EL CHÍVIRI, UNA FIESTA SIN CŔEDITO


Hemos vivido una nueva edición del Chiviri y hemos vivido las mismas sensaciones que antes y cabe hacerse la misma pregunta que años anteriores: ¿realmente el Chíviri tiene interés regional? ¿porqué? ¿qué es lo que tiene de singular esta fiesta para que haya sido declarada de “Interés Turístico Regional”?
No es por la basura que genera, que también, y que cada año consigue superar su propio récord: esta edición ha generado año más de 20 toneladas de basura. A quien, de verdad, habría que reconocer su mérito es a la empresa de limpieza de trujillo que, en poco menos de 24 horas, dejó la Plaza Mayor y aledaños limpios, baldeados, desengrasados y desodorados. Aunque sea vergonzoso reconocerlo, las grandes concentraciones de personas (sin urbanidad e incívicas) genera basura, pero ¿tanta como la que se genera en el Chíviri?
El ChívirI ha dejado de ser una fiesta costumbrista y popular, con muchas singularidades étnicas y tradicionales, para convertirse en un macro botellón y una “romería urbana” que atrae mayoritariamente a jóvenes de todas partes, ansiosos, de un botellón amenizado con verbena en la Plaza Mayor de Trujillo, motivados por el “rave” que organiza en la plaza, a lo que se suma la imparable revolución de sus hormona, y a quienes les importa un bledo “la punta y el tacón” o la vida de un tal Rafael.
Las consecuencias son las lógicas y las mismas que este tipo de botellones genera en las ciudades donde se celebran: vandalismo, suciedad, denuncias a porrillo, peleas y sangre, que algunos “maduritos” con síndrome de “Peter Pan” defienden sin argumento, aludiendo a que es la fiesta por antonomasia de Trujillo. Y se refieren a Trujillo, al mismo que opta a ser declarado Patrimonio de la Humanidad; al mismo Trujillo que califican como “gallina de huevos de oro” porque atrae a mucho turismo y de ello viven miles de familias; al mismo Trujillo que pregonan como ciudad tranquila y con calidad de vida.
¿Se referirán a la misma ciudad en donde se han recogido 20 toneladas de basura el día después? ¿A la ciudad en donde se produjeron decenas de denuncias por agresiones o por mear en la calle? ¿la ciudad en que durante el fin de semana del Chíviri se ha producido una oleada de vandalismo en la que se han roto decenas de lunas de coches, retrovisores, antenas, pinchado ruedas o destrozado mobiliario urbano? ¿Es acaso ésta la ciudad que deseamos mostrar a los turistas que nos visitan? ¿Es éste el Trujillo que queremos vender?
Por suerte, si es que se puede hablar de suerte, ninguno era trujillano, porque la mayoría de los trujillanos saben respetar la ciudad y quieren la fiesta. Queremos pensar que no han sido los trujillanos los que han dejado basura ni restos de botellón de manera indiscriminada, ni los que han roto lunas o destrozado papeleras. La mayoría son foráneos, es decir, que no viven ni votan aquí.
El gobierno municipal ha reconocido que la fiesta del Chíviri estaba dejando de ser una fiesta singular, que su declaración como “Fiesta de Interés Turístico Regional” corría peligro y que se había convertido en una jungla en la que el alcohol y el vandalismo se ha convertido en un verdadero problema. Los ciudadanos demandaban al Ayuntamiento que pusiera freno a este desmán y lo ha puesto. Han comenzado a tomar medidas contundente y, desde luego, no se trataba de entrar como un elefante en una cacharrería, pero se han tomado medidas y cabe la duda de si con un completo operativo de seguridad han ocurrido las cosas que han ocurrido, qué hubiera pasado si éste no hubiera existido.
Desde algunos sectores se ha calificado de “estado policial” el dispositivo organizado para la fiesta del Chíviri, en el que han intervenido maś de 40 agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero, a la vista de los resultados, no ha sido suficiente.
Esta fiesta del Chíviri debe cambiar, debe recuperar las singularidades que la distingue como una fiesta única y que, realmente, tenga interés turístico. A lo mejor habrá que sacar cosas de la Plaza Mayor y llevarlas a otro sitio, donde haya verbenas y botellones y paelleras o barbacoas, y preservar la plaza para cantar y bailar en corros, a pasear con corderitos pascuales, a jugar y a lucir el traje regional. De otro modo, la fiesta perderá el valor intrínseco de su esencia y la tradición del Domingo de Pascuas en Trujillo.
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