trujillanos, entre otras penitencias, nos hayamos tenido que echar sobre nuestras rspaldas una deuda cercana los 7 millones de euros, mientras no sean capaces de demostrarnos lo contrario, aunque sea a estos periodistas locales de Trujillo, de quienes el más impresentable e incapaz de todos ellos, Cándido Fernández, ha asegurado en la página oficial del partido saber “ de qué pie cojean”.
Como si los ciudadanos no supieran bien del pie del que ellos, y especialmente el innombrable Cándido Fernańdez, han cojeado y cojean, porque con cambiarse la camiseta no basta, pues no en vano dice el certero refranero español que la zorra cambia de pelo, pero no de costumbres.
Así las cosas, Casero he tenido que chupar este caramelo amargo de la piscina y la tormenta de críticas le ha sobrepasado, y dice sentirse “incomprendido”, a lo que ha ayudado bastante los silencios de los contrarios.
Y aunque, la política sea, en muchos casos, injusta, al César se le debe debe dar lo que es del César y, en este caso, las culpas del asunto de la piscina municipal las mercen otros: precisamente, quienes acusan.

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