LA HERENCIA DE BLÁZQUEZ Y LOS SUYOS
Quedan 60 días para los comicios del 22 de mayo, que pondrá a un nuevo equipo al frente del Ayuntamiento trujillano. La configuración de su hemiciclo admite muchas posibilidades, si bien la alternancia de personas, tal vez de partidos también, al frente de esta institución sea lo único seguro. De ahí que los «qui moriturus sunt» -políticamente hablando- anden afanados en cerrar el Libro Mayor de la contabilidad de sus últimos cuatro años al frente de esta empresa.
A priori, a falta de profundizar con datos en la mano, el balance es demoledor. Cristina Blázquez y los suyos dejan en el «Debe» una deuda de 7 millones de euros, y por ende, nos deja a los trujillanos con una deuda de 700 euros por habitante. Dicho de otro modo, deja casi el 70 por ciento del presupuesto anual municipal comprometido en deuda viva (la que se debe a los bancos con sus correspondientes intereses); una importante deuda a proveedores y a empresas de servicios y, probablemente, hasta una deuda significativa a la Muface y a la Seguridad Social.
Los vientos de etapa de Redondo al frente de la alcaldía, quien ya desbocó el arqueo de la caja pública a pesar de haber heredado una economía saneada, ha derivado en una gran tempestad desencadenada por la gestión de Blázquez, en la que se ha colocado al Consistorio al borde de la quiebra técnica.
Los socialistas siempre han defendido que un Ayuntamiento debe endeudarse dentro de los límites permitidos, si ello repercute en una mayor y mejor política social que favorezca a sus ciudadanos y a las familias más desfavorecidas. Contrario a todo esto, la gestión de Blázquez y los suyos ha sido nula hasta el punto de haber inaugurado exclusivamente los proyectos que Redondo dejó aprobados o en marcha y nada más. Aún así, la deuda viva se ha incrementado en un 213 por cien en sus dos años como alcaldesa.
Mención aparte merece la nada despreciable deuda que el Ayuntamiento ha contraído con la empresa de las Koplovich, FCC, encargada del servicio de basura de la ciudad y que asciende a más de un millón de euros. Pocos meses atrás, siendo Blázquez la alcaldesa, el Ayuntamiento fue condenado por una reclamación de la empresa en los tribunales y no contentos con ello, se despachan con una deuda millonaria que ha hecho circular los rumores infundados de una no confirmada pero justificada huelga de los trabajadores de  la empresa en fechas claves (Semana Santa o Chíviri) por, en definitiva, son los que están sufriendo los rigores de esta deuda considerable.
Por si esto fuera poco, en el «Debe» también de los últimos años figura un incremento desproporcionado de la plantilla municipal. Una negligente política de personal ha hecho que, en esta etapa, hayan ingresado en el Ayuntamiento 54 trabajadores laborales fijos y con contratos indefinidos más, con contratos en «Fraude de Ley», es decir, que no ostentan la calidad de funcionarios pero han adquirido esa condición laboral por sumar contratos indefinidos unos. En estos momentos, la plantilla municipal es de 250 trabajadores aproximadamente. A todo esto, el nuevo equipo no tendrá más remedio que acometer una urgente Relación de Puestos de Trabajo (RTP), que sorprendentemente los sindicatos han relegado a posteriori, y una necesaria remodelación del organigrama de trabajadores.
Del entorno mas próximo a la alcaldía, Blázquez nos deja un Jefe de Protocolo y coger (¿?), un interventor traído expresamente de Madrid (debe ser que en Extremadura no los haya suficientemente preparados del gusto de la alcaldesa) y que asoma por el Ayuntamiento de vez en cuando; un abogado y asesor legal (tres cuartos de lo mismo que con el caso anterior) con una maleta bien provista de asuntos judiciales y litigios contra el ayuntamiento, muchos de los cuales son producto igualmente de la negligencia o de una gestión mediocre; y una Secretaría, que cobra unos 3.000 euros mensuales y a la que la oposición ha solicitado a la alcaldía que no renueve el contrato, que finaliza este mes de marzo. Consideran que si firma su contrato de nuevo, la alcaldesa dejará una «hipoteca» más al nuevo equipo, a sabiendas de que no son partidarios de su continuidad.
Por último, en el «Debe» de su gestión, consta igualmente la ruptura de acuerdos y diálogo con la oposición, algunos de los cuales habían sido adquiridos tácitamente por su predecesor
Y en el «Haber» de su gestión, figuran la puesta en marcha de los proyectos trabajados por el anterior primer edil, José Antonio Redondo, y los de cuño propio han resultado ser una constelación de errores entre los que figuran, por citar algunos, la `remodelación` de los jardines del Palacio Pizarro Aragón en otra cosa; el colofón de las obras de la Plazuela de Guadalupe, que los ciudadanos ya denominan «el mausoleo»; la lamentable rehabilitación de la Torre del Alfiler; la nula atención al patrimonio;  el derrumbe de una buena parte de la muralla; la dejadez y el consentimiento de las obras ilegales; el crecimiento espectacular de escombreras por los aledaños de la ciudad y un largo etcétera de asuntos tan prolijo como aburrido y doloroso de enumerar, por cuanto la mayoría de ellos son irrecuperables y no tienen marcha atrás.
No vamos a hablar de los compromisos que el nuevo equipo va a heredar legado por algunos de sus concejales, en especial por Cándido Fernández y Javier Salor, responsables de la gestión turística y de las obras, respectivamente. El clientelismo político y los favores recibidos van a hacer que ambos ediles dejen su manifiesta impronta en este fin de legislatura. De momento, Salor ha anunciado que va a liberar a un policía municipal para otros menesteres. La oposición ya se pregunta cuantas decisiones como esta dejarán asimismo hipotecado al futuro equipo de gobierno.
En definitiva, este es el primer balance a priori de la gestión del último equipo al frente del Ayuntamiento de Trujillo, el capitaneado por Blázquez y los suyos, cuyo saldo final no puede ser más negativo y que, presumiblemente, pasará a la posteridad como los años más oscuros de la historia de esta ciudad de las últimas décadas.
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