UN AÑO DE GRACIA



Ya se ha cumplido un año del relevo en el gobierno municipal y de que el equipo capitaneado por Alberto Casero se hiciera cargo de la Casa Consistorial y da la sensación que del “Tsunami azul” apenas queda una “marea de resaca”. En el ambiente local se respira una sensación de atonía política debida, casi con seguridad, a una cada vez más patente ausencia de rumbo político y de proyectos consistentes.
Hace tan sólo un año, los ciudadanos estaban hartos de la bochornosa ineficacia del anterior equipo de gobierno municipal que, a ciencia cierta, pasará a la historia como el más incapaz e ineficaz de las últimas décadas. Casero y los suyos sembraron en su campaña un brote de optimismo y de confianza en el futuro que logró ilusionar a la población y que canjeó por una pírrica victoria electoral, inédita hasta ahora en el ayuntamiento trujillano.
La coyuntura para el cambio era favorable y la sucesión en Ruíz de Mendoza fue rotunda. Casero acaparó para sí todos los mimbres para construir un futuro ilusionante y al paso de tan sólo 365 dias, la desilusión empieza a ondear en el balcón municipal.
Durante un año, se ha hablado de cientos de proyectos pero no se ha materializado ni uno sólo. Nada nuevo se ha hecho en materia de Turismo, Urbanismo o Patrimonio pero sí hemos oído largas parrafadas y envites a cerca de un nuevo Plan Director de Turismo, un Plan General de Urbanismo o un Plan Director de la Muralla o de Protección del Casco Antiguo.
En materia de Hacienda, se han ajustado las cuentas y se ha aclarado la deuda; se ha aprobado un presupuesto y recortado los gastos y el resultado final es que se han subido los impuestos y las tasas, o lo que es lo mismo, los ciudadanos tendrán que pagar los desperfectos y lo que es peor aún: no queda un euro en las arcas municipales ni siquiera para hacer un “brindis al sol”.

En el apartado de Asuntos Sociales, se hacen verdaderos esfuerzos por mantener, a duras penas, lo mismo que venía haciendo el anterior gobierno y con las mismas carencias, o tal vez, mayores: un deficiente Centro de Día; una residencia de Aspyam sin abrir y la amenaza de cierre del centro; la pérdida de plazas de residencia para ancianos por el cierre de una ellas y un suma y sigue que es mejor no enumerar.
La infraestructura municipal sigue, más o menos, igual o peor, que hace un año. Salvo en el control y el recorte presupuestario, nada ha cambiado. Ni las obras son más rápidas y ágiles, ni los jardines están más verdes, ni al Alberca está aseada, ni las callejas están más limpias.
Las obras del antiguo centro de salud continúan al mismo ritmo o más lento si cabe (año y medio de obras de remodelación de la nueva Comisaría de Policía) y mientras tanto, los colectivos ciudadanos siguen sin disponer de espacio para sus actividades en su centro que se deteriora a pasos agigantados.
La piscina climatizada sigue cerrada y sin perspectivas, al igual que el nuevo mercado de abastos, que sigue cerrado y tan sólo los vándalos campan en él sin que nadie se lo impida. La piscina se reparchea haciéndola más pequeña y se demora su apertura nuevamente por falta de previsión. Algunas calles continúan intransitables por el tamaño de sus baches.
El área de Cultura, sin embargo, ha infundido lógica y razonamiento a su política de funcionamiento y los resultados son francamente buenos. No obstante, hay quien considera que es demasiado “circo” en unos momentos en los que falta el “pan”. Pero “al césar lo que es del césar” y la cultura tiene puente de plata.
Al pairo de todo esto, pululan otras cuestiones que no hacen sino reforzar el síntoma de atonía municipal, pues ni se circula ni se aparca mejor en Trujillo y el tráfico sigue siendo un caos; el cierre continuo de comercios y empresas sigue poniendo de manifiesto la ausencia de un Plan de Comercio o Industria que palíe la incesante sangría de este sector; el cierre de los Juzgados de Instrucción (y se comienza hablar que de la Delegación de Hacienda también) planea en el ambiente como una espada de Damocles.
De otro lado, los informes negativos de los organismos evaluadores de la Unesco, que han truncado una vieja aspiración de la ciudad; el lento avance la Bolsa de Empleo, que se presumía vía de escape a la creciente situación de desempleo y que ha resultado ser ineficiente y administrativamente complicada; la Relación de Puestos de Trabajo (RPT), que se pregonó urgente y después de un año nada se sabe de ella; el anuncio de despidos el Ayuntamiento, hecho en diciembre, y seis meses después nada de nada o la pretendida remodelación del equipo de gobierno provocada por la marcha del alcalde al Senado, que sigue intacta.


Nada se sabe del proyecto de un gran centro cultural de referencia parloteado por el alcalde y sin resultados de facto, mientras se ceden otros espacios culturales importantes de la ciudad, como la Iglesia de la Merced, o se sigue sin recuperar el uso de otros edificios, como el Conventual de San Francisco, que fue cedido al CETA-CIEMAT en su casi totalidad, y cuya rentabilidad deja mucho que desear e, incluso, su continuidad está en entredicho.
Tampoco tiene nombre la falta palpable de confianza del gobierno municipal en los profesionales locales y que ha llevado al ayuntamiento a contratar servicios externos para la elaboración de la RPT, la reforma del Tráfico, la comunicación de eventos, la asesoría letrada en materia de Urbanismo, la elaboración de una mal llamada “imagen corporativa” y otros asuntos, que no hacen sino reforzar la imagen de incapacidad de este gobierno municipal para ejecutar lo que dice.
En definitiva, este alcalde parece que “dice pero no hace”. Casero ha dicho en repetidas ocasiones que mover un papel en el Ayuntamiento de Trujillo supone desempolvar una historia de errores administrativos, despropósitos y cuestiones sin resolver, incluso, alguno de ellos rayano en la ilegalidad. Pero pasado un año, de nada sirve echar las culpas a los anteriores gobernantes ni a la situación de caos heredada. El ciudadano no quiere lamentaciones sino soluciones y, hasta el momento, poco o nada se soluciona. 
Casero está aprovechando los réditos de la poca gestión heredada y los intereses de los asuntos mal gestionados, pero no está aportando nada nuevo: ni en lo político ni en lo social. Los ciudadanos no quieren ya que se les diga lo mal que lo hicieron los anteriores gobernantes sino que quieren saber y conocer las soluciones y los proyectos de futuro. Y hasta la fecha, lo único que han visto los ciudadanos de a pie son recortes y subidas de impuestos.
Por todo, no extraño que esta situación de calma chicha y de atonía política se haya instalado en una ciudadanía cada vez más insatisfecha y desilusionada. A todas luces, es un error generar expectativas en la población y luego no hacer nada, o ser un mero gestor administrativo. Para eso, no hacían falta “Tsunamis”. Sin embargo, el slogan de la “campaña institucional”, por llamarlo de alguna manera, impulsada por el ayuntamiento sí parece contener el cada vez más creciente deseo de la ciudadanía: “que empiece la magia”.  
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