EL PANTANO QUE PERDIMOS


El asunto del agua en Trujillo no sólo no es nada baladí sino que, por el contrario, cada día adquiere mayor relevancia. La propuesta política de hacer un debate sobre el agua se hace por momentos imprescindible o al menos, sí una comparecencia de quienes pueden dar respuestas sobre las cuestiones que atañen a los trujillanos, incluidos sus gobernantes, sobre la situación del agua y de las que, hasta hace poco, eran nuestras infraestructuras hidrológicas. Estos días atrás, los medios de comunicación hemos podido comprobar “in situ” el ritmo de la faraónica obra que una empresa pública está llevando a cabo en el que era el pantano de Trujillo, el de Santa Lucía, y que ahora ya no lo es. Entre los muchos desguaces y despropósitos que los anteriores equipos de gobierno municipal perpetraron a la ciudad figura la supuesta “donación” del pantano de Santa Lucía a la Junta de Extremadura, a cambio de unos arreglos y obras en dicha infraestructura, pero que ni consta en el Ayuntamiento documento alguno que lo acredite ni tampoco en la propia Junta de Extremadura. Debió ser un “chance de amiguetes” al estilo de cómo se hacían las cosas hace pocos años atrás.

El pantano de Santa Lucía siempre ha sido el buque insignia de Trujillo y la calidad y cantidad de sus aguas provenientes de los manantiales de las Villuercas, ha sido la envidia de todas las poblaciones de alrededor, incluso de la capital cacereña que en el siglo pasado pretendió beber las aguas de dicho pantano. También durante décadas, el pantano y la complicada red de traída de agua a Trujillo de 47 kilómetros de longitud han sido un “pozo sin fondo” de constantes inversiones en su mejora y en las sucesivas adaptaciones a que el consumo de una ciudad moderna ha ido exigiendo. Y al final de todo, no sabemos ni cómo ni cuando se cedió esta infraestructura hidráulica a la Administración regional ni tampoco en qué nos beneficia a Trujillo y a los trujillanos semejante gesto de altruismo y generosidad. Tan sólo se nos espeta la necesidad de ser solidarios con los pueblos que no tienen agua y lo primero que hacen es quitarnos la titularidad de nuestro pantano, alegando que el ayuntamiento no tiene capacidad para mantenerlo económicamente. ¿Y qué ha estado haciendo el Consistorio durante más de un siglo sino mantenerlo y mejorar su capacidad y la red de conducción? Así las cosas, desde el Plan Hidrológico Nacional (Sancta Sanctorum del agua nacional hecho por políticos y con criterios políticos) deciden repartir el pantano y su caudal a 29 poblaciones en un descabellado proyecto que supondrá cerca de conectar 138 kilómetros de tubería para dar agua a poblaciones tan distantes como Zarza de Montánchez o Valdefuentes, en total unos 50.000 habitantes. En todo ello, van a invertir 53 millones de euros, con lo que dar agua a cada 1.000 habitantes costará un poco maś de 1 millón de euros. Y lo peor de todo, es que un 40 por ciento del coste de esta obra lo tendremos que pagar los usuarios, incluidos los de Trujillo, en nuestros de recibos de agua de los próximos 30 años. Es decir, hemos hecho un negocio como un queso.

En la actualidad, Trujillo sigue pagando los gastos de mantenimientos de los depósitos reguladores y para más “inri” la conducción de agua hasta Trujillo en la que se han invertido cientos de millones de pesetas y euros, ahora se quedará de “reserva” y entraría en funcionamiento en caso de avería en la nueva red. Un principio de economía doméstica infalible dice que ”de donde se saca y no se mete pronto se acaba”. Pues esta es la realidad del pantano de santa Lucía: en primer lugar se han puesto a repartir y ahora resulta que no va haber agua para todos y que, incluso recreciendo el vaso del pantano, los caudales de entrada de agua serán insuficientes para suministrar agua a una población de 50.000 personas. En su día se habló de trasvases de otros pantanos, especialmente de Cancho Fresno de Logrosán, pero nadie ha vuelto a decir palabra del asunto y tampoco se contempla en el Plan Hidrológico Nacional (PHN), con lo que en un ciclo de pertinaz sequía peligraría el suministro de agua a Trujillo y al resto de poblaciones de de aquí se sirven agua. Ni en la Junta de Extremadura saben de qué va esto. El portavoz de la consejería de Fomento vino a Trujillo a comparecer ante los medios de comunicación y no abrió su boca, lo supeditó todo al PHN que, por cierto, elaboraron los socialistas, y hablar de gastos en infraestructuras hidráulicas en lso tiempos que corren es cosa de locos. Así las cosas, alguien debe poner orden y mesura en este caos hidrológico donde nadie controla los consumos de las 29 poblaciones que se han “mancomunado” en torno al Pantano de Santa Lucía, nadie, excepto Trujillo, paga un sólo euro por nada y, lo más importante, nadie prevé el futuro del suministro de agua ni de esta infraestructura que se presenta incierto y poco halagüeño. Estos son los verdaderos motivos que exigen con urgencia un debate del agua o una comparecencia pública donde haya respuestas y se resuelvan estas y otras cuestiones que hasta el momento nadie ha resuelto, mientras los trujillanos nos lamemos las heridas provocadas por las dementes actuaciones de los políticos que nos han gobernado y nos resignamos a quedarnos sin otra cosa más.
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