EL RETO DEL 11-S


El 11 de septiembre es la fecha en la que se cumplen los 100 días del gobierno municipal. Es el período de gracia que se conceden las fuerzas políticas como prolegómeno de una legislatura, y el tiempo estimado para que un gobierno aterrice y tome el timón.
Tras este periodo, en el Ayuntamiento de Trujillo han ocurrido muchas cosas, algunas de ellas trascendentales hasta el punto haber marcado una pauta que traduce las intenciones del flamante gobierno local. Así, el hecho de haber puesto orden y concierto entre los trabajadores municipales sólo puede entenderse como un deseo vehemente de empezar a organizar la casa. Los trabajadores fichan al entrar y al salir, pero no como antes en que el madrugador de turno fichaba por 10 al entrar y a tocas, otro fichaba para salir, no. ahora huellan para evitar que nadie suplante la hora de entrada y salida del otro.
También se han puesto manos a la obra para estructurar el organigrama de los departamentos en pos de una necesaria y urgente Relación de Puestos de Trabajo (RPT). Han pedido al personal que presente su currículum para saber quién hace qué y dónde. Los que se habían autonombrado jefes de negociado (al menos en la nómina) y se habían subrogado poderes y prebendas que no les correspondían, han sido puestos en su sitio y despojados de todo privilegio. La anterior Secretaria del Ayuntamiento ya está fuera y el Arquitecto municipal está en vías de ello. Con la desaparición de ambos, termina una de las lacras más acuciantes del consistorio trujillano y la interminable lista de desaciertos y despropósitos que más caro nos va a costa r a los trujillanos.
A los nuevos gobernantes no les ha temblado el pulso a la hora de poner en su sitio a quienes estaban fuera de su órbita. En la oficina de Turismo se ha puesto orden y concierto e, incluso, el personal está satisfecho porque se ha puesto fin a muchos desmanes. Al parecer, se anuncian más cambios en este departamento.
Otro tanto se ha hecho con las arcas municipales. Los nuevos gobernantes han comprobado que el Ayuntamiento está en la ruina y todos y cada uno de estos cien primeros días han estado en vilo a la espera nuevas deudas. Rubio ha salido en dos ocasiones a explicar la bancarrota del Ayuntamiento y aún se espera que salga más veces a decir más de los mismo: el Ayuntamiento de Trujillo es una ruina que tendremos que pagar todos y que hará su gestión más difícil de lo que ya, de por si, era.
Con todo, los nuevos inquilinos municipales están echando imaginación e ingenio, que son los ingredientes referentes cuando no se tiene dinero, y están tirando del carro, de momento, parece que en la dirección correcta. La austeridad y los recortes de gastos de producen a diario. Los casi 80 teléfonos móviles que utilizaba en el anterior gobierno se han reducido a una veintena; el alcalde no tiene chófer y cobra 1.700 euros; se pide presupuesto para todo y se analiza con lupa; se ha vuelto a comprar en todos los establecimientos de la ciudad, y no sólo en unos pocos, como se hacía antes, en función de no se sabe qué intereses. En definitiva, ha empezado a funcionar la casa aunque sin dinero y los expertos en economía están afilando el lápiz para ajustar la máximo las cuentas y la amortización de la deuda de la manera menos dolosa. Otro asunto urgente, es aprobar unos presupuestos
Por otra parte, al alcalde de le ponen también al frente de la Mancomunidad de Trujillo, que en principio podía parecer una válvula de escape para la manutención de algunos servicios municipales, pero se encuentra con que es otra casa ruinosa en la que los trabajadores no pueden cobrar porque el ente está en quiebra técnica. Y en medio de esta vorágine, el primer edil tiene que seguir gestionando y resolviendo “patatas calientes” heredadas, como el cierre del Colegio de “Las Azules” que, parece que ya está medio solucionado; la organización de las fiestas patronales; las multas de la CHT por los vertidos contaminantes de La Albuera; las constantes comparecencias en los juzgados por litigios también heredados, muchos de ellos relacionados con deudas y mala gestión; las reclamaciones de subsanación de certificaciones de obras inexistentes o mal ejecutadas por las que hay que devolver el dinero recibido, y así hasta completar una interminable lista de cuestiones, a las que se suman la gestión diaria de los asuntos domésticos y la solución a los problemas de los cientos de ciudadanos que ya han desfilado por el despacho de la alcaldía en busca de amparo.
Con este retrato parcial de la casa consistorial, se contabilizan los cien días de gracia del gobierno popular en Trujillo. Tras este periodo de “miel sobre hojuelas” (a pesar de todo) dará comienzo el curso político y con toda seguridad, se endurecerán aún más las condiciones bajo las que tendrán que gobernar los nuevos, aunque tengan mayoría rotunda y a pesar de que nada hace sospechar que no haya comunicación y entendimiento entre las fuerzas políticas.
Nadie rehuye el debate político y eso quiere decir que la democracia municipal goza, de momento, de buena salud, “luego cabalgamos, amigo Sancho”. Pero el otoño se prevé aun mas caliente, al tiempo que se espera que sea pródigo en proyectos e iniciativas capaces de sacar a Trujillo del agujero en que se encuentra.
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